“Religión o Devoción” Lucas 7:36-50, Psr. Sergio Suárez

Religión: Conjunto de creencias religiosas, de normas de comportamiento y de ceremonias de oración o sacrificio. Son propias de un determinado grupo humano en donde el hombre reconoce una relación con la divinidad (un dios o varios dioses).

Devoción: Es la entrega total a una experiencia, por lo general de carácter místico. La palabra proviene del latín Devotiones, la idea de la palabra es voto, consagración, dedicación.

En el Evangelio de Lucas desde el capítulo 7 al 9:50 vemos diferentes aspectos del ministerio de Cristo:

  • 7:1-10 Su ministerio a un centurión romano.
  • 7:11-17 Su ministerio a una viuda que había perdido a su hijo.
  • 7:18-28 Su ministerio de animo a Juan, su profeta.
  • 7:36-50 Su ministerio en el hogar de Simón el fariseo.

En Lucas 7:30, el autor quiere enfocar nuestra atención en los fariseos que se gloriaban en su propia justicia. Por otro lado, en el v.34, enfoca nuestra atención en la gente de mala reputación, los pecadores. En este relato vemos ejemplo de cada uno de ellos, del fariseo y de la mujer arrepentida.

Los Fariseos los podemos definir como guardianes de la religión legalista, externa y ritualista. Ellos proclamaban que Dios amaba y recompensaba a quienes amaban la ley, mientras que odiaba y castigaba a los que no lo hacían.

Lucas 11:37-50 Luego que hubo hablado, le rogó un fariseo que comiese con él; y entrando Jesús en la casa, se sentó a la mesa. El fariseo, cuando lo vio, se extrañó de que no se hubiese lavado antes de comer. Pero el Señor le dijo: Ahora bien, vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de rapacidad y de maldad. Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de adentro? Pero dad limosna de lo que tenéis, y entonces todo os será limpio. Mas ¡ay de vosotros, fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os era necesario hacer, sin dejar aquello. ¡Ay de vosotros, fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben. Respondiendo uno de los intérpretes de la ley, le dijo: Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas a nosotros. Y él dijo: ¡Ay de vosotros también, intérpretes de la ley! porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aun con un dedo las tocáis. ¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas a quienes mataron vuestros padres! De modo que sois testigos y consentidores de los hechos de vuestros padres; porque a la verdad ellos los mataron, y vosotros edificáis sus sepulcros. Por eso la sabiduría de Dios también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles; y de ellos, a unos matarán y a otros perseguirán, para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo.

Lucas 18:11-12 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.

Los fariseos pensaban que Jesús era un blasfemo que se arrogaba el derecho de perdonar pecados (Luc.5:21; 6:7,11). Los Fariseos al haber llegado a la conclusión que Jesús no era El Mesías se dedicaron a acumular evidencia contra Cristo. La invitación de Simón el fariseo era parte de este proceso de reunir pruebas. Ningún Fariseo que se respetara tendría alguna forma de relación con un blasfemo a no ser para hacerlo daño. La palabra “rogó” (v.36) está en tiempo imperfecto y parece indicar que Simón le invito repetidamente a que comiese con Él.

Los banquetes se habían convertido en un ambiente para la instrucción moral y se consideraba virtuoso invitar a un maestro que venía de otro pueblo o acababa de enseñar en la sinagoga. A pesar del hecho de que invitar a alguien a un banquete era normalmente una señal de amistad y honra, Jesús entendió que el fariseo se juntó con él para acumular pruebas en su contra.

El relato o la historia gira entorno de dos personajes principales: el hombre que se creía Justo y la mujer pecadora.

Estos banquetes eran generalmente celebrados en una estancia abierta, donde los pobres, o las personas con curiosidad se acercaban para observar a los ricos gozar de la vida. Si el fariseo era muy pudiente tal vez tenía un siervo como portero para recibir a las visitas en la puerta. En los banquetes donde podía entrar gente no invitada, esta debía permanecer callada, y lejos de los divanes observando las conversaciones del anfitrión y sus huéspedes.

El v.37 empieza con la palabra “entonces”. La Biblia de las Américas la traduce como “y he aquí” puede traducirse también “de pronto”, “ahora bien”. Esta expresión hace hincapié que algo asombroso e impactante estaba a punto de ocurrir.

Por otro lado, se encontraba una mujer, conocida en la ciudad como pecadora. Los pecadores constituían uno de los grupos de marginados sociales en la época de Jesús. Todo el que por alguna razón se desviaba de la ley y las costumbres tradicionales pertenecían a este grupo. A este pertenecían las prostitutas, los recaudadores de impuestos y los que pagan el diezmo a los sacerdotes.

Su misma formación les impedía ser libres del círculo vicioso que les tenía atados a una eterna dependencia del delito. No podían salir de su grupo. Por tanto, eran despreciados, sufrían un estado neurótico continuo de culpabilidad por miedo a muchos y distintos tipos de castigos divinos a los cuales se podían hacer merecedores. Entonces el término “pecadora” era dado a los individuos más despreciados en la sociedad.

Mateo 9:10-13 Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.

Lucas 19:7 Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador.

Hay muchas probabilidades que esta mujer era una prostituta, una adultera profesional, inmoral, impura y que vivía una existencia de flagelante pecaminosidad en el ambiente público. Esta mujer se dirigió a la casa de Simón el Fariseo por un motivo específico, allí esta Jesús.

Ella quería expresar su devoción a Cristo, su gratitud al Señor. La mujer deseaba ungir la cabeza del Señor con perfume y no con cualquier perfume sino con uno costoso y fragante. Que el frasco en que estaba el perfume fuera hecho de alabastro, un tipo costo de mármol de las canteras de Egipto, indica que el contenido era algo muy valioso. Ella no quería ungir la cabeza con aceite común como era la costumbre.

