“Sardis, la Iglesia agonizante” Apocalipsis 3:1-6, Psr. Mariano Merino

Con unos cuarenta años de existencia, parece que el mejor momento de esta iglesia estuvo en el pasado. La Iglesia en Sardis tenía la reputación de estar viva y saludable, pero en realidad estaba muriendo de a poco. Parece que muchos de sus miembros eran convencidos, no convertidos, y que otros estaban muy dormidos. La buena noticia es que también había un pequeño remanente fiel al Señor. Jesús manda a los muchos infieles a velar y arrepentirse, y a los pocos fieles a afirmar aquello bueno que quedaba en la iglesia.

I. EL AUTOR. (v. 1)

Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto”. El Señor manda a Juan a escribir una carta a la iglesia en Sardis, dirigida a su Ángel o mensajero humano. Se presenta como: El que tiene los siete espíritus de DiosEsta es una referencia a la Persona del Espíritu Santo. Esta descripción se toma de la salutación Trinitaria de Apocalipsis 1:4: “Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir [Dios Padre], y de los siete espíritus que están delante de su trono [Dios Espíritu Santo]; y de Jesucristo el testigo fiel [Dios Hijo](otras aclaraciones). ¡Hay un solo Espíritu Santo, pero el número 7 lo describe en toda su plenitud! La presentación está relacionada con el uso del poder que Cristo puede hacer por medio del Espíritu Santo en su iglesia. Cristo prometió a los suyos enviarles el Espíritu Santo luego de su resurrección y entrada a los cielos (Juan 15:26). El Señor forma su iglesia a través del bautismo del Espíritu Santo, quien introduce al creyente en el cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:13). El Espíritu Santo es el agente vivificante de la iglesia, ya que opera el nuevo nacimiento en la persona (Juan 3:3-5).

y las siete estrellas, dice estoEn Apocalipsis 1:20 se explica que las siete estrellas son los siete mensajeros de las siete iglesias. ¡Siete espíritus para siete mensajeros! Su Espíritu Santo basta para capacitar a todos sus siervos. Si la iglesia muere o duerme no es porque Dios la ha dejado sin recursos, sino porque sus líderes no son espirituales. Si la iglesia desea volver a tener vida, sus líderes deben rendir su voluntad al poder del Espíritu Santo. La mayor necesidad que tiene una iglesia que está muriendo es que se levanten siervos llenos del Espíritu Santo. Ejemplo: cuando la Iglesia en Jerusalén creció, se precisaron más siervos para servir las mesas de las viudas. La congregación buscó siete hombres llenos del Espíritu Santo para servir comida y distribuir bolsas con alimentos. ¡A la iglesia la guía el Espíritu de Dios o el Ego del hombre! Si los llíderes son llenos del Espíritu Santo, Cristo guía a su iglesia a través de su Espíritu; pero si están llenos de orgullo, vanagloria y codicia, el Ego humano dirige la iglesia. ¿Evidencias? El Espíritu Santo nos guía con la Palabra; en Juan 16:13, Jesús dijo de él: “Él os guiará a toda la verdad”. El Espíritu Santo busca la gloria de Cristo; en Juan 16:14, Jesús dijo acerca de él: “Él me glorificará”. Por tanto, una iglesia guiada por el Espíritu Santo, tendrá la Palabra como autoridad final y la gloria de Dios y de Jesucristo como centro.

II. LA AMONESTACIÓN. (v. 1b)

Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives (Para los hombres), y estás muerto (Para el Señor) (otras aclaraciones). Él tiene un conocimiento total de todas las cosas: sus ojos pueden penetrar la carne de las apariencias para discernir lo que hay en el corazón. Él sabe quiénes en la membrecía son salvos y quiénes no; quiénes están dormidos y quiénes no; quiénes asisten, pero viven de las apariencias, y quiénes son sinceros con su Señor. “Vives” de imagen, no de integridad. El hombre sólo puede ver las obras de la iglesia, pero el sabio Señor discierne las intenciones que las motivan.

