“Aprendiendo a depender del Señor” Efesios 6:18-20, Psr. Mariano Merino

Un anciano pastor dijo: “He notado que existen tres etapas en la vida de la mayoría de los siervos de Dios: (1) La etapa en la que cree que puede hacerlo todo, (2) la etapa en la cual se da cuenta que no pudo hacer nada, y (3) la etapa en la cual por fin se da cuenta de que debe depender de Dios para hacer todas las cosas. Pablo parece confrontarnos con el mismo principio: ¡No seas autosuficiente!, sino aprende a depender del Señor. Estamos en guerra espiritual; el enemigo quiere destruir la verdad, la piedad y la unidad en tu iglesia, en tu familia y en tu corazón. La meta es permanecer firmes (Efesios 6:11, 13, 14). ¿De dónde podremos obtener el poder para permanecer?

Pablo escribe esta carta desde una prisión o “casa alquilada” en Roma, entre los años 60 y 62 d.C. (Efesios 3:1 y 4:1). Los primeros tres capítulos son doctrinales, y los últimos tres, mezclan la doctrina con los deberes de un cristiano. Un bosquejo sugerido es el siguiente:

  • Las bendiciones de los cristianos (Capítulos 1-3)
  • Los deberes de los cristianos (Capítulos 4-6)

Cuando uno lee los primeros tres capítulos, se da cuenta de que, por gracia, tiene una salvación invencible; cuando uno lee los últimos tres capítulos, se da cuenta de que tiene un poder y una armadura invencible. La carta comienza en gloria, describiendo las bendiciones espirituales que tenemos en Cristo (capítulo 1:3), pero culmina de rodillas en tierra, mostrándonos la necesidad que tenemos de depender de Cristo cada día (capítulo 6:18).

I. LA ENSEÑANZA DE PABLO: “OREN POR TODO Y POR TODOS” (v. 18)

En este versículo, Pablo presenta los cuatro “todos” que deben estar presentes en la oración. De ellos aprenderemos algunos principios:

A. Los creyentes debemos orar en todo tiempo: “Orando en todo tiempo…” Tendemos a orar sólo ante la necesidad, o en medio de las crisis que surgen en la vida. Sin embargo, la Biblia dice que debemos orar sin cesar, “siempre”, porque “siempre” estaremos expuestos a las tentaciones de Satanás y precisaremos la armadura. El verbo “Orando” significa: “deseos dirigidos”, en este contexto, a Dios. No guarda relación con la “forma”, sino con el “contenido”. En la oración, lo importante no son las poses o palabras que usemos, sino derramar nuestro corazón a Dios. Esto significa que podemos orar en público o en privado; en voz alta, o en el silencio del alma; con una lista, o en forma espontánea; sentados, o de pie; arrodillados, o acostados; en casa, o en la Iglesia; en el trabajo, o en la escuela; en reposo, o durante el trabajo; con las manos juntas, o separadas; las manos arriba, o abajo; los ojos abiertos, o cerrados; con la cabeza gacha, o levantada; a solas, o en un colectivo atestado de gente.

La frase “en todo tiempo” significa: “en cada oportunidad”. La vida entera es una oportunidad para poder orar; la tristeza es una oportunidad para buscar el consuelo de Dios; la alegría, para dar gracias a Dios; la enfermedad, para pedir sanidad, o alivio, o paz; la salud, para alabarle; los conflictos, para clamar por sabiduría para resolverlos; la tentación, para pedir la ayuda de Dios; las cosas buenas, para dar gracias; el peligro, para pedir protección; la oposición, para clamar por ayuda. Cada circunstancia de la vida es una oportunidad para dirigir nuestros sinceros deseos a Dios; Él no está encerrado en el edificio de una iglesia.

