“Ejemplos de carne y hueso: Pablo” Filipenses 2:17-18, Psr. Mariano Merino

Einstein dijo: “Dar ejemplo no es la principal manera de influir en los demás, es la única”. El apóstol Pablo dice en 1 Corintios 11:1: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”. Amados, necesitamos sin duda predicadores y cantantes en Internet, pero sobre todo necesitamos modelos de verdad y piedad en las Iglesias.

En Filipenses 2:1-4, Pablo hizo una exhortación a la humildad; en el capítulo 2:5-11, nos mostró el ejemplo de humildad de Cristo; y en capítulo 2:12-16 se nos exhorta a seguir el ejemplo de Cristo, mostrándonos que Dios nos da el poder para hacerlo. Cristo es Dios humanado y nunca pecó. Lo que fue posible para él, puede sonar imposible para nosotros, pero cuando vemos que hermanos comunes y corrientes, de carne y hueso, viven a Cristo, somos animados.

En el capítulo 2:17-20 de esta carta, se nos muestra el ejemplo de tres hombres cuyas vidas constituyen modelos concretos de piedad: Pablo, Timoteo y Epafrodito. Ellos se encontraban juntos en Roma. Epafrodito había sido enviado por la iglesia en Filipos a visitar a Pablo en prisión y suplir sus necesidades económicas mediante una ofrenda (Cap. 4:18). Además, sabemos por el versículo 1 del primer capítulo que Timoteo, al tiempo de ser escrita esta carta, estaba acompañando a Pablo en prisión. ¡Por causa del Señor y el evangelio, los tres arriesgaron su salud, su libertad, e incluso, sus propias vidas!

En la vida de Pablo veremos que el sufrimiento y el contentamiento son las dos caras de la moneda del servicio al Señor.

I. PABLO: UN MODELO DE SERVICIO SACRIFICADO (v. 17)

“Y como ya saben, estoy siendo derramado en libación...” El ejemplo de Pablo era conocido para la Iglesia. La frase sea derramado en libación traduce una palabra griega (SPENDO) que se usaba para describir el acto de derramar líquido sobre un sacrificio ofrecido a Dios. Tanto judíos, como gentiles, habrían comprendido la imagen sugerida de la libación u ofrenda liquida, pues era un ritual conocido en muchos pueblos antiguos. Luego de poner el animal sobre el altar, los sacerdotes tomaban vino y lo derramaban sobre el sacrificio ardiente. Ese acto simbolizaba la elevación de la ofrenda hacia la deidad a la que se la ofrecía.

El sacrificio ofrecido aquí es la fe de los filipenses; la libación derramada sobre éste es la misma vida de Pablo. El ejemplo de Pablo era evidente: derramaba su vida por la fe y el gozo de los hermanos, y para la gloria de Dios. Él moría a sí mismo para que Dios diera vida a los demás. Es la misma actitud que tuvo Cristo. En Efesios 5:2 leemos: “Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante”. ¡Por nosotros y para Dios! El sacrificio de Cristo fue un acto de adoración al Padre y de expiación por los pecadores. El servicio sacrificial es un estilo de vida dedicado a adorar al Padre, amando a las personas. ¡Qué contradicción con los que dicen que hacen todo por Cristo, pero a la vez no hacen nada por los cristianos; con aquellos que dicen que aman a Cristo, pero que no aguantan a sus hermanos en la fe! O a la inversa, los que hacen todo por amor a las personas, pero en su corazón no hacen nada para adorar al Padre. Pablo ve a los filipenses como sacerdotes que estaban ofreciendo sus vidas en sacrificio fiel al Señor.

De la palabra traducida Servicio (LEITOURGIA), se deriva nuestro termino “liturgia”. Esto significa: servicio religioso. Es la palabra que se usa para describir las obras ministeriales de los sacerdotes; denota el servicio ante Dios. Así, la palabra traducida Sacrificio (THUSIA), se usa para describir el acto de ofrecer sacrificios en adoración; y también se usa en sentido figurado para describir todo aquello que se ofrece a Dios y es de su agrado. Por ejemplo, en Filipenses 4:18 leemos (teniendo como contexto la ofrenda material que la iglesia en Filipos envió a Pablo por medio de Epafrodito): “Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios”. La ofrenda para el misionero preso era un sacrificio agradable a Dios, era un sacrificio de amor al siervo y de adoración al Señor.