La frase implica al menos dos cosas:

A) La iglesia estaba llena de convencidos, no convertidos. La iglesia en Sardis era como un museo de cera. Allí todo parece ser real, pero en realidad no hay vida. Sardis tenía música, mensajes, membresía, ministerios y reuniones, pero no tenía vida. Uno de los grandes problemas de muchas iglesias en la actualidad es que están pobladas de membresía no regenerada:

(1) Lo declaramos “salvo” porque oró o levantó la mano. (2) Lo bautizamos. (3) Lo hacemos miembro. (4) Le damos un ministerio. (5) Se une en matrimonio o yugo desigual. (6) Se hace ministro o maestro.

B) La iglesia estaba llena de dormidos. ¡Vivían como muertos! En Romanos 4:19 leemos que Abraham “no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años)”. Noten que es la “muerte” la figura de lenguaje usada por Pablo para describir la esterilidad de Abraham. El cuerpo de Cristo en Sardis estaba como el cuerpo de Abraham: ¡Estéril!, ¡incapacitado para llevar fruto! ¡Era una iglesia infructuosa, sin poder, sin pureza, sin salvación, sin santificación, sin transformación de vidas por la poderosa palabra de Dios! Sus cultos no eran una fiesta espiritual, sino un funeral estructurado.

No sabemos qué pasó en Sardis, pero sí en occidente. ¿Por qué hay tantas iglesias muertas? Porque la Palabra de Dios dejó de ser creída, predicada y obedecida. La misma Palabra que da vida a los que están muertos en pecado para salvarlos y que santifica a los cristianos para formar a Cristo en ellos, dejó de ser predicada. El punto es que si dejamos de predicar la palabra hoy, la iglesia se llenará de muertos y dormidos mañana.

III. EL ACONSEJAMIENTO. (v. 2-3)

Cristo coloca ante ellos el camino de la restauración espiritual al darles cinco pasos a seguir:

1. “Sé vigilante” (hazte vigilante). El modo del verbo es Imperativo, implicando una orden y no un ruego. El tiempo verbal implica que la iglesia debe estar siempre vigilante ante los peligros espirituales que la acechan. Esta carta, impulsada por el Espíritu Santo, es como una alarma que suena a fin de despertar a las Iglesias muertas. Al oír estas palabras, los santos de la iglesia en Sardis habrán recordado de inmediato la historia de la ciudad. Un ejemplo: Sardis estaba asentada sobre una colina de unos 500 metros de altura. Tres lados de la colina eran precipicios de roca lisa y el único camino de acceso que estaba por el lado sur era un estrecho empinado difícil de subir. Su ubicación hizo que los habitantes de Sardis se volvieran confiados al ver que la ciudad era inexpugnable. Sin embargo, en el año 549 a.C., Ciro la conquistó. ¿Cómo lo hizo? Escalando la colina de noche mientras los soldados en Sardis, auto-confiados y embriagados, dormían. ¡Sardis cayó porque sus soldados no fueron vigilantes!

En una situación similar estaba aquella iglesia. El enemigo había conseguido descubrir el lugar por donde acceder a ella y derrotarla. La mayoría de las iglesias comienzan un proceso descendente cuando sus miembros se tornan superficiales, ritualistas, costumbristas y viven de las apariencias más que de la comunión con Dios.

2. “Y afirma las otras cosas que están para morir” La Iglesia en Sardis debía afirmar aquellas cosas buenas que le quedaban, las que aún no habían sido arrebatadas por el enemigo a causa de la ausencia de vigilancia. El Señor llama a la iglesia a despertar y velar para luego guiarla a un cambio producido por el Espíritu Santo. Si usted es padre/madre, ¿ha tenido que despertar a sus hijos más de una vez? ¡Vuelven a dormir! Los cristianos somos despertados por el Espíritu Santo en un sermón el domingo sólo para volver a dormirnos el lunes. La iglesia debía despertarse para avivar las brasas de amor, fe y esperanza que estaban por extinguirse.

