“Filadelfia, una Iglesia fiel a la Palabra” Apocalipsis 3:7-13, Psr. Mariano Merino

“¿Conoces una iglesia perfecta? Si la conoces, no asistas, porque cuando lo hagas, dejará de ser perfecta”. Aunque no era perfecta, Cristo elogia a la Iglesia en Filadelfia por la fidelidad mostrada hacia su Palabra y su Persona durante las cuatro décadas que llevaba de vida (v. 8). ¡No hay iglesia perfecta, pero sí hay iglesias que son fieles a la Palabra y a la Persona de Cristo! ¿Cuántos quieren una iglesia así?

A pesar de la poca fuerza de la Iglesia (v. 8) y de la poderosa oposición de los judaizantes (v. 9), Cristo le ha abierto a la asamblea en Filadelfia una puerta grande de oportunidades para testificar y esparcir su Palabra. El Señor abre puertas llenas de oportunidades para el evangelio a las Iglesias que son obedientes.

I. EL AUTOR (v. 7)

El Señor Jesucristo, el autor de las siete cartas, se presenta con una descripción que refleja sus atributos:

1. EL SANTO. Esto dice el Santo...(que significa: “separado”). No dice: "Un santo" o "algún santo". ¡El único! ¡Nadie como él!

En todo el Antiguo Testamento, Dios Padre es “El Santo”. Por ejemplo: en Isaías 6:3 leemos: “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos”. En el siguiente versículo se le da este mismo título al Señor Jesucristo (Hechos 3:14) cuando Pedro reprende a los judíos incrédulos: “Vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida”. ¡¡Cristo es Dios!! Según Marcos 1:24 y Lucas 4:34, los mismos demonios reconocieron que el Señor Jesucristo era el Santo de Dios. El Señor Jesucristo posee, sin disminución ni alteración, la plenitud de la naturaleza santa y pura del Padre. El odia el pecado, aún el que se comete en la iglesia. Ama a sus redimidos, pero odia el pecado que cometen.

2. EL VERDADERO. Esto dice el Verdadero” (ALETHINOS); esta frase denota lo que es genuino, digno de confianza. El título “Verdadero” va precedido por el artículo “El”, indicando que es el Único en su condición. Él es verdadero en su Persona, en sus palabras y en sus promesas. ¡¡Podemos en todo tiempo confiar en él!!

Cristo es la Verdad: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6); habló la verdad: “Ni se halló engaño en su boca” (1 Pedro 2:22); y murió testificando la verdad. En Apocalipsis 1:5, Él es el testigo fiel. De la palabra  traducida “Testigo” se deriva nuestro término “mártir”. Jesús vivió la verdad y dio testimonio de ella hasta la muerte. En Juan 18:37, vemos que Jesús le dijo a Pilato: “…Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad”. Si sufres por causa de la verdad, ¡gózate!, porque así trataron a tu Salvador.

3. EL SOBERANO. El que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra”. La llave”, en la cultura hebrea, es símbolo de autoridad; David, en la historia hebrea, es símbolo del Mesías que viene a reinar. En 2 Samuel 7, Dios le prometió a David que de su linaje levantaría un rey que gobernaría al mundo para siempre. Según Mateo 1:1, Jesús es descendiente de David; por esto, en Lucas 1:32, se le promete a María: “El Señor Dios le dará el trono de David su padre”. En Isaías 22:22, la frase “La llave de la casa de David” se usa para describir a Eliaquim, quien como mayordomo del rey Ezequías, controlaba el acceso de las personas a la presencia del monarca. El hecho de que Jesús posea la “llave de David”, nos enseña que Él tiene la autoridad para definir quién entra en su reino eterno y quién no. ¡Así, el Señor Jesucristo es quien controla el acceso a la presencia del Padre!

