El “día del Señor” es un período de tiempo en el cual Dios revela su santidad ejecutando juicio sobre pecado. La Biblia dice que cuando Cristo regrese por su pueblo, ejecutará su juicio sobre todos los que le rechazaron. Por 2da. Tesalonicenses 2:1-2, sabemos que unos falsos maestros enseñaron en la iglesia que el día del Señor ya había llegado. En 1era. Tesalonicenses 5:1, vemos que existían dudas en cuanto al tiempo de su venida. ¿Cuándo será su venida? En 1era. Tesalonicenses 5:4, la duda radicaba en cuanto a si la iglesia sufriría o no la ira de aquél día. ¿La iglesia sufrirá la ira asociada a este día? “El día del Señor será inesperado y terrible para los incrédulos (1era. Tesalonicenses 5:1-3); pero para los creyentes, es un evento esperado y gozoso (1era. Tesalonicenses 5:4-5) ¡La profecía no fue dada para poner fechas, sino para formar el carácter!

La Iglesia del siglo I se caracterizó por el amor fraternal. Aún el escéptico Luciano de Samosata, a principios del siglo II escribió: “Es increíble ver el fervor con que la gente de esa religión (cristianos) se ayudan unos a otros en sus necesidades; no retienen nada para sí mismos; su primer legislador (Jesucristo) les ha hecho creer que todos ellos son hermanos”. Lamentablemente, los cristianos no siempre conseguimos esta reputación. Aunque sabemos que, según 1era. Corintios 13:1-3, sin amor, mis capacidades, conocimientos y donaciones, no son nada, y no sirven para nada, tenemos la fama de ser personas hipócritas, desunidas, y peor, indiferentes.

La iglesia en Tesalónica, tenía algunas inquietudes respecto de los hermanos que habían muerto en el Señor. Por este texto inferimos que algunas de esas preguntas serían: “Los muertos en Cristo, ¿participarán de la segunda venida a la Tierra? ¿Tendrán cuerpo o sólo alma? ¿Dónde están ellos ahora? ¿Los volveremos a ver algún día? Pablo responde, pero no con el propósito de dar una cátedra de escatología, sino para que nos consolemos unos a otros con esta esperanza. El pasaje no tiene un propósito intelectual, sino pastoral. La profecía no nos fue dada para fomentar la curiosidad, sino para formar a Cristo en nosotros.

 

En este pasaje veremos con claridad que al Dios de la Biblia, sí le importa lo que hacemos con nuestros cuerpos. ¡La cultura en Tesalónica era más depravada aún que la nuestra! Ellos no tenían una tradición cristiana que pudiese refrenar las manifestaciones groseras de inmoralidad, y al parecer, tampoco tenían leyes civiles para reprimirlas. De hecho, en la religión oficial de la ciudad, se practicaba la prostitución ritual y las orgías cúlticas. Por eso, para los tesalonicenses, el pecado sexual era usual y tolerable. No se veía como algo malo o pecaminoso. ¡La fornicación era parte de la religión, la política, la vida familiar, civil y laboral! Sin duda, muchos de los convertidos en Tesalónica tendrían la tendencia a volver a sus prácticas inmorales antiguas!

La frase “Pido en oración” significa “Deseos dirigidos” hacia Dios ¡Para el redimido, un deseo es una oración! A pesar de estar en prisión, Pablo ora por ellos (Filipenses 1:3-4). En los versículos 9-11, expone sus deseos o motivos de oración. Como si estuviéramos presentes en aquella mini reunión de oración carcelaria, casi podemos oír a Pablo y a Timoteo clamar: “Dios, te ruego que mis hermanos crezcan en amor y conocimiento; que vivan para lo más importante y sean íntegros; que lleven mucho fruto y glorifiquen tu nombre”.El crecimiento en el conocimiento de la Palabra y en el amor, nos capacita para vivir para las cosas más importantes; con la meta de ser irreprensibles delante de Jesucristo, y de llevar fruto para la gloria de Dios”.

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