¿Cuál es la razón que justifica la amonestación? porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios”. Lo que el Señor reprocha a la iglesia en Sardis no es la cantidad, sino la calidad de las obras que hacían. La palabra que se traduce como perfectas (PLEROO) significa “completas”; es lo opuesto a hacer las cosas a medias. Cuando oramos para aparentar, alabamos por costumbre, damos a regañadientes, servimos con fastidio, lideramos sin amor, evangelizamos sin compasión y usamos los dones sin amor, hacemos las cosas a medías. Y las cosas buenas, pero hechas por la mitad, podrán ser elogiadas por los hombres, pero no por el Señor. Sus obras eran suficientes para dar a la iglesia una buena reputación ante los hombres, pero eran inaceptables a los ojos de Cristo. ¿Cuántos ministerios y ministros, que los hombres alaban, serán aprobados por Dios?

3. “Acuérdate pues de lo que has recibido y oído” (v. 3) La iglesia en Sardis no tenía problemas de ignorancia, sino de memoria. El Señor les ordena “recordar” o traer a la mente las cosas buenas que estaban olvidando. Parece que, en algún momento del pasado, la iglesia había sido instruida en las verdades de las escrituras. El texto, en forma literal, dice: Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído. Debían recordar el contenido enseñado y la forma en que recibieron las instrucciones. Ellos “recibieron”, o apreciaron, la palabra en sus corazones, y la “oyeron” con atención para ponerla en práctica. ¡Se les manda a recordar no sólo el contenido del mensaje, sino también el compromiso con el mensaje! El evangelio trajo promesas preciosas y también exigencias costosas. Cristo les trae a la memoria aquella etapa en la que hallaron su tesoro más grande en Dios y estaban dispuestos a darlo todo por él; porque no se trata de llevar a cabo obras que sean religiosas, sino aquellas que son el fruto de la comunión con el Cristo que obra en el creyente produciendo “el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13). ¡Cristo nos dio un nuevo corazón que encuentra reposo cuando vive en comunión con él!

4. “Y guárdalo” Este cuarto paso es un fuerte llamado a la obediencia. El tiempo verbal sugiere continuidad. El propósito de llevarles a recordar el amor que mostraron por la Palabra en el pasado, es que vuelvan a obedecerla en el presente. El concepto de “guardar” está relacionado con atesorar algo en el corazón. Cuando algo se asienta en el mundo interior del corazón, pronto se exterioriza en la conducta. La palabra de la cruz guardada en el corazón, pronto dará fruto de santificación en el mundo exterior. La iglesia estaba contenta en ser conocida por los hombres a causa de sus obras externas, pero había olvidado atesorar la palabra en la intimidad del corazón. ¡Ahora, la iglesia en Sardis había dejado de servir al Señor para servirse a sí misma!

La ortodoxia sin obediencia es vanidad; sin obediencia a la Verdad, nunca habrá avivamiento. “Si la revelación no nos lleva a la adoración a Dios, a la evangelización de los perdidos y a la edificación de los hermanos, es por que hay un problema de corazón” ¡Cristo no es un credo! ¡No a los discípulos de aulas!

5. “Y arrepiéntete” Este es un llamado a una acción completa. ¡Termina de arrepentirte de una vez! Arrepentirse es volverse del pecado a Dios, girar en “U”, dejar la vía del pecado y retomar la de Dios. La iglesia debía dejar el camino de las apariencias y las obras externas, y volver a la comunión con Cristo. El fruto sería dejar de hacer las cosas para agradar a los hombres y volver a hacerlas para Cristo. ¡Qué pocas veces escuchamos a los hermanos decir: “he pecado”, “me arrepiento”, “es mi culpa”, “perdón”! No obstante, es el gran remedio espiritual para sanar el pecado de vivir de apariencias y de la opinión de los demás.

