“Pérgamo, la Iglesia que cedió a la presión” Apocalipsis 2:12-17, Psr. Mariano Merino

Jesús, resucitado, seleccionó siete iglesias de Asia Menor y les entregó una breve carta a cada una de ellas. Las eligió teniendo en cuenta tanto sus fortalezas como sus debilidades, para que sirvieran como modelos de instrucción o de advertencia a las Iglesias de todos los tiempos, en todo el mundo. ¡Nos parecemos a ellas! La tercera de estas cartas se dirige a la Iglesia en Pérgamo. Pérgamo fue un centro religioso importante para cuatro cultos paganos y la adoración al Emperador. Se cree que Antipas (v.13) fue martirizado por no querer rendir adoración al César. Al parecer, la iglesia, con el fin de no sufrir el mismo destino que Antipas, decidió ceder y transigir, tolerando la falsa doctrina y la inmoralidad en su seno. Esta congregación, como  muchas hoy, para evitar conflictos y persecución, estaba cediendo ante el mundo y corría el riesgo de mezclarse con él. Jesús la llama al arrepentimiento, a confrontar y restaurar al pecado, y gozarse en la comunión con Él.

I. EL AUTOR: EL SEÑOR ANUNCIA JUICIO. (v. 12)

Y escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: El que tiene la espada aguda de dos filos dice esto”. El Señor le ordena a Juan escribir una tercera carta; en esta ocasión, dirigida a la iglesia en Pérgamo. Creemos que esta iglesia fue fundada a través del ministerio de Pablo en Éfeso durante su tercer viaje misionero (Hechos 19:10). El término traducido “Ángel” (Mensajero) es una referencia al liderazgo de la Iglesia porque los seres angelicales no tienen que arrepentirse (v.16) ¡Todo cambio espiritual profundo y eficaz comienza en el liderazgo!

Jesús se presenta a las iglesias tomando diferentes imágenes del cuadro total de la visión registrada en el capítulo 1 del libro. En el caso de Pérgamo, para confrontarla, Cristo se presenta como: “El que tiene la espada aguda de dos filos” (ver cap. 1:16). El arma no es defensiva, sino ofensiva; no se trata de una espada corta de defensa, sino larga, de combate. Esta descripción muestra al Señor como juez y ejecutor de su ira. Ejemplo: describe la apariencia de Cristo en su regreso a la tierra, en Apocalipsis 19:15: “De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso”. ¡Ésta no es una  presentación positiva, sino amenazante! ¡Se divisa un gran problema en la iglesia de Pérgamo! Aquí el Señor se presenta dispuesto a luchar contra algo impropio que hay en el interior de su amada Iglesia. ¿Por qué? En 1 Pedro 4:17 se nos responde: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios”.

II. LA APROBACIÓN: SIGUES SIENDO FIEL A MI NOMBRE. (v. 13)

Yo conozco tus obras, y dónde moras”, indica el Señor. Él conoce a la perfección el contexto cultural que rodea a su Pueblo. En el caso de Pérgamo, vivían en un contexto hostil y cruel para los creyentes. Pérgamo era un centro de adoración a cuatro deidades griegas: se adoraba a Asclepio, el dios de la medicina y la sanidad; a Zeus, el dios de dioses; a Atenea, diosa de la guerra, protectora de la gran Atenas; y a Dionisio, hijo de Zeus, el dios del vino, el éxtasis y los excesos. ¡Imaginen la inmoralidad asociada a estos cultos! Además, Pérgamo era el centro administrativo del culto al Emperador. En el año 29 a.C., edificaron el primer templo dedicado a la adoración del emperador Augusto. Luego, se edificaron dos templos más en honor a Trajano y a Severo. Tal vez, la frase “donde mora Satanás” sea una referencia al culto al Emperador, porque fue por su negativa a adorar al César, más que a los dioses, que los cristianos fueron perseguidos. Los cristianos que se negaban a reconocer al César como señor y dios, se enfrentaban con la confiscación de bienes, exilio, o incluso la muerte. ¡Vivir en el mismo lugar donde Satanás estableció su trono implicaba oposición diabólica contra la Iglesia! ¿Imaginan el costo de ser creyente en Pérgamo? La palabra “Soter”, aplicada a Zeus y Asclepio, significa “salvador”, pero los cristianos confesaban sólo a Cristo como su Salvador. Los cristianos jamás pronunciarían el lema: “César es señor”, porque este título de deidad y autoridad se lo reservaban sólo para Jesucristo. Los creyentes tampoco acudirían al templo de Asclepio buscando sanidad, sino que orarían a Dios por ella. El conflicto sería inevitable. Entendemos que, para los cristianos, la vida en Pérgamo era casi insostenible.