B. Debemos orar con toda oración y súplica: “Con toda oración y súplica en el Espíritu…” El sustantivo “oración” son los deseos dirigidos a Dios. La idea plasmada es que debemos aprovechar cada oportunidad para presentar ante Dios todos nuestros anhelos. Debemos aprender a derramar nuestro corazón delante de Dios en oración; todo lo que hay allí, todo deseo, anhelo, ante su santa presencia. Debemos aprender de los salmistas que fueron completamente sinceros con Dios. Buscaron a Dios en medio de la traición (Salmo 4), de la desilusión (Salmo 3), de la alegría (Salmo 100), en medio de su pecado (Salmo 32 y 51), cuando se sintieron tratados injustamente (Salmo 13 y 73). De hecho, los salmos se escribieron para enseñarnos que nuestra necesidad espiritual más grande es la de alabar a Dios, más allá de cómo nos sintamos, de cómo nos traten las personas, o cómo nos valla en la vida.

De la raíz de la palabra traducida “súplicas” (DEESIS) se deriva la palabra “carencia” o “necesidad”. Esta clase de oración emana de un sentido de necesidad, de dependencia; es el antónimo de la autosuficiencia. No podremos hacer súplicas al Señor con un corazón orgulloso; no podremos suplicar la ayuda de Dios si creemos que no la necesitamos. La mayoría de los creyentes no suplicamos hasta que nos ahogamos. Quizás nuestro matrimonio va bien, nuestros hijos están bien, todo parece bien encaminado en nuestro trabajo e Iglesia, todo es maravilloso, y nos volvemos ateos espirituales; simplemente, no dependemos de Dios, y este tipo de oración profunda, sincera, que surge de la necesidad, que se traduce en un clamor a Dios, nos es extraña.

Un hermano anciano oró al Señor estas palabras: “Amado Dios, danos suficientes éxitos como para reconocer que estás aquí obrando; y suficientes fracasos, como para creer que te necesitamos desesperadamente”. Somos reacios a orar por nuestro matrimonio, hasta que surge un verdadero conflicto; por nuestros hijos, hasta que se endurecen y alejan de Dios; por la iglesia, hasta que se divide, se llena de pecado o de peleas; por nuestras autoridades, hasta que comienzan a sancionar muchas leyes contrarias a la Palabra de Dios; por nuestros líderes espirituales, hasta que alguno cae en pecado; por la salud, hasta que enfermamos; por la ayuda idónea, hasta que nos sentimos muy solitarios. La necesidad forja la súplica. La guerra espiritual en la que estamos inmersos, debería ser motivo suficiente para forjar súplicas en el alma.

La frase concluye diciendo que debemos orar “en el Espíritu”. Una iglesia llena del Espíritu Santo será una iglesia llena de Biblia (Efesios 6:17) y de súplicas (Efesios 6:18). En Romanos 8:15, su Palabra dice el Espíritu Santo nos convence de que somos hijos de Dios, y nos impulsa a orar y a llamarle: “Abba Padre”; Según Romanos 8:27, él intercede por nosotros para amoldar nuestras oraciones y pedidos a la voluntad de Dios. Concluimos que el Espíritu Santo es el Espíritu de oración; su guía nos lleva directamente a la oración. No puedo decir que soy “espiritual” si no estoy orando en el Espíritu.

C. Orar con toda vigilancia y perseverancia: “…y velando en ello con toda perseverancia”.

La palabra traducida “velando” (AGRUPNEO) significa, literalmente, “sin sueño”, o “mantenerse despierto”. Presenta el cuadro de un vigilante que debe permanecer despierto por causa del potencial e inminente ataque del ladrón. Así como el ladrón no avisa cuando van a atacar, Satanás, el ladrón de gloria, tampoco. ¡No te duermas! “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). ¿Dormirías tranquilo sabiendo que hay un león hambriento dentro de tu casa? Seguramente no; sin embargo, los cristianos dormimos a la oración. El diablo trabaja las 24 horas, y devora al dormido. Un ejemplo muy conocido que encontramos en la Biblia es el de David, quien decidió tomarse un día de sueño y distensión. El durmió hasta muy tarde mientras todos estaban en el campo de batalla. En esa tarde de pereza, vio una mujer que se estaba bañando. Así fue como entró en tentación, cayó en adulterio y arruinó parte de su vida y la de su familia. ¿Qué hubiera pasado si esa tarde hubiera pasado un tiempo a solas con Dios?