En el v.46 Jesús le aclara a Simón que ungió su cabeza con aceite.

Las personas no la reconocieron de inmediato, muchos comentaristas piensan que la escena ocurrió de noche y estaban a la luz de la vela. Esto no lo sabemos con certeza, pero si el fariseo la hubiera reconocido, de inmediato se habría indignado que ella contaminara la pureza de su casa y le habría ordenado que se fuera.

Lucas indica que estaba detrás de Él a sus pies. Cada Persona frente a la mesa se recostaba con las piernas estiradas hacia atrás, se reclinaba con el brazo izquierdo con el fin de tener libre el derecho para comer.

Entonces la mujer estaba parada, en silencio, comenzó a llorar, comenzó a regar con lágrimas los pies del Señor. En esa cultura lavar los pies de otra persona se consideraba algo degradante, algo que solo hacían los esclavos de más baja categoría.

Regar hace referencia a “empapar, mojar, hacer llover”; las lágrimas bañaban los pies del Señor. Lutero decía que las lágrimas son agua del corazón. Quizás en la posición que estaba se dio cuenta que el anfitrión se olvidó de lavar los pies, ella entonces los enjugaba con sus cabellos.

Algo que sorprendió más que lavarle los pies, es que soltó su cabello. Para una mujer judía hacer eso en público se consideraba indecente e incluso hasta inmoral. Sin embargo, a ella no le importó la vergüenza que podría afrontar.

“Besaba los pies” besar es una palabra fuerte, se puede ver esta palabra en Lucas 15:20 en el hijo pródigo y también en hechos 20:37. La palabra besar era una señal de amor, afecto, respeto. Que la mujer besara los pies de Jesús fue una sorprendente demostración de afecto, de devoción al Señor.

Ella lo honro en medio de aquellos que querían deshonrarlo. En el v.39 el fariseo saca una conclusión falsa. No registra la reacción del Señor como mala, sino como ignorancia. El fariseo se encontraba disgustado por la escena que estaba presenciando y al mismo tiempo se hallaba satisfecho por haber confirmado su creencia que Jesús no era el mesías. Él estaba seguramente contento de acumular pruebas contra Jesús, Él no era el mesías. El guardián de la ley se sentía satisfecho y orgulloso de haber logrado su objetivo.

En el v.40 la NTV traduce “Entonces Jesús respondió a los pensamientos del fariseo”. El hecho que Jesús respondiera los pensamientos de Simón verificaba que era un verdadero profeta (Lucas 5:22).

El Señor clarificó lo que iba a comunicar mediante una analogía o parábola. (vs.41-43) Estos deudores variaban de una forma muy notable. Dice la palabra de Dios, uno debía 500 denarios que equivaldría a un año y medio de sueldo para un trabajador común. El otro deudor 50 denarios que equivaldría a dos meses de sueldo. Lo que une a estas dos personas era que ninguna podía pagar la deuda, ninguno de los dos podría devolver el dinero. A ambos se les perdonó, no se les tomo en cuenta la deuda.

Jesús revela o contrasta el corazón de un fariseo orgulloso, religioso. Frente a un corazón quebrantado, humilde devoto al Señor. Todo lo que hizo el fariseo era defectuoso, había una corteza externa pero no había un amor de corazón. Había formas religiosas de conocer, pero no conocía en absoluto al Salvador.

Jesús le dice al fariseo:

  • No me diste agua para mis pies.
  • No me diste beso
  • No me ungiste mi cabeza con aceite.

Él se comportaba con corrección externa pero su corazón rechazaba a Jesús. Pero la demostración de amor de la mujer era evidencia de una vida trasformada por el Señor.

En el v.47 sigue dirigiéndose a Simón. El tiempo perfecto del verbo traducido en la frase “le son perdonados”, indica que la mujer ya había recibido el perdón antes que llegara ese día, este día fue la oportunidad que tuvo de rendirle devoción al Señor, quien ya le había perdonado. Entonces Jesús le reafirmo a la mujer, “tus pecados te son perdonados” (v.48). Su amor era el efecto de su perdón, no la causa. La consecuencia de su perdón, no la condición. El resultado de su perdón, no la razón. El fruto de su perdón, no la raíz. El perdón fue antes que la santificación (v.29). El corazón que ha experimentado el amor perdonador de Cristo es el corazón que ama a Cristo y se esfuerza por glorificarle. El desborde de amor a Cristo es el resultado de estar consciente de haber sido perdonados.

En el v.50 Jesús le dice “ve en paz”. Que preciosas palabras del Señor… ve en paz, ya no hay condenación le dice a la mujer. Tu deuda fue saldada, el pago es completo.

Romanos 5:1 Justificados pues, por la fe tenemos paz para con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Romanos 5:20 Pero al ley se introdujo para que el pecado abundase, más cuando el pecado abundo sobreabundo la gracia.

Un escritor francés escribió:

Nada que pagar, ¡si nada que pagar!

Jesús toda la deuda ha cancelado ya

La ha borrado con su mano sangrante

Libre y perdonado tu estas

Escucha la voz de Jesús que dice:

De cierto te digo, nada tienes que pagar,

pagada esta la deuda, el deudor esta libre

Ahora te pregunto ¿Me amas tu a mí?

El amor y las buenas obras que ella había expresado son consecuencias de su salvación (Efesios 2:10). El amor del creyente hacia su señor es un testimonio poderoso a un mundo perdido y sin paz.

 

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