“Ejemplos de carne y hueso: Timoteo” Filipenses 2:19-24, Psr. Mariano Merino

Lucio Séneca, filósofo y escritor, dijo: “El camino de la enseñanza es largo, pero es breve y eficaz el del ejemplo”. El puritano del siglo XVII, Thomas Brooks, dijo: “El ejemplo es el discurso más poderoso”. Sin duda, Pablo entendía este mismo principio. En Filipenses 2:1-4, hizo una exhortación a la humildad; en el capítulo 2:5-11 nos mostró el gran ejemplo de humildad de Cristo. Humildad es colocarse debajo de Dios para obedecerle, y debajo de los demás para servirles. ¡Jesús es el ejemplo! Juan 8:29 dice que Jesús hizo siempre lo que le agrada al Padre, y en Marcos 10:45 leemos que “el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir…”

También, en Filipenses 2:17-30 se presentan tres hombres comunes y corrientes que son modelos perfectibles de humildad. En capítulo 2, versículos 17 y 18, observamos el ejemplo de Pablo; en capítulo 2:19-24, el de Timoteo; y en capítulo 2:25-30, el de Epafrodito. Los tres, son ejemplos perfectibles de humildad, pues obedecieron al Señor y sirvieron a todos los santos.

Lo que tenemos por delante es una “carta de recomendación pastoral” hecha por Pablo, a favor de Timoteo. Pablo recomienda a la iglesia en Filipos que reciba el ministerio de Timoteo, porque este joven hizo méritos suficientes.

Veremos, en primer lugar, la historia de Timoteo; en segundo lugar, la misión de Timoteo (Filipenses 2:19, 24); y, por último, los méritos de Timoteo (v. 20-23).

I. LA HISTORIA DE TIMOTEO.

A. El hogar de Timoteo. El nombre de Timoteo aparece por primera vez en Hechos 16:1, donde leemos: “Después llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego”. En este versículo vemos que Timoteo era oriundo de Listra, una ciudad ubicada en la provincia de Galacia. También conocemos por 2 Timoteo 1:5 que su madre, Eunice, y su abuela, Loida, eran creyentes: “Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice…” Sabemos además que ellas habían instruido a Timoteo en las Escrituras del Antiguo Testamento, porque en 2 Timoteo 3:15 Pablo le recuerda a Timoteo: “y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras...”

Por otra parte, del padre de Timoteo no tenemos información. Suponemos que no era creyente, porque en los textos citados Pablo menciona la fe de su madre y de su abuela, pero no la de su padre. Además, por Hechos 16:3, sabemos que Timoteo fue circuncidado siendo adulto, lo que implica que su padre no lo había educado en la ley de Moisés.

Timoteo fue el fruto de un matrimonio mixto: su madre Eunice era judía, y su padre era griego, quizá, un pagano. ¡Qué importante es el ministerio de las madres y abuelas en la vida de sus hijos y nietos! ¡Qué importante es que, a pesar de estar en un matrimonio mixto, la parte creyente instruya a sus hijos en la Palabra de Dios!

B. La conversión de Timoteo. Sabemos por Hechos 14:6-7 que, en el primer viaje misionero (47-48 d.C.), Pablo y Bernabé predicaron el evangelio en Listra, la ciudad de Timoteo. Unos tres años más tarde, cuando Pablo vuelve a la ciudad de Listra, en su segundo viaje Misionero (50-52 d.C.), Timoteo ya es considerado un “discípulo”. Si a esto le sumamos que en 1 Timoteo 1:2 Pablo describe a Timoteo como “verdadero hijo en la fe”, entendemos que Timoteo se convirtió a Cristo mediante la predicación de Pablo en su primer viaje misionero.