¡Pero a pesar de su entorno opositor al Señor, los santos fieles en Pérgamo, no negaron su fe en Jesucristo! “Retienes mi nombre”. En el entorno semítico, el concepto “nombre” es equivalente al de “Persona”. Esta iglesia, contracorriente, se aferraba a la persona de Cristo, cantaban a su nombre, oraban y bautizaban en su nombre, hacían las cosas por amor de su nombre y predicaban: “el que invocare el nombre del Señor será salvo”. La frase traducida allí “No has negado mi fe” está en tiempo Aoristo, indicando una acción concluida. De manera que el Señor testifica que, en aquellos días, frente al desafío de retractarse de su fe, ellos se mantuvieron firmes en ella. ¡Se mantuvieron firmes en la fe, porque se aferraron a quien es el Autor y Consumador de la fe!

En “El libro de los mártires”, John Foxe nos cuenta que en tiempos de Domiciano se dictó una ley que decía: “Que ningún cristiano, una vez traído ante un tribunal, quede excepto del castigo sin que renuncie a su religión”. Los creyentes perseveraron fieles “Aún en los días en que Antipas mi testigo fiel fue muerto entre vosotros”. Es probable que Antipas fuera uno de los predicadores de la Iglesia en Pérgamo. Según la tradición, este santo murió calcinado dentro de un horno de bronce con forma de toro, por negarse a adorar al Emperador. Antipas pagó su fidelidad al Señor con su vida; un ejemplo para quienes estaban siendo tentados a ceder. A este mártir, el Señor califica como “Mi testigo fiel”. El pronombre personal enfatiza una relación entre el testigo y su Señor. Siendo del Señor, Antipas no se había perdido con la muerte, sino que había sido recogido en la presencia de Dios. ¡Para aquél que había hecho de Cristo su vida y su tesoro, morir era su ganancia! (Filipenses 1:21).

Los creyentes fieles en Pérgamo ilustran las palabras de Cristo en Mateo 16:18: “sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. La oposición puede desanimar, abatir y dañar a la Iglesia. ¡Pero no hay oposición satánica que pueda destruir la fe salvadora en la Persona y en la Palabra de Cristo!

III. LA AMONESTACIÓN: ESTAS TOLERANDO EL PECADO. (Vv. 14-15)

Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam”. La expresión “tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam” describe el reproche de Cristo. Aunque muchos hermanos fueron fieles a la verdad, otros estaban tolerando a los “lobos” que promovían la mentira. Las palabras traducidas “Tienes ahí”, pueden significar que estas personas que, traían mentiras a la Iglesia, habían ingresado a la membrecía. O quizás, como suelen hacer, se infiltraron encubiertamente en las reuniones caseras de la Asamblea. ¡Lo cierto es que la iglesia permitió a las células cancerígenas crecer y multiplicarse en el cuerpo de Cristo!

