“No fue casualidad” Mateo 1 y 2, Psr. Mariano Merino

Hay una cuestión muy grande por definir: ¿los cristianos debemos celebrar la navidad, o no? La información histórica nos dice que el 25 de diciembre era el día en que los romanos celebraban el “Sol Invictus”, que fue un título religioso aplicado al menos a tres divinidades distintas. Con la supuesta “conversión” de Constantino, vino el intento de “cristianizar” las fiestas paganas, y así surgió la Navidad. Lo cierto es que aunque la Biblia no nos manda celebrar la navidad, sí nos habla acerca de la encarnación de Jesús, el Salvador de su Pueblo. Mateo escribe su evangelio con el propósito de demostrar, a los judíos expertos en la ley, que el mismo Jesús   a quien ellos habían crucificado, era el Mesías. Desarrolla su tesis a través del cumplimiento de las profecías. Hubo más de 40 personas que dijeron ser el “Mesías”, pero el punto de Mateo es que sólo Jesús demostró serlo, mediante el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento. ¡Así veremos que nada sucedió por casualidad!

En esta navidad recordemos:

I. LA PROVIDENCIA DIVINA (Mateo 1:1-17)

Esta genealogía tiene un claro propósito: comprobar que el Señor Jesucristo es descendiente de Abraham y de David, es decir, de la nación y de la familia real, a través de las cuales, Dios traería a su Mesías al mundo.

  • Como Hijo de Abraham, Jesús es la simiente prometida, a través de la cual, Dios puede bendecir a todas las naciones de la tierra. En Génesis 12:3 leemos: “… y serán benditas en ti (Abraham) todas las familias de la tierra” (otras aclaraciones).
  • Como hijo de David, él es el heredero real que gobernará sobre este mundo para siempre. Encontramos escrito en 2 Samuel 7:16 “Y será afirmada tu casa y tu reino (David) para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente” (otras aclaraciones).

El Señor Jesucristo posee las credenciales reales suficientes como para ser el Mesías prometido en el Antiguo Testamento. Sin embargo, esta genealogía es además un testimonio de la providencia de Dios, o su control sobre todas las cosas, porque si alguien eliminaba a Israel, o a la familia de David, el Mesías no hubiese venido.

En una ocasión, Atalía, madre del rey Ocozías, intentó eliminar la descendencia real de David. (2 Reyes 11:1-3). Su hijo, el rey, había muerto, y ella no quiso ceder el poder, así que decidió matar a todos los herederos al trono. ¡Parecía ser que la descendencia de David iba a desaparecer! Pero una mujer desconocida, llamada Josaba, por compasión, decidió ocultar al niño Joas - el único hijo sobreviviente del rey fallecido - lo llevó al tabernáculo, y lo ocultó allí por seis años. Cuando el niño creció, lo presentó en sociedad; el pueblo se organizó, a espaldas de la perversa reina Atalía, y ungió al niño como el nuevo rey de Judá. Esta es la soberana providencia de Dios en acción: preservó la línea Davídica y Mesiánica, usando un acto de bondad de una simple mujer judía.

II. LAS PROFECÍAS CUMPLIDAS (Mateo 1:18-2:25)

La frase “Para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta” (Mateo 1:22) es “favorita” de Mateo. La usa doce veces en su evangelio, a fin de probar que Jesús dio cumplimiento a todas las profecías del Antiguo Testamento.

Las profecías son:

A. El Nacería de una virgen (Mateo 1:18-25): En el versículo 23 se cita Isaías 7:14, profecía escrita 700 años antes de Cristo.