Lucas nos cuenta que la gente de Listra apedreó a Pablo y, pensando que estaba muerto, le arrastró fuera de la ciudad. Además, sabemos que la gente del lugar, en su mayoría, no creyó al evangelio. ¡Un gran fracaso! No obstante, Dios utilizó la predicación de su poderoso evangelio para salvar a su futuro siervo, el joven Timoteo. ¡Dios es soberano en la salvación! ¿Recuerdas la parábola? El sembrador tira la semilla; luego, se va a dormir y se olvida de sus labores, pero durante la noche, la semilla germina hasta que finalmente da fruto. La misión de los siervos es predicar el evangelio claramente. La misión del Dios Soberano es resucitar a los muertos.

C. La comisión de Timoteo. Por Hechos 16:1-3 sabemos que Pablo y Silas, al llegar a Listra en el segundo viaje misionero, hallaron un joven discípulo llamado Timoteo. Como los hermanos daban buen testimonio de él, Pablo quiso llevarlo como compañero en la misión. A la hora de decidir si llevar o no al joven al campo misionero, para Pablo fue importante el informe de los hermanos. ¡Antes de partir con ellos, el joven fue aprobado y encomendado al ministerio! Unos trece años más tarde, en 1 Timoteo 4:14 Pablo exhorta al joven: “No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio”. El “don” del ministerio fue dado a Timoteo por medio de la palabra de Pablo y la confirmación del presbiterio (grupo de ancianos) de su iglesia. Es importante que un candidato al ministerio sea confirmado por los miembros y los ministros de su Iglesia. Observa que Pablo no incorporó a Timoteo en su equipo misionero el mismo día en que éste fue salvado, sino que lo dejó crecer tres años en su iglesia en Listra para que aprendiera a servir al Señor en su contexto local. No alcanza con decir: “soy llamado”, tu carácter piadoso, tu Iglesia y tus autoridades deben confirmarlo.

II. LA MISIÓN DE TIMOTEO (v. 19, 24)

Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado” (v. 19). Pablo estaba preso y ésto le impedía poder visitar a los amados hermanos en Filipos, pero él quería saber cómo marchaba la iglesia que había fundado; entonces, decide enviar a Timoteo.

La misión de Timoteo era:

1) Viajar de Roma a Filipos, verificar el rumbo de la iglesia, y entregarle un buen informe a Pablo.

2) Informar al misionero preso, Pablo, acerca del estado espiritual de la Iglesia. La frase para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado describe a esto como el propósito de la misión de Timoteo en Filipos. Parece que la distancia deprime a Pablo, y no puede esperar más tiempo para tener noticias de la Iglesia. Quiere saber si las hermanas Evodia y Síntique se han reconciliado, desea saber si los predicadores envidiosos se han arrepentido, si los falsos maestros han sido silenciados, y si la Iglesia permanece unida.

Pablo afirma en el versículo 24 del segundo capítulo de Filipenses que tenía la esperanza de salir en libertad: “Y confío en el Señor que yo también iré pronto a vosotros”. Ya había decidido usar su libertad, no para descansar, sino para poder visitar a la Iglesia en Filipos. Pablo tenía la esperanza de verles, Timoteo quería verles, y Epafrodito tuvo el deleite de llevarles esta carta. Murieron a su propia comodidad, y se ocuparon más de las necesidades de la Iglesia, que de las propias. Siguiendo el modelo de Cristo (cap. 2:3-4), estos tres hombres estimaron a los demás como superiores a sí mismos, y no miraron por sus propias necesidades, sino también por los intereses de los demás hermanos.

3) Pablo espera recibir buenas noticias (v. 19b). La frase que usa allí es: para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado”. La expresión buen ánimo traduce una palabra que significa: “bien al alma”. El alma del siervo de Dios es confortada cuando recibe buenas noticias del progreso espiritual de los santos:

  • El anciano Juan: “No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad” (3 Juan 1:4).
  • El apóstol Pablo, en su carta dirigida a los tesalonicenses: “Porque ahora vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor” 1 Tesalonicenses 3:8. “Si los hermanos están firmes en el Señor, entonces yo vivo”, dice Pablo. ¡No tiene precio! Y así como los buenos informes de la vida espiritual de las iglesias revivían su alma, los malos la devastaban: Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” Gálatas 4:19.