La doctrina de Balaam (Números 22-25). “Que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación”.  Para entender este error debemos recurrir al Antiguo Testamento. Balac, rey de Moab, temeroso del ejército de Israel por sus victorias militares, sobornó al profeta Balaam para que maldijera al pueblo de Dios. Como Jehová no le permitió hacerlo, Balaam propuso a Balac una estrategia falaz: “Yo no puedo maldecirlos, pero tú puedes corromperlos. Usa a las mujeres moabitas y a sus cultos paganos como señuelos para incitarlos a caer en pecado sexual e idolatría. Si ellos pecan, Dios los destruirá”. Y así sucedió, el pueblo cometió fornicación con las moabitas, participó de los cultos a sus deidades, comió la carne que ellas ofrecían en sacrificio a sus dioses y adoraron sus imágenes idolatras (Números 25:1-4, 9). Dios intervino y castigó a Israel eliminando a veinticuatro mil hombres (Números 25:9) y a muchos de sus líderes (Números 25:4-5). ¡¡Esta severa, pero bondadosa acción de Dios, evitó que todo Israel fuese eliminado por causa de su pecado!!

No fue un multitudinario ejército, sino unas pocas mujeres sensuales las que derrotaron al pueblo de Dios. La iglesia jamás será destruida por la persecución o por las pruebas, sino por el pecado sexual que tolere.

La doctrina de los nicolaítas. “Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco”. El adverbio traducido “También”, vincula a los nicolaítas con la falsa enseñanza de Balaam. En vista de que coexistían en la misma iglesia, es probable que “balaamitas” y “nicolaítas” enseñaran herejías similares. Según Tenney, “era un abuso de la gracia y la libertad cristiana, que hacía concesiones con la impureza”. Parece que ambos grupos fomentaban la inmoralidad y la idolatría al ofrecer la carne dada a los ídolos.

¿Cómo pudo suceder esto en la iglesia? “Los habitantes de Pérgamo se organizaban en sindicatos laborales. Cada sindicato tenía su deidad patrona; a cada deidad se le ofrecía una fiesta anual en gratitud. Estas fiestas terminaban siempre en actos de inmoralidad e idolatría flagrantes. Si los santos se negaban a aceptar una invitación para asistir a alguna de estas fiestas, no sólo eran marginados, sino que también perdían sus puestos de trabajo, sus negocios y sus clientes”. Quizás los lobos vestidos de ovejas enseñaban que, para poder sustentar a sus familias, los cristianos podían, y también debían, asistir a estas fiestas, comer la carne sacrificada a las deidades patronales y participar de los actos de inmoralidad que las acompañaban. Lo cierto es que esta enseñanza contradecía lo que la Palabra de Dios dice respecto a la pureza sexual. En Hebreos 13:4 leemos: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios”. En cuanto al tema de las relaciones, delante de Dios hay sólo tres posiciones: (1) Eres casado y gozas de la bendición de Dios. (2) Eres soltero y fornicas. (3) Eres casado y adulteras. En las últimas dos opciones, la persona atrae sobre sí misma el juicio y la ira de Dios. ¿Dónde estás tú?

No creo que hoy haya gente que vaya a un templo a adorar una deidad y comer la comida que se le ofrezca, pero sí creo que en las filas de la iglesia hay falsos hermanos o hermanos dormidos que son de mala influencia para los demás en cuanto a la pureza sexual. Sí creo que hay personas que quieren vivir en adulterio, en concubinato, tener una relación de noviazgo impura, seducir a las hermanas y llevarlas a fornicar, ver pornografía, etc. En vez de confrontar y expulsar a los engañadores, la iglesia compartía sus reuniones con ellos. Como en muchas iglesias de la actualidad, dejaron de confrontar el pecado y de practicar la disciplina bíblica.

Un principio eterno: ¡Si el pecado, la fornicación en particular, no se eliminan, se esparcen! En 1 Corintios 5:6, Pablo compara la inmoralidad que se tolera en la iglesia con la levadura que leuda la masa: “un poco de levadura leuda toda la masa”. La inmoralidad que no se disciplina ni se elimina, se esparce en la Iglesia. C. Simeon, cuando le preguntaron acerca del propósito que visualizaba al predicar, contestó así: “Humillar al pecador, exaltar a Dios y promover la santidad en la Iglesia”. Hoy  las iglesias parecen tener esta meta: hacer que el pecador se sienta cómodo, minimizar la santidad de Dios y promover el mundo en la iglesia.