Jesús se identifica como El que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre”. ¡Él es Dios Omnipotente! Los religiosos cerraban las puertas de la sinagoga a los gentiles, pero Cristo les abrió las puertas del reino; los religiosos querían abrir las puertas del reino basados en su propia justicia, pero Cristo las cerrará para ellos. Nadie podrá cerrar las puertas del reino, si él las mantiene abiertas; y nadie podrá abrirlas, si él las cierra. Para una iglesia con poca fuerza, esto es vital. Las oportunidades de servicio no dependen de las pocas fuerzas de la iglesia, sino del Señor omnipotente. ¡Si él quiere esparcir su reino a través de nosotros, lo hará! Ni Domiciano, ni los judaizantes violentos, ni la oposición totalitaria de hoy, podrá impedir que la iglesia crezca.

II. LA APROBACIÓN. (Vv. 8-10)

Yo conozco tus obras”. El omnisciente Señor se acerca al pastor y a la Iglesia, y les dice: ¡Yo los conozco! Nada pasa desapercibido para el Señor. Él no sólo conoce las obras que se hacen, sino también las intenciones que las motivan. El Santo prueba las obras desde la perspectiva de su santidad. El verdadero sólo dirá la verdad.

Podemos ver en el texto que los creyentes en Filadelfia eran:

  • Fieles a pesar de las debilidades: ...porque aunque tienes poca fuerza...”. Eran débiles, pero fuertes en el Señor. No sabemos cuál fue su debilidad (tal vez era una iglesia limitada en cuanto a personas, o dinero, o influencia). No obstante, nada pudo impedir que ellos aprovecharan las oportunidades de servicio que el Señor les dio. Con Pablo podrían decir: “Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10). ¡Tenían pocas fuerzas, pero eran fieles!

Debemos asumir la aritmética divina, en la que Dios multiplica las fuerzas del que no tiene ninguna (Isaías 40:29). Esta Iglesia nos enseña que a Dios no lo restringen nuestras limitaciones, ni lo debilitan nuestras flaquezas. Dios se deleita en usar grandemente a las iglesias pequeñas, pero fieles. ¿Hemos dejado de soñar con Dios?

  • Fieles a la Palabra de Dios: has guardado (que significa: “atesorado”) mi palabra”. Ellos eran pocos, pero obedientes. Por el verso 9, sabemos que la Iglesia fue presionada a negar la fe y el nombre de Cristo, por parte de los judaizantes fanáticos. No sabemos qué prueba específica tuvieron que atravesar, pero si sabemos que fueron fieles a la Palabra aún en medio de ella. Ellos no negaron ni aguaron el mensaje para ser aceptados.

Un ejemplo: Cuando Martín Lutero fue llamado a retractarse de su fe en el juicio ante la dieta de Worms, él dijo: “A menos que no esté convencido mediante el testimonio de las Escrituras o por razones evidentes, me mantengo firme en las Escrituras a las que he adoptado como mi guía. Mi conciencia es prisionera de la Palabra de Dios y no puedo, ni quiero, revocar nada, asumiendo que no es seguro actuar contra la conciencia. Que Dios me ayude”.

¿Dónde están los hombres como ellos? Cuando estamos bajo la presión de la burla y el odio, ¿negamos la fe?

  • Fieles a la Persona de Cristo: y no has negado mi nombre...”. Ellos eran pocos, pero perseverantes.

Lo que se traduce aquí como “No has negado”, expresa la idea de “decir no”, en el sentido de “rechazar algo”. Además, el tiempo del verbo hace referencia a un momento concreto en el pasado, cuando quizás los hermanos fueron forzados a negar su fe en el nombre de Cristo, por los enemigos mencionados en verso 9.

Negar el nombre de Cristo es negar al mismo Cristo, es negar lo que en otro tiempo afirmamos, como Pedro lo hizo. Bajo presión y persecución, y falta de oración, a veces negamos lo que creemos. Sin embargo, los creyentes de la iglesia en Filadelfia se mantuvieron firmes en sus convicciones, no se dejaron intimidar, sino que se gloriaban en Cristo.