La Biblia dice en 1 Pedro 4:7: “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración”. Si supieras que el Señor viene mañana, y que sólo te quedan 24 horas sobre la Tierra, ¿dormirías?, ¿o le dirías a tu esposa que la amas? ¿No prepararías a tus hijos para el encuentro con Jesús? ¿No predicarías el evangelio a tus seres amados? ¿No irías contento a tu último culto en la iglesia? ¿No abrazarías a tus hermanos? ¿No orarías? ¡Vayamos a dormir pensando que por la mañana, quizás, nos despierte la trompeta que anuncia la segunda venida del Señor!

La palabra traducida “perseverancia” (PROSKARTEREO) significa “ser fuerte en pos de un objetivo”, e implica una “decisión”, o “determinación”. Es llamativo ver en el Nuevo Testamento la conexión existente entre “orar” y “perseverar”. La primera iglesia perseveraba en las oraciones (Hechos 2:42), y Pablo también instó a los colosenses a perseverar en la oración (Colosenses 4:2). ¿Por qué? Porque la tendencia no es la de perseverar, sino la de prescindir, o la de postergar la vida de oración. Uno se esfuerza por aquellas cosas que considera importantes. Un atleta, por ejemplo, es capaz de entregar su tiempo, dinero y deseos por una medalla de oro, de plata o de bronce. ¿Consideramos tan importante la soledad con el Señor en oración, como para hacer algunos “esfuerzos” por ella? ¿Somos capaces de levantarnos más temprano para orar cuando quisiéramos dormir? ¿Buscar la soledad con Dios, cuando quisiéramos estar todo el día con personas? ¿Seguir orando cuando las emociones no se enfocan en Dios? ¿Orar sin ganas?

Una madre entristecida por la dureza de corazón de su hijo, me preguntó: “¿Hasta cuándo debo orar por mi hijo? Llevo 4 años arrodillada por él.” ¿Hasta cuando? ¡Hasta que el Señor te lleve al cielo o se lo lleve a él! Y usted, ¿hasta cuándo debe orar por esa persona? ¡Hasta el último día de vida de ella o suyo! ¡Continúa orando!

D. Debemos orar por todos los hermanos: “…y súplica por todos los santos”

El combate es una realidad para todos los creyentes, por tanto debemos orar por todos nuestros hermanos. La palabra que se traduce “santos” (HAGIOS) significa: “separados”; somos santos porque hemos sido apartados del pecado para vivir para Dios. Sin embargo, no significa ser “autosuficientes”, “perfectos”, o “vivir sin sufrimientos”. Recordemos que los santos están en guerra contra Satanás y sus ángeles, quienes desean romper sus iglesias, destruir sus matrimonios, arruinar la relación que tienen con sus hijos, y su testimonio cristiano en la sociedad.

Asimismo, el texto aclara que debemos suplicar “por todos los santos”, aun por aquellos que son “difíciles de soportar”. Debemos orar para que les vaya bien a los que nos tratan mal; para ver crecer a aquellos que nos angustian; por los que están en etapas diferentes en la vida: los jóvenes deben orar por los abuelos; los abuelos, por los jóvenes. Los solteros, por los casados; y los casados, por los solteros. Los argentinos, por los extranjeros, y viceversa. Los líderes de ministerio, por la iglesia, y viceversa. Los ricos, por los pobres; y los pobres, por los ricos. Los pastores deben orar por la congregación; y la congregación debe orar por sus pastores. ¡Unos por otros!