El sacrificio espiritual, sobre el cual la vida de Pablo se derrama en libación, era la fe de los filipenses. La palabra traducida Fe (PISTOS) puede adoptar tres significados dependiendo de su contexto: “confianza”, “credibilidad” o “credo”. El contexto aquí, sugiere el significado de “credo” o “conjunto de creencias reveladas”. En Filipenses 2:16, Pablo los animó a “[asirse] de la palabra de vida”, es decir, el evangelio. En el capítulo 1:27, les instó a “[combatir] unánimes por la fe del evangelio”. El sacrificio de adoración al Padre que ofrecen los filipenses, y sobre el cual la vida de Pablo se derrama, es la fidelidad a las verdades del evangelio. Pablo y los filipenses sufrían por causa de la fe del evangelio, y del progreso y la extensión del mismo. Por eso, en Filipenses 1:28 dice: “Y en nada intimidados por los que se oponen”. En el versículo 29 agrega: “Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él”. En alguna medida, los hermanos eran compañeros de los padecimientos de Pablo por Cristo. En el versículo siguiente les dijo: “teniendo el mismo conflicto que habéis visto en mí (en su paso por Filipos), y ahora oís que hay en mí (en la prisión romana)” (v. 30) (otras aclaraciones). Es la misma verdad que ya expreso en el capítulo 1:20: “… antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte”. Allí, la frase “O por vida o por muerte” implica su total rendición a la voluntad soberana de Dios sobre su vida y circunstancias. Él era consciente que podía morir, pero de todos modos, cualquiera fuese la sentencia, Pablo estaría gozoso porque Cristo sería magnificado. Si fuera declarado culpable, iría a la presencia de Dios con paz en su mente y alabanzas en su corazón; si fuera declarado inocente, sería librado de la prisión, sólo para continuar predicando el evangelio de Cristo. Pablo veía su vida y su muerte como un sacrificio de adoración al Padre y de amor a las personas. Un ejemplo de esto, lo vemos cuando Pablo se propuso predicar en Jerusalén. Los hermanos le rogaban que no lo hiciera porque allí él seria encarcelado. Vea su respuesta en Hechos 21:13: “… ¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, más aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús”.

¿Estamos dispuestos? La mayoría de nosotros sólo se dispone a congregarse los domingos cuando no llueve. ¿Estamos dispuestos a hacer recitales y conferencias, y no a vivir y a morir por Cristo predicando su Palabra?

Años más tarde, en su segundo encarcelamiento en Roma, días antes de ser sentenciado al martirio, escribió: Porque yo ya estoy para ser sacrificado (literalmente: Libado), y el tiempo de mi partida está cercano” 2 Timoteo 4:6 (otras aclaraciones). Pablo veía su muerte como su ofrenda final a Dios, luego de haber ofrecido toda su vida en sacrificio. En el año 64 d.C., Pablo fue llevado al martirio por la persecución neroniana. El historiador de los tres primeros siglos de la vida de la Iglesia, Eusebio, nos cuenta que para la generación apostólica y post apostólica, el vivir por Cristo era ser perseguido, y el morir por Cristo era ser distinguido. Ellos evaluaban la eficacia del maestro al considerar cuántos de sus discípulos eran martirizados por su fe. Tanto el modo de vivir, como el de morir, deben ser una ofrenda de adoración al Padre y amor a las personas. “Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos” (Romanos 14:7-8). El mismo Pablo ya dijo en Filipenses 1:21: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”. ¡Cristo era su tesoro!

II. PABLO: UN MODELO DE SERVICIO BIENAVENTURADO (Vv. 17b - 18)

Me gozo y regocijo con todos vosotros. Y asimismo gozaos y regocijaos también vosotros conmigo”.

Pablo no sólo es un modelo del servicio sacrificado, sino también del gozo y satisfacción que éste produce. El punto es: “sea por vida o por muerte, me gozo en derramar mi vida como sacrificio de adoración al Señor, sobre la misma ofrenda, y por la misma causa por la que ustedes están derramando las vuestras”. No todo es sacrificio y sufrimiento en el servicio del Señor, ¡también hay mucha satisfacción!

El apóstol Juan escribió: “No tengo yo mayor gozo que éste, el oír que mis hijos (es decir, discípulos) andan en la verdad.” 3 Juan 1:4 (otras aclaraciones). Pablo mencionó en 1 Tesalonicenses 2:19-20: “Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida? Vosotros sois nuestra gloria y gozo”. ¡Gozo da servir a Cristo!

