La gente no confía en las instituciones, porque no confía en su liderazgo. ¡Y esto suele trasladarse a la Iglesia! Pero cuando los líderes y los miembros cumplen con sus deberes, Dios es glorificado, y hay paz en la Iglesia. Pablo presenta las directrices que deben regular la relación entre los miembros y los ministros de la Iglesia. Para agradar a Dios y vivir en paz, tanto los miembros como ministros, deben asumir sus responsabilidades. El pasaje de hoy está orientado a los miembros, y persigue el fin de que estos reconozcan y respeten a sus líderes. Pero en forma indirecta, es una exhortación dirigida a los líderes, para que cumplan sus responsabilidades.

  

Sí Cristo no resucitó, vana es la fe que predicamos; somos testigos de Dios mentirosos; aún estamos en nuestros pecados; los santos fallecidos no están en gloria sino en la inexistencia, y somos dignos de lástima. Los hermanos sí creían que Jesús resucitó (1era. Corintios 15:1, 11), pero dudaban que los muertos pudieran resucitar (1era. Corintios 15:12), Pablo argumenta en favor de la resurrección de Cristo para convencerlos que ésta garantiza la de todos ellos. La pasada resurrección corporal de Cristo, garantiza la futura resurrección corporal de los cristianos (1era. Corintios 15:20). Pablo presenta tres evidencias que inducen la idea de que Jesús fue resucitado:

Nos visitó un misionero ruso que ministró bajo la cortina de hierro. Alguien le dijo: “Ustedes son nuestros héroes de la fe ministrando bajo persecución. Pero él dijo: “Ustedes son los héroes, ministrando sin persecución”. La oposición al Evangelio es inevitable. “El que quiera vivir piadosamente en Cristo, padecerá persecución”.

En Filipenses 1:12-26, Pablo reflexiona acerca de las batallas personales que afrontó por causa del progreso del Evangelio. El apóstol tuvo que soportar la cárcel (Filipenses 1:7,13); a los críticos despiadados (Filipenses 1:15-18), y las crisis personales (Filipenses 1:19-26). En Filipenses 1:27-30 le escribe a la iglesia, para animarla a enfrentar la oposición que tiene que enfrentar por el Evangelio.

El profeta Joel predijo una invasión de langostas como juicio por el pecado de Israel, a la cual llamó “El día del Señor”. El “día del Señor” es un período en el cual Dios revela su santidad, ejecutando juicio sobre pecado. La Biblia dice que cuando Cristo regrese por su pueblo, ejecutará su juicio sobre todos los que le rechazaron. Por eso, tal como hemos visto, “El día del Señor”, por un lado, será inesperado y destructivo para los incrédulos (1era. Tesalonicenses 5:1-3); pero por el otro, que será un evento anhelado y gozoso, para todos los creyentes (1era. Tesalonicenses 5:4-5). Sobre esta base, Pablo nos exhorta (1era. Tesalonicenses 5:6-8: debemos prepararnos para su venida), nos da esperanza (1era. Tesalonicenses 5:9-10: no fuimos puestos para ira sino para alcanzar salvación) y nos llama a la mutua edificación (1era. Tesalonicenses 5:11: debemos edificarnos unos a otros).

 

El “día del Señor” es un período de tiempo en el cual Dios revela su santidad ejecutando juicio sobre pecado. La Biblia dice que cuando Cristo regrese por su pueblo, ejecutará su juicio sobre todos los que le rechazaron. Por 2da. Tesalonicenses 2:1-2, sabemos que unos falsos maestros enseñaron en la iglesia que el día del Señor ya había llegado. En 1era. Tesalonicenses 5:1, vemos que existían dudas en cuanto al tiempo de su venida. ¿Cuándo será su venida? En 1era. Tesalonicenses 5:4, la duda radicaba en cuanto a si la iglesia sufriría o no la ira de aquél día. ¿La iglesia sufrirá la ira asociada a este día? “El día del Señor será inesperado y terrible para los incrédulos (1era. Tesalonicenses 5:1-3); pero para los creyentes, es un evento esperado y gozoso (1era. Tesalonicenses 5:4-5) ¡La profecía no fue dada para poner fechas, sino para formar el carácter!

Información de contacto

Alfredo Guido 3468, Carapachay
Argentina.
Tel.: +54 921988655 info@ibmcarapachay.org.ar

Redes Sociales

Contacto

Nombre y Apellido
Teléfono
Email
Ciudad
Consulta