¿Te importan tus hermanos? ¿Te lamentas cuando uno se aparta? ¿Te gozas cuando uno lleva fruto? ¿Qué sientes al oír que hay iglesias sin pastor; cuando ves que el falso evangelio y los falsos maestros confunden las Iglesias; cuando oyes que la necesidad es mayor que los obreros que pueden suplirla; cuando un matrimonio se rompe? ¿Y cuando una iglesia se divide, o un pastor o misionero se aparta o cae en pecado?

III. LOS MÉRITOS DE TIMOTEO (v. 20-23)

La palabra pues, con la que comienza el versículo 20, es explicativa. Pablo procede a recomendar a Timoteo a la iglesia y le explica por qué deben recibirlo:

A. Porque tiene un mismo sentir con el misionero: pues a ninguno tengo del mismo animo...

La frase del mismo animo (ISOPSUCHOS) significa: “de una misma alma”, o “de un alma”; describe a personas que tienen pasión por las mismas cosas. Hoy, nosotros diríamos que Pablo y Timoteo son “almas gemelas”. Por eso, lo enviaba como su reemplazante con toda confianza. Por ejemplo, el joven Timoteo fue enviado a Tesalónica: “… acordamos quedarnos solos en Atenas, y enviamos a Timoteo nuestro hermano [...] para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe” (1 Tesalonicenses 3:1-2). Fue enviado a Corinto – una iglesia “problemática”. En 1 Corintios 4:17 leemos: “Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias”. Para Pablo, que vaya Timoteo era lo mismo que si fuera él.

¿Por qué deberían seguir los hermanos tu liderazgo cuando tú no has seguido el liderazgo de nadie? ¿Tienes un mismo sentir con tus pastores o maestros? ¿Ellos podrían enviarte a resolver un tema? ¿Está tu alma apegada a la de ellos? ¿Sirves en comunión y amor al lado de ellos? ¿Eres un buen seguidor?

B. Porque se interesa por las personas:y que tan sinceramente se interese por vosotros” (v. 20b). Esta es la gran razón por la que Timoteo es candidato ideal para la tarea: él se interesa por las personas.

El adverbio traducido sinceramente nos enseña que existe una preocupación sincera y, como consecuencia, una falsa. Como Absalón, puedo fingir interés por las personas sólo para ganar seguidores en mi causa y opositores a la causa de los líderes que no aprecio; o puedo fingir interés para obtener información, una posición o dinero. Sin embargo, el interés de Pablo y el de Timoteo era genuino: buscaban la gloria de Dios y la edificación de la Iglesia.

Pablo prosigue con su argumento: porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús” (v. 21). En la iglesia en Roma prevalecía egoísmo. Timoteo era una “isla” de humildad, en medio de un “mar” de comodidad.

Cuando leí este texto, pensé: “Debe tener otro sentido”, “¿Todos significa “todos”, “casi todos”, “muchos”, o “la mayoría”?”. En la Iglesia en Roma había, quizás, cientos de creyentes, y en Romanos 16 Pablo saluda a veintiséis de ellos. No obstante, ninguno estuvo dispuesto a hacer un viaje de más de 1000 Km, cruzando el mar Adriático, desde Roma a Filipos, sólo para regresar a Roma con un informe que dé tranquilidad al corazón del misionero. Esto condice con lo expresado en Filipenses 1:15-16, la Iglesia en Roma tenía muchos predicadores, pero pocos siervos. Parece que los pocos que predicaban de buena voluntad y de corazón, no estaban cerca de Pablo, o estaban ocupados en otras tareas ministeriales. Lo cierto es que, a la mano, sólo tenía a los “cómodos”, o a Timoteo.

Nos gustan los recitales, las conferencias, los grandes eventos y los banquetes (y todo esto es bueno), pero no nos atrae tanto evangelizar al perdido, llorar con el afligido, discipular al convertido, visitar al enfermo, consolar al que sufre, hacer misericordia, pintar o limpiar el templo. En las iglesias abundan los voluntarios para tocar instrumentos, predicar la palabra y organizar eventos, pero faltan personas que ministren personas.