El “desposorio” (v. 18), para los judíos, era un contrato matrimonial hecho por los padres de los contrayentes, que era legalmente vinculante. En esta etapa, las personas estaban casadas por contrato, aunque todavía no convivían bajo el mismo techo. Por tanto, la frase que leemos allí: “antes que se juntasen”, significa “antes de que tuvieran relaciones sexuales”. Cuando José descubrió que María estaba embarazada, dio por sentado que ella le había sido infiel. Es así como José “quiso dejarla secretamente”, significando esto que decidió divorciar a María en secreto, para evitar la vergüenza y el castigo lapidario de su amada. La ley del Antiguo Testamento: “Si hubiere una muchacha virgen desposada con alguno, y alguno la hallare en la ciudad, y se acostare con ella; entonces los sacaréis a ambos a la puerta de la ciudad, y los apedrearéis, y morirán…” (Deuteronomio 22:23-24) ¡María debía morir apedreada! No obstante, José no quiso matarla, pero tampoco quiso convivir con una adúltera. En el versículo 20 vemos que, mientras José pensaba como hacer un divorcio silencioso, se le apareció un ángel en sueños y le dijo que debía recibir a María, porque aquel bebé que llevaba en su vientre era fruto del Espíritu Santo y no de un adulterio. Así fue como, en obediencia a Dios, él la recibió en casa.

Por otra parte, leemos en Lucas 1:34 que cuando María recibe la noticia, preguntó: “¿Cómo será esto? Pues no conozco varón”.

Mateo describe la perplejidad de José; Lucas, la de María. Todo esto para señalar que el niño no era hijo biológico de ellos, sino que él era el Eterno y Auto-existente Hijo de Dios, quién vivió cara a cara con su Padre desde toda la eternidad.

Ahora bien, ¿por qué el nacimiento virginal? En primer lugar, el Mesías no debía heredar la naturaleza pecaminosa de José. Cuando Gabriel anuncia su nacimiento dice: “… el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:35). En segundo lugar, debían cumplirse las profecías halladas en el Antiguo Testamento (manifiesto en la porción del texto que encontramos en Mateo 1:22-23). Por último, el Mesías debía esquivar la maldición de Dios sobre la descendencia de Jeconías. Por causa de la maldad del rey Jeconías, Dios proclamó una sentencia en la que prohibía a sus descendientes acceder al trono de David. “… ninguno de su descendencia logrará sentarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Judá” (Jeremías 22:30). El problema era que el rey Jeconías era parte de los antepasados de José (en Mateo 1:6, aparece David; en el versículo 11, Jeconías; y en el versículo 16, José). Es así como, en el verso 16, Mateo usa la frase “De la cual”, para enseñarnos que Jesús nació solamente de María, y no de José. De esta forma, Jesús no fue un hijo biológico de José y, por tanto, tampoco heredó su sangre, ni la maldición de Jeconías. A través del nacimiento virginal, Dios hizo que Jesús “esquivara” la maldición sobre Jeconías. ¿Es esto casualidad?

B. Nacería en Belén (Mateo 2:1-6). Cuando Herodes escuchó de labios de los sabios acerca del nacimiento del “Rey de Israel”, se turbó y reunió a los estudiosos de la ley para que le dijeran dónde dice el Antiguo Testamento que el Mesías debía nacer (Vv. 1-4). Ellos respondieron conforme a la profecía. En los versículos 5 y 6, citan Miqueas 5:2 (700 a.C.): “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel…” ¡Respondieron bien! Conocían acerca del tema, pero la falta de fe en ellos se hizo evidente en el hecho de que ni siquiera se molestaron en acompañar a los magos a Belén. Si crees, ¿no viajarías 10 Km para ver al Mesías? Hoy en día existen los estudiosos de Jesús. Son almas que estudian, leen, o ven documentales acerca de los detalles de la vida de Jesús, pero no se arrepienten de sus pecados, ni se someten a él como Señor.

La profecía decía que el más grande nacería en la aldea más pequeña de Judá. ¡El Mesías nacería en Belén! Sin embargo, había un gran problema: José y María estaban viviendo en Nazaret, a unos 120 Km al Norte de Belén.

En Lucas 2:1-7, se nos cuenta que al noveno mes de embarazo de María, Augusto César promulgó un edicto obligando a todo el mundo a viajar a su ciudad natal para ser empadronado. Augusto hizo esto para actualizar los registros y potenciar la recaudación de impuestos, ¡no fue hecho para que se cumpliera la profecía! Lo cierto es que José tuvo que salir de Nazaret, con su esposa a punto de dar a luz, y viajar unos 120 Km hasta su ciudad natal: Belén. En Lucas 2:4-7 leemos: “Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén […] Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales…” Dios usó un edicto imperial para dar cumplimiento a la profecía de Miqueas, escrita unos 700 años antes de que Jesús naciera en Belén. ¿Es esto casualidad o causalidad?