Ahora bien, ¿cómo obró Dios en la Iglesia de Filadelfia?:

1. Puertas abiertas para la Palabra (v. 8): he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar”. A las iglesias fieles a la Palabra, Cristo les abre puertas de oportunidades para la predicación. Las puertas abiertas son las oportunidades soberanas para predicar a Cristo y orar por los que evangelizan. En 1 Corintios 16:8-9 leemos: “Pero me quedaré en Éfeso hasta Pentecostés; porque se me ha abierto una puerta grande para el servicio eficaz, y hay muchos adversarios.” (LBLA). Las oportunidades atraen a los opositores. En Colosenses 4:3, encontramos que Pablo pide oración a la Iglesia: “Orando al mismo tiempo por nosotros, para que Dios nos abra una puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también he sido encarcelado” (LBLA).

A pesar de la oposición de los religiosos y de la poca fuerza que la Iglesia tenía, Cristo le ha abierto una puerta de oportunidad para predicar, porque ha guardado su Palabra y su nombre en todos estos años. Dios es soberano en la obra de Salvación y en abrir puertas de oportunidades para la predicación.

2. Transformación (v. 9): Cuando Dios abre puertas de oportunidades, cosas asombrosas suceden. He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten”.

Como en el caso de Esmirna, los cristianos en Filadelfia enfrentaron hostilidad de parte de judíos incrédulos. En tiempos de Juan, los judaizantes denunciaban a los cristianos a las autoridades, por reunirse ilegalmente. A causa de su manifiesta oposición a Cristo y a los cristianos, no eran hijos de Dios, sino seguidores de Satán. Se volvieron instrumentos en manos de Satanás, quien los usaba como herramientas para destruir la Iglesia. Estas personas decían ser judíos por el simple hecho de que eran descendientes biológicos de Abraham, pero el judío genuino no es aquél que tiene la sangre de Abraham, sino el que abraza la fe de Abraham. Pablo definió esto en Romanos 2:28-29: “Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón […]”.

La promesa que Dios les da: he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado.

Samuel Perez Millos explicó que esta promesa “quiere decir que el Señor actuaría en los judíos opositores para conducirlos a la salvación”. Parece que los cristianos de la iglesia en Filadelfia verían la salvación de muchos de los judíos que los perseguían. Por ejemplo, Saulo pasó de perseguidor a fundador de Iglesias. ¡Qué impactante es ver a un perseguidor de la iglesia convertirse a Cristo! ¡Qué lindo es ver a un enemigo de la cruz ser reconciliado por esa misma cruz!

En 1 Corintios 14:25, Pablo usó esta imagen para describir el impacto de la palabra en el corazón de un pagano que entra a un culto cristiano: “Lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros.” ¡La risa muta en arrepentimiento!

3. Preservación (v. 10): Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra

El Señor promete que los creyentes serán guardados del tiempo de prueba que ha de venir sobre el mundo. La frase: que ha de venir sobre el mundo entero”, excede a la persecución que ha sufrido esta iglesia por parte de los religiosos. Lo cierto es que nos lleva al período de tribulación en el cual el mundo entero será probado. Esta “hora de prueba sobre todo el mundo” se corresponde con el “día de Jehová” mencionado en el Antiguo Testamento, cuyo desarrollo de los acontecimientos ocupa los capítulos seis al diecinueve del libro de Apocalipsis. Cristo promete que la Iglesia será “sacada fuera” de la tribulación que ha de venir sobre el mundo entero.

Quizás alguno puede decir: “La iglesia en Filadelfia ya no existe, y la tribulación anunciada sobre el mundo no ha comenzado”. No obstante, gracias al versículo 13 del texto que estamos abordando, vemos que esta gran promesa se extiende a todas las iglesias, y no sólo a la de Filadelfia.

El mayor debate se basa en la expresión: Te guardaré de (SE TEREO EK), que se interpreta de dos maneras:

(A) “Guardar en medio de”, que está implicando que la iglesia pasará por la tribulación, pero será protegida en medio de sus juicios. (B) “Guardar fuera de”, que implica que la iglesia será trasladada al cielo y “guardada fuera” de ella.

En primer lugar, el problema de querer interpretar lo que allí está escrito como “Guardar de”, enfatizando una preservación de “en medio de” la tribulación, es que no todos los creyentes allí serán guardados. ¡Muchos sufrirán el martirio por su fe! (Esto lo podemos ver en Apocalipsis 6:9-11, 7:13-17 y 13:7). En segundo lugar, la promesa es la de ser librados de la “hora” de la prueba, no de la Prueba en sí. ¡La iglesia no pasaría por la prueba! En tercer lugar, como la “prueba” afectará a toda la Tierra, para ser protegida de este tiempo, la iglesia debe ser llevada al cielo. Por último, el propósito final de la tribulación es probar a los que moran en la tierra, no a la Iglesia.