Lo asombroso es que cuando Pablo escribe esta carta dirigida a los filipenses, se encontraba preso en Roma por predicar a Cristo. En Filipenses 1:13 dice: “de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás”. Sin embargo, a pesar de sus cadenas, Pablo hallaba muchos motivos espirituales para gozarse en el Señor Jesús:

1) Se gozaba en recordar en oración a sus hermanos en Filipos. En capítulo 1:3-4 encontramos que dice: “Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, siempre en todas mi oraciones rogando con gozo por todos vosotros”.

2) Se gozaba en el Señor. Hay gozo en la oración, porque hay gozo en estar en la presencia del Dios al cual elevamos nuestra oración. En Filipenses 3:1a leemos: “Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor”; y en el  capítulo 4:4 dice: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”. Según Gálatas 5:22, el “gozo espiritual” es parte del fruto del Espíritu Santo en el mundo interior de los creyentes; no se puede fabricar, ni comprar, ni vender, sino que es el resultado de andar en una plena comunión con el Señor.  Por esto, los cristianos podemos gozarnos en el Señor a pesar de las pruebas. En Santiago 1:2-3 dice: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia”.

3) Se gozaba en la extensión del evangelio, aun cuando era predicado por malas motivaciones. Filipenses 1:18 dice: “… de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún”.

4) Se gozaba en el fruto que daba su ministerio en la vida de los filipenses. Pablo les llama en el capítulo 4:1: “gozo y corona mía”. ¿Habrá experiencia más gozosa que ser utilizado por Dios en la salvación de un incrédulo o la santificación de un hermano? “No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos (es decir, discípulos) andan en la verdad”  3 Juan 1:4 (otras aclaraciones).

5) Se gozaba en el amor práctico que mostraron los filipenses. Agradecido por sus ofrendas, en cap. 4:10,     les escribió: “En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí...”

El servicio a Cristo es un sacrificio, no en el sentido de “pérdida”, sino como una ofrenda dedicada a Dios. David Livingstone, misionero en África, dijo: “La gente habla del sacrificio que hice por pasar gran parte de mi vida en África. ¿Acaso es sacrificio aquello que genera recompensa en una vida activa y gozosa, la paz espiritual, la conciencia de hacer el bien, y la esperanza de anhelar aún más el cielo? ¿Sacrificio? No. ¡Es un privilegio!”. Asimismo, los creyentes que se ofrecen a Dios en sacrificio no lo consideran una tragedia, sino un privilegio.

Noten que Pablo no sólo dice: “me gozo”, sino que también agrega una idea hermosa: “me regocijo con todos vosotros”. Describe un gozo que se comparte, una alegría compartida. Lucas usó esta palabra para describir a los vecinos y familiares de Elizabeth, quienes “se regocijaron con ella” por el nacimiento de Juan el Bautista (Lucas 1:58). La alegría del nacimiento del bebe fue tan grande para Elizabeth, que quiso compartirla con sus amigos; la alegría del servicio sacrificial al Señor fue tan grande para Pablo, que quiso compartirla con los filipenses; la alegría de servir al Santo debe ser tan grande para nosotros, que nos debe llevar a compartirla con otros. ¿Cuál es tu mayor anhelo para tus hijos? ¿Para tu cónyuge? ¿Tus amigos cristianos? ¿Tu futuro cónyuge? ¿Deseas que vivan y mueran sirviendo a Cristo? Todos los cristianos deberían derramar toda su vida en aquello para lo cual Dios los ha llamado y capacitado.

Spurgeon, en uno de sus períodos de enfermedad, dijo a sus jóvenes discípulos: “Jóvenes, la gente me dice: Usted va a dañar su constitución física si sigue predicando varias veces por semana. Yo respondo: Bien, si lo he hecho, me alegro por ello; haría lo mismo otra vez, porque si tuviera cincuenta constituciones físicas, me alegraría de quebrantarlas todas en el servicio del Señor Jesucristo” ¿Sobre qué altar derramas tú vida?

III. REFLEXION FINAL: LA PARADOJA DEL MINISTERIO (Colosenses 1:24)

“Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia”. ¿Cuál es la paradoja del servicio? Que es una mezcla de satisfacción y sufrimiento. El sufrimiento y el contentamiento son las dos caras de la moneda de una vida de servicio al Señor:

  • La primer cara de la moneda: El gozo del servicio. Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros…El presente implica continuidad: “siempre me gozo”. El camino del servicio está pavimentado con la alegría y el gozo del Señor. ¿Me estoy gozando en lo que padezco? El gozo no es emocional, superficial, ni circunstancial.
  • La otra cara de la moneda: El sufrimiento del servicio. Me gozo en lo que padezco por vosotros…La palabra traducida padezco es una referencia al encarcelamiento que Pablo sufría en Roma. La frase por vosotros nos muestra la causa de su encarcelamiento y aflicción, es decir, la edificación de la Iglesia. La frase que allí se traduce: lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo”, implica la idea de que Cristo aún sufre por su pueblo. Jesucristo, que es “la cabeza”, siente desde el cielo el gran dolor que padecen los miembros de su “cuerpo” en la tierra.