C. El niño sería llevado por sus padres a Egipto (Mateo 2:7-15). “De Egipto llamé a mi Hijo” (v. 15 y Oseas 11:1). Oseas habló del hecho histórico en el cual Dios guió a su hijo Israel a salir de la esclavitud en Egipto, en el año 1445 a.C. La salida de Israel de Egipto, prefiguró la salida del niño Jesús de Egipto, 1450 años después. Y, ¿por qué querrían María y José recorrer con su recién nacido unos peligrosos 150 Km hasta Egipto? El celoso e inseguro rey Herodes, al enterarse que el Rey de los judíos había nacido, decidió averiguar el lugar exacto en el que estaba, no para adorarlo, como él dijo (v. 8), sino que él quería matarlo (v. 13). Sin embargo, un ángel se le apareció a José y le dijo que llevara al niño a Egipto hasta que Herodes muriera y cesara el peligro. Dios usó el odio de Herodes para el cumplimiento de la profecía. Los sabios luego de adorar al bebé en Belén, volvieron a su tierra sin compartir con Herodes los datos requeridos.

María y José eran muy pobres. Cuando presentaron a su bebé en el templo no tenían ningún animal para ofrecer. ¿De dónde salió el dinero para costear los gastos de semejante viaje? Del oro que le regalaron los sabios.

D. En sus días habría una matanza de niños. (Mateo 2:16-18). En el versículo 18, Mateo cita la profecía que encontramos en Jeremías 31:15. Aquí se describe el lamento de las madres judías, viendo a sus hijos morir de hambre por causa de la guerra contra los caldeos en el año 586 a.C. El lamento de ellas prefiguraba al de las madres de los bebés asesinados por Herodes, unos 590 años después. A pesar de ser anciano, y de haber reinado aproximadamente treinta años, Herodes “el Grande”, seguía con la idea paranoica de matar a todo aquél que podría considerarse un rival potencial en su reinado.

Cabodevilla dijo: “¿Qué podía importarle a él la muerte de veinte o treinta hijos de pastores sin nombre? Apenas conquistó Jerusalén y se instaló allí como rey, ordenó matar a cuarenta y cinco partidarios de Antígono, su contendiente; mató a su cuñado Aristóbulo, a los dos esposos de su hermana Salomé, a su propia suegra Alejandra, a su mujer Marianne, a sus hijos Alejandro y Aristóbulo, e incluso ordenó ejecuciones de judíos, posteriores a su muerte”. La paranoia de Herodes, sin proponérselo ni desearlo, dio lugar al cumplimiento de la profecía.

E. El crecería en Nazaret. (Mateo 2:19-23). “… para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas…”

Una vez muerto el rey Herodes, un ángel le dijo a José que regresara a Belén; pero de camino, se enteró de que el Hijo de Herodes, Arquelao, comenzó a reinar en Judea en lugar de su padre, y tuvo miedo de ir a Belén. Dios le guió entonces hacia el Norte, hacia Galilea y, específicamente, a la menospreciada ciudad de Nazaret. Natanael expresa el concepto que la gente tenía de la ciudad: “Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo bueno?” Juan 1:46ª. Cuando el versículo 23 dice que habría de ser llamado “nazareno”, significa que sería tratado con desprecio. En Salmos 22:6-8 leemos: “Mas yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen; estiran la boca, menean la cabeza diciendo: Se encomendó a Jehová, líbrele él; sálvele, puesto que en él se complacía.” Al describir los sucedido más tarde en el calvario, Mateo dice: “Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza […] también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y fariseos y los ancianos, decían: […] Confió en Dios, líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios” (Mateo 27:39-44). ¿Por qué todo esto? Porque debían cumplirse las profecías que acreditaban su identidad Mesiánica.