En Apocalipsis, la expresión: “moradores de la tierra”, identifica a los incrédulos. (Apocalipsis 6:10, 8:13, 11:10 y 12:12). Los incrédulos pasarán esta prueba si se arrepienten de sus pecados, y serán reprobados si se endurecen. En Apocalipsis 6:15-17, 9:20, 16:11 y 19:17-18, se describe a los que se endurecen en la tribulación y son condenados.

Finalmente, en Apocalipsis 6:9-11, 7:9-10, 14:4 y 17:14, se describe a los que se arrepienten durante la tribulación y son salvados. Por ejemplo, en el capítulo 7, versículos 9 al 12, Juan ve una gran multitud proveniente de toda tribu, lengua y nación, que está delante del trono adorando a Dios y al Cordero. En el versículo 13, un anciano le pregunta a Juan: “¿quiénes son, y de dónde han venido?”; a lo que Juan responde en el versículo 14: “Señor, tú lo sabes. Y él (el anciano) me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.” (Otras aclaraciones). ¡Sí! ¡Habrá muchos!

III. LA ADVERTENCIA. (v. 11)

He aquí, yo vengo pronto [...]”. La frase “vengo pronto” no se refiere, como en casos anteriores, a visitas de disciplina sobre la iglesia impenitente. Aquí, es una visita para traer la hora de la prueba sobre todo el mundo, la cual culmina con su regreso a la tierra, en gloria, para reinar. ¡Es la venida de Cristo para librar a su iglesia!

En este libro hay un énfasis sumamente considerable acerca de la venida del Señor (véase Apocalipsis 1:3, 22:7, 12, 20); y la respuesta del creyente de hoy debe ser la misma que Juan tuvo, esto es: “Amén; sí, ven, Señor Jesús.” (Apocalipsis 22:20)

¿Qué hacer mientras esperamos el retorno de Cristo? El Señor responde: “Retén lo que tienes”. ¿Qué es aquello que ya tenemos y debemos retener? A la iglesia en Filadelfia, Dios le dijo: ¡Tienes mi nombre, tienes mi palabra! ¡Sigan siendo fieles a mi nombre y a mi Palabra! ¿Recuerdas? No hay iglesia perfecta, pero sí podemos encontrar iglesias fieles a la Palabra. Esto es “[...] para que ninguno tome tu corona [...]”. El propósito de la perseverancia es nuestra premiación. Lo que retengamos hoy, le dará forma a nuestra corona mañana. ¡Retén la Palabra hoy, y serás premiado!

La carta afirma que, aunque el cristiano no pierde su salvación (v. 12), sí puede perder galardón (v. 11). La enseñanza aquí no es que la corona podía ser robada, sino que se podía perder, como el atleta que llega a la meta, pero es descalificado por haber quebrantado alguna norma de la competencia.

Cuando nuestro misionero y fundador de la Iglesia de Carapachay, Don Jaime, cumplió sus 50 años de ministerio de fe, le preguntamos: “¿Le teme a algo?”; a lo que contestó: “¡a terminar mal mi carrera!”. ¡El mismo santo temor de Pablo! En 1 Corintios 9:27 leemos: “golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”. ¿Cuántos siervos fueron descalificados por pecados que comienzan en el corazón, pero se concretan con el cuerpo? (lascivia, adulterio, fornicación).

IV. EL ALIENTO. (v. 12)

Terminando su carta de aliento a esta iglesia fiel, el Señor promete cuatro bendiciones eternas al vencedor:

1) yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí [...]La frase yo lo haréhace referencia a la gracia de Dios. El templo fue y será el lugar donde se encuentra la presencia de Dios. La preposición en sugiere un lugar dentro del templo. El sustantivo columna sugiere estabilidad y permanencia. Un mueble del templo puede ser movido de un lugar a otro, pero una columna no. Esto significa que el creyente tendrá un lugar estable y seguro dentro del templo celestial; sin merecerlo, podrá contemplar la grandeza de Dios por toda la eternidad, y obtendrá lo único que David deseaba: “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo” (Salmos 27:4). ¡Ningún “terremoto” los llenará jamás de temor, ni los hará huir de la ciudad celestial!