Cuando en el versículo encontramos la palabra que se traduce “súplica” (DEESIS), se refiere a la oración que se forja en la “necesidad”. Los santos tienen muchas necesidades, y lo más glorioso que podemos hacer por nuestros hermanos, es llevar sus necesidades al trono de la gracia. ¿Estamos conscientes de la imperiosa necesidad que tienen nuestros hermanos de ser ayudados en oración? Todavía hay hijos rebeldes, o incrédulos; matrimonios en crisis y divorcios; cónyuges, parientes o amigos inconversos; hermanos enfermos, apartados, duros de corazón, o indiferentes a la Palabra de Dios. Aún hay Iglesias divididas, sin liderazgo espiritual; grupos de ovejas sin pastores o misioneros que enseñen la Biblia.

II. EL EJEMPLO DE PABLO: “OREN POR MÍ” (Vv. 19-20)

Luego de exhortarles a practicar la oración mutua, Pablo se pone como ejemplo extremo de necesidad: “Y por mí…” ¡Qué bueno hallar un Pablo de carne y hueso! Era un hombre que precisaba ayuda y la pedía a sus hermanos; no era un “superhombre”, sino un siervo en medio de la guerra espiritual, pidiendo ayuda en oración. El combate es una realidad cotidiana para todos los creyentes, pero de manera especial para aquellos que están metidos en el servicio de la enseñanza, porque allí van a enfrentar mayor oposición por parte de Satán.

Pablo pide oración a sus hermanos

  • ¿Cuál es el motivo? “… a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra…” Al momento de escribir estas palabras, Pablo estaba preso en Roma. Si estuvieras preso, ¿cuál sería tu pedido de oración prominente? ¿La liberación de las cadenas? ¿Apoyo económico? ¿Compañía fraterna? ¿Una celda con mayor comodidad? Pablo pide, a los santos, que oren para que él pueda predicar con sabiduría, y sin temor, el evangelio de Cristo. Puedes notar que Pablo decide abrir su boca y Dios es quien se la llena. Al parecer, cuando Dios halla un cristiano que, a pesar de sus temores, inseguridades, o falta de dones, abre su boca, se la llena con sus palabras.

En el evangelismo se combinan obediencia y fe: obediencia cuando, a pesar de todo, decido abrir mi boca; fe, porque creo que, luego de dar el paso, Dios me va a llenar la boca de sus palabras para poder hacerlo.

  • ¿Cuál es la meta? “… para dar a conocer…” No dice: “para convertir a la gente”, sino “dar a conocer”. El evangelio es poder de Dios para salvación. Yo no lo hago poderoso, sino que es poderoso; entonces, mi única función es darlo a conocer. Sin temores, sin omisiones, sin modificaciones; Dios maneja los resultados.
  • ¿Cuál es el mensaje? “… el misterio del evangelio…” En el Nuevo Testamento, un misterio es una verdad que Dios ha mantenido oculta, pero que, en su soberanía, ha decidido revelar. El “evangelio” es la buena noticia de que, a través de la muerte y resurrección de Cristo, Dios ha resuelto el problema de la culpa y la condenación del pecado de todo pecador que se arrepiente de su mal y cree en él. Dios es un ser infinitamente santo, recto, justo, y nos ha creado para su gloria. Todos los hombres hemos pecado, al vivir para otras cosas que no tienen como fin agradar a Dios, y al quebrantar sus mandamientos. Por tanto, estamos bajo la ira justa y santa de Dios; enfrentaremos un juicio justo mediante el cual seremos condenados. No obstante, Dios, en su gracia y amor, envió a su Hijo Jesús al mundo, para castigarlo en lugar de los pecadores. Es así que, siendo justo y santo, Cristo fue tratado en la cruz como si fuera el culpable de todos nuestros pecados. La paga del pecado es la muerte, y Cristo murió para cancelar la deuda de pecado que tenemos con la justicia de Dios; la deuda es nuestra, pero la pagó él. Luego, resucitó para comprobar que todas sus promesas son ciertas y que puede conceder su justicia perfecta a todo aquél que se arrepiente de su pecado y se vuelve a él de todo corazón. La fe nos lleva a Dios por medio de Cristo; así que, vuélvete de tus pecados, abandona toda confianza en tus méritos y abraza a Cristo como tu único Salvador, Señor y tesoro precioso.
  • ¿Cuál es la mentalidad? “… con denuedo…” Esto significa: “hablar todo”, “hablar sin temores, con libertad”, “decirlo todo”. Pablo no estaría de acuerdo con esa teología contemporánea de predicar el evangelio sin mencionar conceptos tales como “pecado” o “juicio” por miedo a ser irrelevante al oído moderno. ¡No! Él deseaba el poder espiritual para predicar todo el mensaje de salvación, sin omitir ninguna de sus partes.