¿Y si no quiero? IV. LA ADVERTENCIA. (v. 3b)

En verso 3 leemos: Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.El Señor anuncia una visita, no “a” la iglesia para comunión, sino “sobre” la Iglesia para castigarla. Si la iglesia no despierta, afirma lo bueno, aplica la Palabra y se arrepiente, Cristo le hará una visita de juicio. El viene “como ladrón. Ésta es una metáfora frecuentemente usada en el Nuevo Testamento para comunicar una visita por sorpresa. El factor sorpresa de su visita se enfatiza con la expresión: Y no sabrás a qué hora vendré sobre ti”. La expresión es enfática: “jamás, nunca podrás saber”. Nadie llegaría a saber por anticipado cuándo sería. Nadie puede especular con la ira santa del Señor; hay un tiempo de gracia para proceder al arrepentimiento, hay un tiempo en el que Cristo decide actuar y juzgar a su Iglesia. ¡Miren la bondad y la severidad de Cristo! Por ejemplo: el pecado impenitente de menospreciar la Santa Cena en la Iglesia en Corinto, estaba causando desastres: los hermanos enfermaban y algunos morían. Pablo, desesperado al ver esta situación, dijo: “Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seriamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor […]” (1 Corintios 11:31-32). La examinación personal y el arrepentimiento genuino son el freno que puede detener su castigo.

¿Cuándo fue la última vez que te quedaste quieto ante su presencia para dejar que Él examine tu corazón?

¿No había ningún fiel? V. LA APROBACIÓN. (v. 4)

En verso 4 leemos: Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras”. Dios tenía su remanente en medio del “cementerio” en Sardis. Había algunos pocos sinceros en medio de una multitud de hipócritas, algunos humildes entre la multitud de orgullosos, algunos que guardaban la santidad en medio de la mayoría que abusaba de la gracia, algunos siervos en medio del gran grupo egoísta que vivían para sí. El texto griego dice: “Tienes unos pocos nombres”, y transmite la idea de que el Señor conoce a sus siervos fieles en forma individual, por sus nombres. En apariencia, todos los santos en Sardis eran iguales, pero esos pocos, que se guardaron de la hipocresía del resto y buscaron a Dios, eran bien conocidos por su Señor.

Cristo describe a su remanente fiel como aquellos que no han manchado sus vestiduras. A diferencia del resto, ellos no se habían contaminado con las influencias ritualistas, hipócritas y superficiales del resto de la Iglesia. A estos pocos fieles, Cristo les promete: y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas”. Las vestiduras blancas son un símbolo de la santidad que Dios exige para los que quieran caminar con Él. No es posible mantener una relación de comunión con el Santo si no es en una santidad práctica (1 Pedro 1:16). La frase traducida y andarán conmigo es un cuadro precioso de la comunión con Cristo. Se trata de Caminar con Él en la hermosura de la santidad. Antes éramos esclavos del pecado, ahora somos libres para vivir en santidad. La razón que justifica este privilegio es que ellos son “dignos” (AXIOS). ¡Debemos vivir como es digno de él! Axios significa “poner en equilibrio”. Uso cultural: “equilibrar la balanza”; se trata de asegurar que lo que se coloca en un plato es igual en peso a lo que se coloca en el otro y, de ese modo, se produzca el equilibrio. De un lado de la balanza tenemos al Señor y su evangelio y, del otro, la responsabilidad de vivir de acuerdo a su santidad. La piedad y la verdad son las dos patas del enchufe que encienden la luz del evangelio. ¡El resto fiel podrá caminar con el Señor no porque es perfecto, sino porque se preocupa por su integridad!

VI. EL ALIENTO. (v. 5)

Como estímulo para esta minoría fiel, Cristo describe tres recompensas que esperan a los que perseveran:

1. Seremos revestidos de la justicia de Cristo. El que venciere será vestido de vestiduras blancas”. La voz pasiva del verbo traducido “será vestido denota que es Dios quien dará el ropaje blanco al vencedor. Se trata del vestido glorioso que la iglesia recibirá cuando esté en la presencia del Señor. En Apocalipsis 19:8 leemos: “Y a ella (a la esposa del cordero) se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente” (otras  aclaraciones). El que persevere, será vestido con la justicia de Cristo, capacitado para estar en un cielo santo en comunión con un Señor Santo. Somos indignos del Señor, pero las vestiduras de justicia, que nos dio al salvarnos, nos hacen dignos. Esta promesa nos asegura el deleite de experimentar una comunión eterna con Jesucristo. Hoy nos debemos cuidar de no manchar las vestiduras y en la gloria seremos vestidos de vestiduras blancas. ¡La santificación progresiva en la tierra hoy, será completada en una santificación perfecta en la Gloria!