2) escribiré sobre él el nombre de mi Dios [...]” Un nombre sugiere identificación. Seremos identificados. Poner el nombre sobre algo, en la antigüedad, era una expresión visible de propiedad y pertenencia. Según Isaías 43:1, el pueblo de Israel llevaba el nombre de Dios indicando, de esa manera, que era de propiedad divina. El nombre de Dios sobre el vencedor será una proclamación de esto. “Esos son realmente míos”.

3) [...] y el nombre de la ciudad de mi Dios [...]Seremos identificados como genuinos ciudadanos de la ciudad de Dios, la nueva Jerusalén. Según Apocalipsis 21 y 22, esa será nuestra eterna morada, no este mundo. Si tener el nombre de Dios equivale a ser propiedad de Dios, tener el nombre de la ciudad significa que seremos ciudadanos de ella. En Filipenses 3:20, Pablo aseguró que “nuestra ciudadanía está en los cielos”. La patria por la cual suspiramos está en los cielos; en la tierra somos extranjeros y peregrinos. (1 Pedro 2:11). Las aflicciones son el medio por el cual esa ciudad gana peso en la estimación de cada cristiano (2 Corintios 4:17).

4) y mi nombre nuevoSi negar el nombre de Cristo es negar a la persona de Cristo, entonces el nombre “nuevo” de Cristo implica una nueva revelación de la persona de Cristo (cap. 19:12). ¡¡Le veremos cara a cara!! Estaremos en la presencia de Dios, en medio de la ciudad de Dios, y en plena comunión con el Hijo de Dios. En otras palabras, al vencedor se le dará la seguridad de que pertenece a Dios, a la nueva Jerusalén y a Cristo, y que participará, eternamente, de todas las bendiciones y los privilegios que estos tres conllevan.

¡Muchos santos se nos adelantaron, pero todos veremos a Cristo en el cielo!

V. LA APLICACIÓN. (v. 13)

La carta termina con una aplicación: El que tiene oídos para oír, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias”.

El tiempo Presente del verbo muestra que el Espíritu Santo siempre está hablando a los oídos atentos. ¿Has oído el llamado del Espíritu Santo hoy? El Señor está abriendo puertas de oportunidades para la Palabra. La soberanía de Dios abriendo y cerrando puertas, alienta a los creyentes a involucrarse en las misiones. ¿Por qué? Porque si Dios abre puertas para la predicación y la salvación de almas en un determinado lugar, entonces seguimos su nube y vamos para allá. ¿Y si las cierra? Entonces nos retiramos a otro lugar. Esto es equivalente a decir que uno puede comprar el mejor equipo, entrenar diligentemente y aprender las mejores técnicas, pero si no hay olas, entonces no se puede surfear; pero si Dios envía olas, sí podemos. En medio del mar de confusión presente, Dios está generando olas de recepción al evangelio en el mundo y deseos de oír enseñanza Bíblica en las iglesias. ¡Debemos aprovechar la oportunidad!

Las puertas de oportunidades no necesariamente implican que miles se van a convertir, y otros tantos se van a quebrantar; o que nadie te va a rechazar, y vas a ser famoso. ¡No son puertas para ti, sino para su Palabra! Porque Dios obra con su palabra. Con ella creó el universo (Génesis 1:3) y hoy la usa para moldear a su pueblo (Santiago 1:18). El hombre caído está muerto en pecado (Efesios 2:1) y no ama la Palabra (1 Corintios 2:14); por eso, Dios debe darle vida (Santiago 1:18), y él hace eso con su Palabra.

¿Estás aprovechando las oportunidades para la Palabra que Dios está colocando delante de ti, o las estás ignorando? ¿Te prepararás en la Palabra, o tomará otro tu corona?

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