Perdemos el gozo del ministerio, cuando nos desenfocamos del propósito, y de las prioridades del ministerio. No hay gozo ministerial más grande, que ministrar la Palabra de Dios a las personas, para la gloria de Cristo. El mismo gozo de Juan: “No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad” (3era. Juan v. 4). A los Filipenses, Pablo escribió: “Hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor” (Filipenses 4.1).

 ¿Oyeron la frase: “Una de cal y otra de arena”? Se usa para indicar que algo incluye aspectos positivos y negativos, de forma alternada. Parece que el viaje misionero de Pablo incluyó “una de cal y otra de arena”. Recordando su paso por Tesalónica, Pablo se alegra por aquellos hermanos que recibieron la Palabra con gozo; pero se duele por aquellos que la rechazaron con dureza. Él siente un gran deleite por la firmeza de los creyentes, pero un gran dolor por la dureza de los incrédulos. El ministerio es una de cal y otra de arena! El ministerio es agridulce. Algunas personas reciben la Palabra; pero muchas, la rechazan. Algunos nos darán las gracias, pero otros nos harán la guerra. ¡Algunos pocos te amarán y otros te odiarán!

 

En el liderazgo bíblico debe reinar el equilibrio entre el amor y la amonestación; la ternura y la firmeza; la gracia y la verdad. Al momento de escribir la carta a los tesalonicenses, los falsos maestros asediaban a Pablo cuestionando su carácter y ministerio. Como tuvo que huir de la ciudad en forma repentina, sus enemigos lo acusaron de ser frío para con la iglesia local. Pablo responde con un simple argumento: “Recuerden la manera en la cual les servimos”. Pablo usa la metáfora de un padre (1era. Tesalonicenses 2.11) y una madre (1era. Tesalonicenses 2.7) para ilustrar el tipo de ministerio bíblico y amoroso que había desarrollado entre ellos.

 

Al momento de escribir la carta, los falsos maestros asediaban a Pablo cuestionando su carácter y ministerio. Si ellos tenían éxito en desacreditar a los mensajeros, el mensaje moriría con rapidez. ¡Pablo no quería que la iglesia local quedara en manos de charlatanes, y que el mensaje del Evangelio se diluyera entre sus manos! Por eso responde a sus acusadores con un argumento claro: la eficacia con la cual sirvieron en Tesalónica.

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