Se ha sugerido la idea de que Jesús, al conocer las profecías de antemano, armó su vida en base a ellas. La respuesta lógica a esta falacia es que muchas de estas profecías estaban fuera de su control. ¿Cómo, siendo bebé, podría elucubrar una matanza de niños u ordenar a sus padres que lo llevaran a Egipto? ¿Cómo controlaría las circunstancias para llegar a nacer en Belén y, más tarde, llegar a criarse en Nazaret?

Otros, sin embargo, especulan diciendo que las profecías se escribieron después y no antes de que sucedieran los hechos; es decir, alguien investigó los hechos pasados, descubrió que Jesús nació en Belén, luego escribió una “profecía” anunciando su nacimiento allí, pero fechó su documento, unos cientos años antes de Cristo. La respuesta a esta falacia es que hay un documento histórico que la destruye: La Septuaginta o LXX, que es la traducción griega del Antiguo Testamento hebreo, realizada por setenta eruditos. Esta versión data del 250 a.C., por lo que, entre el tiempo del nacimiento de Jesús y las profecías escritas en la LXX, existen al menos 250 años de diferencia. La precisión de los detalles de las profecías bíblicas se contrasta con los vagos oráculos de los astrólogos. De los cinco continentes habitados, la profecía señalaba a Asia; de todos los países de Asia, señalaba a Israel; de todas las provincias de Israel, apuntaba a Judá; de todas las ciudades de Judá, marcaba a Belén; de todas las familias de Belén, apuntaba a los descendientes de David; y de todos sus descendientes, señaló a una joven virgen: María.

¿Por qué nació en tiempos de Herodes y no en otro tiempo? Porque las profecías de Daniel 9:27 anunciaban que después de la muerte del Mesías el templo sería destruido. Esto sucedió en el año 70 d.C.

III. HAY PERDÓN OFRECIDO (Mateo 1:3-6 y 21)

A través de las providencias divinas y las profecías cumplidas, quedó demostrado que Jesús era el Mesías prometido, aquél que vendría a reinar y bendecir al mundo. ¡Sin embargo, no sucedió! ¿Cuál fue el propósito de su venida? En Mateo 1:21 leemos: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Dios mismo le puso el nombre a su Hijo. Este nombre, “Jesús” (IESOUS), es una transliteración del hebreo: “YAHSHUA” (YAH= JEHOVÁ + SHUA= SALVA). Su nombre proclamaba la misión que lo trajo al mundo. La voluntad del Padre para su Hijo era que sea el Salvador de la culpa y castigo de los pecados de su pueblo.

La palabra traducida “Salvará” (SOZO), significa “rescatar” o “liberar a alguien de una situación desesperante”. ¿En qué situación tan desesperante se halla el hombre (tú también) como para necesitar un Salvador Divino?

¡A causa de nuestro pecado, somos culpables ante Dios! La Biblia dice que después de la muerte habrá un juicio:

  • Basado en nuestras obras: “Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios […] y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.” Apocalipsis 20:12.
  • Basado en nuestras palabras: “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.” Mateo 12:36.
  • Basado en nuestros pensamientos: “En el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.” Romanos 2:16.

Con sinceridad: ¿crees que puedes ser declarado inocente?

¿Dónde podemos hallar justicia? “El salvará”. El pronombre es enfático: ¡Él y sólo Él! No nuestras obras o méritos; sino que Él salvará a su pueblo de su pecado. Jesucristo vino al mundo a buscar y a salvar a los pecadores perdidos. Él lo hará; no fallará. La gran comisión nos envía a predicar el Evangelio a toda criatura; pero en Apocalipsis 7:9-10 vemos el fin de esta película. ¡Allí vemos gente de toda lengua, pueblo, tribu y nación, adorando al Cordero! Él salvará a su Pueblo de la pena del pecado que lo consume, de la paga del pecado que lo condena, del poder del pecado que lo esclaviza, de la presencia del pecado que lo agobia. ¡Algún día, seremos como él!