Le crucificaron en el pasado, pero la persecución continúa. Como no pueden crucificarlo otra vez, ya que está en el cielo, ahora persiguen a su Iglesia que se encuentra en la tierra. Al perseguir a su pueblo, continúan persiguiéndole a él. La persecución es por causa de Cristo, y también es dirigida hacia Cristo.

Esta es la paradoja del servicio al Señor: es una mezcla de sufrimiento y deleite, de satisfacción y dolor. En el ministerio hay decepciones, ofensas, confrontaciones, pecado, fallas, deserciones, deslealtades, burlas, persecución humana, presión diabólica, falta de frutos y resultados, pero mucho deleite en el Señor. Jesús dijo: “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.” (Mateo 5:11-12) ¡Bienaventurados!, no amargados.

La meta de Pablo era la siguiente: “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo…” (Hechos 20:24) ¿Terminaré resentido con las personas o terminaré regocijándome en Dios?

¿CÓMO LLEGO A CRISTO?

¿Qué debemos hacer? Debemos regocijarnos en el Señor, aun cuando sufrimos por servirle. Esta es la paradoja del ministerio. Nos regocijamos en el Señor mientras nos sacrificamos sirviendo a los santos. Pero ¿cómo podemos hacerlo? Generalmente, cuando sufrimos, nos quejamos, nos auto-compadecemos; cuando nos critican o desaprueban, sentimos lástima de nosotros mismos, nos frustramos y abandonamos la tarea. Si no se nos agradece o felicita, nos desanimamos. Tendemos a servir al ojo y a la opinión de los hombres.

¡Jesús lo hizo por nosotros! Jesús soportó la cruz anticipando el gozo de la comunión celestial con su Padre. “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz…” (Hebreos 12:2). ¿Pueden mezclarse el gozo y la cruz? ¡Sí! En Isaías 53:11 leemos: “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.” ¡Cristo sufrió la cruz con gozo, porque detrás de ella estaba el rostro sonriente del Padre y de los redimidos! Cristo vivió la vida que vos y yo jamás podremos vivir. Él vivió en perfecta justicia por nosotros. El justo murió en lugar de los injustos para cancelar, de ese modo, la deuda de nuestros pecados. Resucitó demostrando que puede dar su justicia a todo aquél que se arrepiente de su maldad y se vuelve a él en fe.

¡Podemos cambiar! El modelo de Cristo (Filipenses 2:5-11) y el motor de la obra del Espíritu Santo en nosotros (Filipenses 2:12-13) hacen esta vida posible. Él nos capacita para que podamos regocijarnos en el Señor, aun cuando sufrimos por él. Además, debemos saber que estamos en proceso de cambio; en Filipenses 1:6 leemos: “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. Llegará ese día en el que ya no tengamos que luchar contra el pecado. Mientras tanto, somos increíblemente amados en el proceso. Los creyentes somos más pecadores de lo que pensamos, pero también somos más amados de lo que creemos.

El Cristo del legalismo dice: “Sírveme, y veré si te amo”. El Cristo del liberalismo dice: “Te amo, así que no es necesario que me sirvas”. No obstante, el Cristo de la Biblia, nuestro Señor y Salvador, dice: “Sírveme porque te amo”. Así que, no evangelices para que Dios te acepte y te ame, sino evangeliza porque él te ha aceptado y ya te ama; no cantes alabanzas para ver si Dios te acepta, sino bendice su nombre, porque él ya te ha bendecido; no ores para que Dios te ame, ora porque te ama; no obedezcas para que te acepte, obedece por amor a quien ya te ha aceptado en Cristo; no sirvas por un premio, un aplauso, o una posición de autoridad, sino bendice al Cristo que te bendijo. ¡Ama al Cristo que te amó! Ofrece tu vida al Cristo que dio su vida por ti.

¿El secreto del cambio? ¡Vivir es Cristo! (Filipenses 1:21) “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”. Nuestro valor e identidad están firmemente anclados en Jesucristo, no en los resultados del ministerio, ni en la aprobación de los demás, ni aun en la aceptación de lo que hacemos, sino en Cristo, nuestro tesoro.

Amado, derramar la vida por Cristo es vivir, lo demás es respirar.

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