¿Dónde hallar justicia suficiente para ser declarados inocentes ante el tribunal del Dios justo? ¡Cristo el justo! Cristo vivió 33 años demostrando su justicia, murió pagando la deuda de nuestra injusticia, fue resucitado para imputar su justicia a la cuenta de todo aquél que, creyendo en su obra, deja su pecado y se vuelve a Él.

2. Seguridad eterna en Cristo. y no borraré su nombre del libro de la vida ¡Esta no es una amenaza! En el Nuevo Testamento, el libro de la vida es el registro de quienes, habiendo creído en Cristo, son eternamente salvados (Filipenses 4:3; Apocalipsis 13:8, 17:8, 20:15, 21:27). No es el registro de los profesantes, sino de los regenerados; no es el padrón de los convencidos, sino de lo convertidos; no del religioso, sino de los que se relacionan con Cristo. La promesa es clara y enfática, debería leerse: “nunca, jamás borraré su nombre del libro de la vida”. Cristo, el Señor y Salvador, promete que nunca borrará de su libro el nombre de ninguno de sus escogidos.

3. Reconocimiento de Cristo. y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles”. El verbo traducido confesaré (HOMOLOGUEO) significa “diré lo mismo”. Ellos le proclaman “Señor” y él los reconocerá como sus esclavos, ellos le llaman “Salvador” y él los reconocerá como sus hijos justificados, ellos le llaman “Fiel y Justo” y él los llamará “justificados y perdonados por la fe”. ¿Él confesará tú nombre?

Jesús es uno con su pueblo y no se avergüenza de llamarlos “hermanos”. En Hebreos 2:11 dice: “Porque el que santifica, y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos”. Al vernos en el cielo, el Señor no nos tratará como a extraños, sino que reconocerá que somos hermanos. Cuando lleguemos al cielo, Cristo nos confirmará ante el trono de su Padre y la mirada atónita de los ángeles. Imagina: Usted llega junto a hermanos en la fe al cielo y los ángeles preguntan: “¿qué hacen estos aquí?”. El Señor le pone el pecho a las balas y proclama: “Yo los conozco. Pagué por ellos. Son inimputables”.

VII. LA APLICACIÓN: ¿QUÉ HARÁS AL RESPECTO? (v. 6)

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. Si leíste hoy mi opinión, ¡olvidate!; pero si leíste considerando que quien habla es el Espíritu Santo, ¡Obedece! ¡Responde! ¡Quien habla a través de las Escrituras es el Santo!

  • Si eres un convencido y no un convertido, si estás jugando a aparentar ser un cristiano, un siervo,   ¡escucha al Espíritu Santo! Arrepiéntete de tu pecado y confía en la obra de Jesús para tu salvación.

  • Si eres un creyente dormido, ¡cuidado!, escucha las enseñanzas del Espíritu Santo. Arrepiéntete del sueño porque el Señor viene pronto a ejercer su amorosa y correctiva disciplina sobre ti.

  • Si eres un creyente fiel, ¡no te duermas! Refúgiate en la comunión con Dios, sostiene lo bueno que queda. No te dejes arrastrar por las malas influencias que hay fuera y dentro de la iglesia. Camina con él.

  • Si eres líder en la iglesia y no eres una persona espiritual, no eres guiado por su Espíritu sino por tú ego, ¡despierta, arrepiéntete, limpia tu ropa a través de la confesión y vuelve a caminar con Cristo como antes!

Información de contacto

Alfredo Guido 3468, Carapachay
Argentina.
info@ibmcarapachay.org.ar

Redes Sociales

Formulario de contacto