La frase: “Y dará a luz un hijo”, describe el misterio de los misterios: Dios decide “nacer” de un ser humano. De esta manera, se identifica con el hombre. Dios habita, convive, camina, habla, ríe, llora, come con el hombre, pero, además, el Dios de los cielos sufre, sangra y, finalmente, muere por el pecado del hombre. La omnipotencia Divina: se sometió voluntariamente a las limitaciones del brazo humano. Aquél que es omnipresente, se limitó a los confinamientos de un cuerpo humano; aquél que es omnisciente, se limitó a las funciones de un cerebro humano; el inmortal, se hizo mortal; el creador, tomó forma de criatura; el rey se convirtió en un siervo; el rico, se hizo pobre; Dios mismo, se hizo hombre. ¡Oh maravilla de las maravillas! Cristo fue 100% Hombre a través de María; pero también fue 100% Dios Santo a través de la concepción del Espíritu Santo.

¡La naturaleza divina siempre estuvo con Cristo, pero la naturaleza humana la recibió de su madre María! ¿Para qué? Hebreos 10:5 dice: “… Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo”. El Hijo le dice al Padre: Tú me preparaste un cuerpo. Esto lo hizo para capacitarlo para ser un sacrificio adecuado y perfecto por el pecado de su pueblo. Cristo precisaba tener un cuerpo humano para poder sacrificarlo en lugar del pecador.

La Biblia dice que "… la paga del pecado es muerte…" (Romanos 6:23), y como hemos pecado, debemos morir para que las demandas de la ley sean satisfechas. La Biblia también afirma que Cristo nunca hizo pecado (1 Pedro 2:22). ¿Por qué murió entonces? Jesús quiso morir en la cruz para cancelar la deuda del pecado de su pueblo (Mateo 1:21). Resucitó para probar que esto era cierto. Si hubiera muerto por sus propios pecados, aún estaría muerto.

Esto significa que, en la cruz, Cristo fue tratado como si fuera el culpable de todos los pecados de su pueblo. Nuestra culpa y castigo, entonces, no fueron “indultados”, sino “trasladados” al cuerpo del amado Hijo de Dios (2 Corintios 5:21). El justo muere en lugar de los injustos, para llevarlos a reconciliarse con Dios (1 Pedro 3:18).

Dios, en su justicia, debe condenar a los pecadores como nosotros; pero en su admirable amor, ha decidido condenar a su Hijo en nuestro lugar (Romanos 5:8). Nos asombra pensar que el mismo Dios que debe derramar su ira sobre nosotros, por causa de nuestros pecados, la ha decidido descargar sobre su amado Hijo en la cruz. Así, la deuda del pecado de su pueblo ha sido cancelada (Juan 19:30). La justicia de Dios ha sido satisfecha; y ahora, Dios puede salvarte de la condenación que mereces, porque Jesús se ha condenado en tu lugar. “Cristo tuvo una concepción y nacimiento virginal para mostrar que no ha heredado el pecado de Adán. Vivió treinta y tres años sobre esta tierra, demostrando su perfecta justicia. Murió cancelando la deuda de nuestras injusticias. Resucitó para comprobar que puede imputar su justicia a la cuenta de todo aquél que confíe, no en sus propias obras (Romanos 3:20), sino en la obra de Cristo, se arrepienta de su pecado y decida seguir a Cristo”. La voz del Señor manda a todos los hombres a que se arrepientan de su pecado y crean en el Evangelio (Marcos 1:15).

En estas fiestas, nuestra oración es que te vuelvas de tu camino de pecado, para abrazar por la fe a Cristo como tu Salvador, Señor, y tu mayor tesoro; para que puedas amarle y servirle ahora y para siempre. Al fin y al cabo, el mismo Jesucristo aseguró: “… al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37).

Pruebas irrefutables de esta verdad son los nombres de las cuatro mujeres que aparecen en la genealogía La inclusión de ellas aquí es una sugerencia sutil de que la venida de Cristo traería salvación a los pecadores: Rahab (Mateo 1:5a), quien fue una vil prostituta de la ciudad de Jericó. Para un judío, ambas cosas eran aborrecibles. No obstante, ella es incluida en esta lista de antepasados del Mesías, y también en la lista de los héroes de la fe de Hebreos 11. Sin importar cuán grave es tu pecado, quiero decirte que en la cruz fue pagado, y que si crees, serás lavado.

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