C. Porque el joven ha probado ser fiel: pero ya conocéis los méritos de él…

Los hermanos que se encontraban en Filipos sabían por experiencia propia que Timoteo tenía un interés genuino en las personas. La frase los méritos de él traduce una palabra (DOKIMEN) que significa: “su carácter probado y aprobado”. Su uso se ilustra en 1 Timoteo 3:10, cuando Pablo manda que los diáconos “sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles”.

Timoteo ya había comprobado su fidelidad en el servicio: el joven Timoteo estuvo con Pablo en el alboroto en Filipos (Hechos 16); luego, en Tesalónica, donde, si no fuera por la fianza que pagó Jasón, no los habrían dejado salir de la ciudad (Hechos 17:1-9). También estuvo con Pablo en Berea (Hechos 17:10-14), y allí fue separado de él por fuerza. Más tarde, se unió nuevamente a él en Corinto (Hechos 18:5), ministró en Éfeso (Hechos 19:1, 21-22) y, al momento de escribir esta carta, estaba sentado al lado de Pablo en aquella cárcel romana (Filipenses 1:1). Pablo no tenía que convencer a la iglesia de la fidelidad de Timoteo, los hermanos ya conocían sus méritos.

Dios llama al ministerio a aquellos que mantienen una comunión activa con Cristo en sus propias iglesias. Un modelo útil en este estudio es lo que sucedió en la iglesia en Antioquía. En Hechos 13:1-3 se relata: “Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.” Pablo y Bernabé ya estaban enseñando en su Iglesia. Cuando el Espíritu Santo les llamó, la iglesia dijo: ¡Si, claro!

D. Porque el joven hace la misión: que como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio” (v. 22)

La frase traducida en el evangelio aclara que se trata del servicio al Señor, en el progreso de su evangelio. Note que Pablo no dice: “Ha servido para mí en el evangelio”, sino: ha servido conmigo en el evangelio”; porque ambos eran esclavos gozosos de Jesucristo, trabajando para el avance del evangelio, sin rivalidades.

Hay tres “notas” principales en la “melodía”: (1) Comunión/unidad. (2) El progreso del evangelio. (3) Gozo en Cristo. La vida cristiana gozosa es producto de vivir para la causa del evangelio, en comunión con Cristo y con los cristianos. Pablo buscaba la comunión con hermanos en la misión: “Doy gracias […] siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros, por vuestra comunión en el evangelio…” (Filipenses1:3-5ª), y: “… oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio” (Filipenses 1:27).

Un consejo: busca amigos que compartan esta misma visión. Tus amigos te acercan a las misiones o te alejan de ellas. Nuestra comunión debe tener el gran propósito de la misión. Los creyentes debemos unirnos a otros creyentes para esparcir el verdadero evangelio. Nada hay más deleitoso que servir al Señor en comunión con otros siervos, nada hay más deleitoso que vivir en comunión con Cristo y los cristianos en la causa del evangelio.

¡Soñamos con ver unidas las iglesias sanas de nuestro país, con el propósito de esparcir el evangelio de Cristo!

E. Porque el joven es humilde. La frase metafórica como hijo a padre sugiere que tenían una relación de amor y sumisión: Pablo aconseja y Timoteo escucha; Pablo envía y Timoteo va; Pablo modela y Timoteo aprende. Timoteo era un joven capaz (no olvidemos que era enviado a las iglesias en lugar de Pablo para resolver problemas y dar instrucción). No obstante, estaba dispuesto a sujetarse a aquel apóstol que se sujetaba a Cristo.

Una lección de humildad: antes de ser un buen líder, Timoteo aprendió a ser un buen colaborador de su líder. Timoteo es el santo modelo de todos los que son llamados a estar contentos con ocupar el segundo lugar. Un buen ejemplo es el caso de un prestigioso director de orquesta, al que le preguntaron: “¿Cuál es el instrumento más difícil de conseguir?” El respondió: “El segundo violín. Abundan los candidatos a tocar el primer violín, pero no para ser el segundo”.