IV. LA ADVERTENCIA: TE ARREPIENTES O SERÁS DISCIPLINADO. (v. 16)

Por tanto, arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca”.

¿La solución? “...Arrepiéntete...”. El tiempo Aoristo y el modo Imperativo demandan una acción urgente. Debían arrepentirse porque tolerar, aún sin participar de la falsedad y la inmoralidad, es un gran pecado. Pecado no es sólo robar, murmurar o mentir, sino también tolerar sin confrontar la inmoralidad. Como dijo Martín Lutero: “Usted es responsable no sólo de las cosas que dice, sino también de aquellas que no dice”. Arrepentimiento es volverse del pecado al Padre, es girar en “U”, es dejar el camino del pecado y retomar el camino de Dios. Asumimos que el arrepentimiento no es invisible porque siempre se traduce en obras (frutos). ¿Cuál sería su fruto en la Iglesia en Pérgamo? Que los líderes de la congregación amonestaran y, de ser necesario, expulsaran a los falsos maestros. Dios nos ha dado claras instrucciones sobre esto en su Palabra. En Tito 3:10 dice: “Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo”. Los líderes no pueden ignorar la situación; deben amonestar dos veces al divisor y, si no cambia, desecharlo.

Por otro lado, el fruto del arrepentimiento no solo se vería en los maestros de la Iglesia, sino también en sus miembros. Los miembros de la Iglesia debemos rechazar la falsedad y el pecado y, además, reprenderlo. En Efesios 5:11 leemos: “Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas”. La Iglesia no debe hacer “sentir cómodos” ni a los falsos maestros, ni a los miembros que practiquen el pecado. En realidad, debe confrontarlos para que puedan arrepentirse y vivir para el Señor. En Levítico 19:17-18 dice: “No alimentes odios secretos contra tu hermano, sino reprende con franqueza a tu prójimo para que no sufras las consecuencias de su pecado. (…) Ama a tú prójimo como a ti mismo” ¿No es interesante notar que el llamado de Dios en el Antiguo Testamento a amar al prójimo esté vinculado al mandamiento de reprenderlo con franqueza? ¡El que ama, amonesta! “Fieles son las heridas del que ama” (Proverbios 27:6a). Ejemplo: si ves un bebé caminando hacia el enchufe y no haces nada pensando “No soy su Padre”, ¡eres una mala persona! Si ves que un hermano cede, peca, es de mala influencia para otros y no haces nada, pensando “No soy su líder”, ¡eres un mal hermano! En nuestras relaciones hemos sustituido el “ser amorosos y veraces, por ser agradables y temerosos”. “No confronto por amor”, ¡no! ¡No confrontamos porque nos amamos más a nosotros que a Dios y a nuestro prójimo!

Escucha: Si Dios te muestra un hermano que está cediendo a la tentación y está en peligro, ¡avísale a tus líderes! No te calles, no mires para otro lado hoy porque quizás mañana sea tarde. Debes avisar a tus líderes y estar dispuesto a dar tu nombre. Ejemplo: en 1 Corintios 1:11, antes de exhortar a la iglesia por sus divisiones, Pablo les cuenta de dónde ha sacado esa información: “he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas”. ¡Hermanos preciosos como los de la familia Cloé aman más a Dios y al hermano que a sí mismos, al punto de arriesgarse a ser rechazados con tal de que sean resueltos y restaurados los problemas del pecado en su iglesia. Noten que los de Cloé hablaron con el apóstol Pablo. De la misma manera, no hables sólo con tus amigos, sino con las personas que Dios puede usar para confrontar y corregir las conductas pecaminosas.