Los siervos del Señor son constantemente tentados a callar y a cerrar las Biblias; puede ser por la falta de interés del auditorio, por la falta de capacidad, por las comparaciones desfavorables con otros maestros, por la falta de obediencia del auditorio, por la falta de frutos, o por lo arduo de la tarea; pero serán tentado a callar. Sin embargo, la oración de la Iglesia, en maneras soberanas que no entendemos, fortalece a los siervos para hablar.

  • ¿Cuál es el precio a pagar? “Por el cual (es decir, el mensaje del evangelio) soy embajador en cadenas…” (otras aclaraciones).

La frase “en cadenas” significa: “preso”; esto evidencia que Pablo quiso ir a Roma como predicador, pero llegó como prisionero. El embajador, enviado por el Rey de reyes y Señor de señores a proclamar la paz entre Dios y el hombre por medio de Cristo, está sufriendo en la cárcel, privado de su libertad y encadenado a un soldado romano. No hay mensaje tan menospreciado, odiado, resistido, y que provoque tanta persecución, como el evangelio del Señor Jesucristo. Miles de personas han sido encarceladas, perseguidas y martirizadas por su causa.

  • ¿Cuál era la pasión de Pablo? “…que con denuedo hable de él, como debo hablar…” Pablo no pide oración para recuperar su libertad, sino para tener el coraje necesario para cumplir su misión. En su pasión por la gloria de Dios en la salvación de los pecadores, Pablo considera que aun la cárcel es una buena plataforma para dar a conocer a todos el mensaje del Evangelio. ¡Y así lo hizo! En Hechos 28:30-31 leemos que Pablo predicaba y enseñaba a todos los que acudían a visitarle en su arresto domiciliario. Sabemos que Onésimo, el esclavo fugitivo de Filemón, conoció a Cristo con Pablo en la cárcel; sabemos que algunos que trabajaban para el “Cesar” (soldados, carceleros, etc.) se habían convertido a Cristo.

El creyente no tiene que preocuparse de la situación que lo rodea, sino dar testimonio a quienes le rodean. ¿Dónde te ha llevado la providencia de Dios? ¿A una oficina?, ¿un taxi?, ¿una fábrica?, ¿un taller?, ¿un negocio?, ¿una universidad?, ¿una escuela?, ¿tu hogar? ¡Esa es tu “laguna” personal en la cual podrás “pescar” almas para Cristo Jesús! Se trata de transformar toda circunstancia en un púlpito; aun las injusticias sufridas, los abusos reiterados, la burla, el menosprecio y la oposición pueden convertirse en un buen púlpito desde el cual anunciar a Cristo. Así que, no te frustres con tus circunstancias, mejor se fiel en predicar a Jesucristo en medio de ellas.

CIERRE Y APLICACIÓN FINAL

¿Recuerdas? Hemos reconocido que existen tres etapas en la vida de la mayoría de los siervos de Dios:

1) La etapa en la que cree que puede hacerlo todo.

2) La etapa en la cual se da cuenta que no pudo hacer nada.

3) La etapa en la cual, por fin, se da cuenta que debe depender de Dios para hacer todas las cosas.

¿Te interesaría tener la lista de los miembros de la iglesia para orar por ellos desde sus hogares? ¿Crees que debes añadir la oración a tus charlas con amigos? ¿Y en tu matrimonio? ¿En tus reuniones de ministerio? ¿Dices hoy: “Señor, ten misericordia y enséñame a orar”? ¿Quisieras formar parte de un equipo de oración que suplique por el país?

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