Pablo concluye su “carta de recomendación” con el versículo 23: Así que a éste espero enviaros, luego que yo vea cómo van mis asuntos”. Por todo lo dicho, se podrían dar cuenta de que la mejor opción es que les enviara a Timoteo. ¿Por qué? Por su humildad: Timoteo se puso debajo del Señor para obedecerle, y debajo de los santos para servirles. También hoy, la mejor opción para delegar ministerios es la misma: personas humildes, obedientes y serviciales.

¡Nuestro clamor es que Dios bendiga su obra con jóvenes preparados en la palabra, que se coloquen debajo del Señor para obedecerle, y de los santos para servirles, y que asuman la misión de edificar la iglesia de Dios!

¿Cómo llego a Cristo?

¿Qué debemos hacer? Debemos tener un mismo sentir con nuestros líderes, preocuparnos por las personas más que por nosotros mismos, dejar que la iglesia compruebe nuestra fidelidad, y servir en sujeción y humildad. Pero, ¡no podemos hacerlo! A menudo criticamos a nuestros líderes, nos preocupamos más por nuestras necesidades que por las de los demás y, a pesar de que nuestro testimonio en la iglesia no es bueno, queremos tener una posición ministerial; nos horroriza la idea de servir con humildad y bajo la autoridad de otro siervo. Nuestra carne no es humilde, ni desinteresada, ni servicial, ni misionera, y se rebela contra las autoridades.

Sin embargo, ¡podemos cambiar! El modelo de Cristo (Filipenses 2:5-11) y el poder del Espíritu Santo en nosotros (Filipenses 2:12-13) hacen esta vida posible. El modelo de Cristo nos anima a servir a Dios, sirviendo a los demás y en sujeción a la autoridad. El poder del Espíritu Santo nos capacita para ponernos debajo de Dios para obedecerle y debajo de los santos para servirles. Este es un llamado a depender de la comunión con Cristo. ¡Sólo por y en Cristo podremos ser humildes! Cristo vivió esta clase de vida por nosotros. En Filipenses 2:1-4 se nos exhorta a vivir en humildad, y en el capítulo 2:5-11 se nos presenta el ejemplo de humildad en nuestro Señor Jesucristo. En los puntos siguientes vemos a la deidad como ejemplo de humildad:

  • Cristo sirvió al Padre en sujeción absoluta: “… haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8). La muerte de Cristo fue un acto de amor por su pueblo pecador y de suma obediencia a su Padre Santo. Antes de enfrentar la cruz, Jesús oró a su Padre estas palabras: “… no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).
  • Cristo pensó más en nosotros que en sí mismo: “… siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo…” (Filipenses 2:6-7). Siendo Dios, se hizo hombre, y asume el rol de siervo obediente que dirige sus pasos hacia la cruz. ¿Por qué? ¡Por nosotros!

En la cruz Dios trató a Cristo como si fuera el culpable de nuestros pecados: con ira, juicio y maldición. ¿Para qué? Para que Dios no tenga que tratarnos con ira, juicio y maldición a nosotros, que sí lo merecemos.

¡Cristo vivió la vida que vos y yo jamás podremos vivir! Él vivió en perfecta justicia por nosotros. Además, él siendo justo, murió en lugar de los injustos para poder cancelar, de ese modo, la deuda de nuestros pecados; y, finalmente, resucitó demostrando que puede dar su justicia a todo aquél que se arrepiente y se vuelve a él en fe.

Incrédulos: ¡Arrepiéntanse de sus pecados y vuélvanse a Cristo, el cual será amplio en perdonar! Él mismo dijo en Juan 6:37: “… y al que a mí viene (en arrepentimiento y fe), no le echo fuera” (otras aclaraciones). ¿Quieres venir a Cristo por fe?

Creyentes: Debemos ponernos debajo del Señor para obedecerle, debajo de los demás para servirles, y debajo de nuestros líderes para seguirles. Tenemos el patrón de Cristo y el poder de su Espíritu para hacerlo.

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