El Señor hace una gran advertencia: Pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca”. El Señor está anunciando una visitación para juicio sobre la iglesia. ¿De qué nos asombramos? Cristo ya había intervenido judicialmente contra aquellos que alteraban el orden, la santidad y afectaban el testimonio de la iglesia en Corinto. Algunos de ellos habían quedado postrados en cama, otros debilitados de tal forma que no podían asistir a las reuniones y, algunos, habían muerto. En 1 Corintios 11:30 leemos: “Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen”. ¿No hay manera de evitar este juicio severo? Mira la advertencia de Pablo a los Corintios: “Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo” (1 Corintios 11:31-32). Si usáramos la Palabra para examinarnos y confrontar nuestro pecado y el de otros, no seríamos juzgados; pero cuando no lo hacemos, Cristo nos juzga y castiga, aunque no nos condena.

V. EL ALIENTO: NUESTRA SEGURIDAD Y SATISFACCION EN CRISTO. (v. 17)

Al que venciere”. “¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Juan 5:5). El cristiano es vencedor por la fe. La fe lo vincula con Aquél que ha vencido a la muerte, al pecado y a Satanás.

¿Cuál es la promesa?

A) Satisfacción en Cristo.Al que venciere, daré a comer del maná escondido”. El maná era el alimento que Dios proveyó en medio del desierto para satisfacer el hambre de su pueblo. Una porción del maná fue puesto en una urna e introducido en el lugar santísimo del tabernáculo (Éxodo 16:33). El lugar santísimo era inaccesible para los hombres, a excepción del Sumo Sacerdote que ingresaba en él una vez al año, en el día de la expiación (Hebreos 9:7). Según Juan 6:51, Cristo es “el pan vivo que descendió del cielo”. Por tanto, esta promesa sugiere que los creyentes pueden vivir, espiritualmente hablando, saciados y satisfechos mediante una íntima comunión con Jesucristo, el verdadero pan espiritual que el mundo no puede conocer.

B) Aceptación en Cristo. “Y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe”. La palabra traducida “piedrecita” (PSEFOS) describe una “piedra lisa, pulida”. Ésta era una tablita de piedra blanca que servía como tarjeta personal para poder ingresar como invitado a un banquete; se partía en dos, en una de sus mitades se grababa el nombre del anfitrión y, en la otra, el del invitado. Al llegar al lugar del banquete, el invitado presentaba su mitad y el anfitrión la juntaba con la otra mitad; así, la bienvenida quedaba asegurada. El “Nombre nuevo” es un mensaje personal de Cristo para los que ama. Es la “contraseña de acceso a una oficina”. Ese código lo conoce tu jefe y vos. Éste es un cuadro precioso del acceso a la intimidad que tendremos en la mesa con Cristo. Los cristianos en Pérgamo no eran muy bienvenidos a aquellas fiestas paganas, pero Jesús les dice: ¡Te voy a dar tu clave de acceso! ¡Amados de Dios, vengan todos a mi mesa a disfrutar del maná escondido de Cristo por toda la eternidad! Si a causa de ser amorosos y confrontar, somos rechazados, nuestra identidad en Cristo estará intacta.

¡Qué cuadro precioso! ¡La solución a la mundanalidad en la congregación, es la satisfacción con el maestro! Cuando la Iglesia deja de deleitarse en Cristo, da el primer paso hacia la tolerancia y la práctica del pecado. Por el contrario, cuando sus miembros están satisfechos y seguros en Cristo, identifican y rechazan los manjares y deleites que la inmoralidad y la falsa doctrina les puedan ofrecer, porque Cristo será su tesoro. “Donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21). El tesoro que elijamos será el que controle nuestra vida. Una de las cosas más tristes que puede pasarle a un creyente, es que invierta su vida en un tesoro equivocado.

VI. LA APLICACION FINAL (v. 17) ¿DE QUÉ DEBES ARREPENTIRTE?

¡¡Cristo nos llama al arrepentimiento, a confrontar y restaurar el pecado y a compartir de nuevo la vida con Él!! Estar tan llenos de Cristo que tengamos deseos y poder para restaurar a nuestros hermanos. Examina tu corazón: ¿De qué tengo que arrepentirme? ¿Soy de los que no confrontan el pecado? ¿De los que causan tropiezo a otros y precisan ser confrontados? ¿Es Cristo mi tesoro? ¿Por qué no confronto?

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