“Fiel, a pesar de las circunstancias” 2 Timoteo 1:6-18, Psr. Sergio Suárez

Durante el primer encarcelamiento de Pablo en Roma, él se encontraba bajo arresto domiciliario. Dentro de ese contexto, él podía recibir visitas, enseñar e incluso predicar el evangelio. En Hechos 28:30-31 dice: Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento”. No obstante, en el momento de escribir esta epístola - alrededor de cinco o seis años después (año 66d.C.) - las circunstancias habían cambiado para él: estaba encadenado. Según  2 Timoteo 1:16, sabemos: “Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis cadenas”. A pablo lo trataban como un delincuente. 2 Timoteo 2:9 dice: “en el cual sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; más la palabra de Dios no está presa”.

Pablo estaba en una situación totalmente diferente: quizás un poco más frágil de salud, con poca luz, en un calabozo y, muy posiblemente, un calabozo lleno de gente. Los de Asia Menor lo abandonaron: “Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes” 2 Timoteo 1:15.

Pablo escribe a su amado hijo en la fe, Timoteo, con el anhelo de verlo, tal cual lo dice en capítulo 4:9 del libro que estamos abordando: “Procura venir pronto a verme”;y en el versículo 21 encontramos:“Procura venir antes del invierno. Ébulo te saluda, y Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos.”

Timoteo se encontraba pastoreando la iglesia en Éfeso. Eso lo sabemos por 1 Timoteo 1:3, que dice:“Como te rogué que te quedases en Éfeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina”. También estaba pasando diferentes circunstancias, presiones, pruebas (por dentro y por fuera). Miremos algunos pasajes:

  • “Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes.”2 Timoteo 2:14
  • Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad.Y su palabra carcomerá como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto, que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos.”2 Timoteo 2:16-18
  • También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.”2 Timoteo 3:1

 

  • “Mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados.”2 Timoteo 3:13
  • Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.”2 Timoteo 4:3-4

Timoteo también estaba frágil de salud. En 1 Timoteo 5:23 leemos: Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades”. Teniendo en cuenta este contexto, Pablo sabía que Timoteo necesitaba de su cuidado, de su atención, y le va animar a ser fiel a pesar de las circunstancias.

I. Permanece fiel a tu llamado: (Vv6, 7)

Es muy probable que el ánimo de Timoteo estaba “bajo” y que se estaba “enfriando”, en algún punto, por todas las circunstancias que vimos anteriormente. Por esta razón, hace un llamado a recordar la fe de su madre, su abuela, e incluso su misma salvación, diciendo en el versículo 6:“Por lo cual”(por esta razón, según otras traducciones), la fe sincera que tenía lo debía llevar a un servicio fiel, y debía usar su don sin reservas para la gloria del Señor. John MacArthur dice: Nuestro propósito único como cristianos es obedecer y servir al Señor por medio del don con el cual nos bendice de forma única a cada uno de nosotros, de modo que la iglesia pueda edificarse.

Pablo está animando a su amado Timoteo sobre algo que Timoteo ya sabía:“que avives el fuego”; esto significa que debía “atizar las brasas para que ardan y no se apaguen”. Encontramos un ejemplo en 1 Corintios 15:31: “Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero.” Esto, hermanos, significa que cada día nosotros debemos morir a nuestro yo y a nuestra propia voluntad para permitir que el Espíritu Santo de Cristo obre su voluntad a través de nosotros.

El apóstol le dice a su amado Hijo:“que avives el fuego del don de Dios”. En 1 Tesalonicenses 5:19 dice:“No apaguéis al Espíritu”. La idea es que bajo la guía del Espíritu Santo, debemos usar nuestro don, no sea que se atrofie por desuso. Pablo recuerda a Timoteo el momento en el que Dios lo llamó al servicio y la iglesia local lo ordenó: “No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio.” 1 Timoteo 4:14. Aquí, la palabra que se traduce “don”, hace referencia a las categorías de los dones espirituales que explica en Romanos 12 y 1 Corintios 12, un “don de gracia”. Nuestro Señor, de una manera soberana, otorga a cada creyente de acuerdo a su voluntad divina, sin que importe algún mérito, calificación o búsqueda personal. Pablo amonestó a los romanos acerca de la importancia de utilizarlos: De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe” (Romanos 12:6). También leemos en 1 Pedro 4:10-11: Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén”.

Los dones divinos en el creyente son inseparables de su llamamiento divino en la salvación; se entregan a cada cristiano con el fin de capacitarlo de modo único para servir a Dios en las áreas específicas del ministerio al que ha sido llamado. De esta manera, los dones de Timoteo lo prepararon, no sólo para predicar y enseñar, sino también para hacer la obra evangelista, y así cumplir su ministerio, como observamos en 2 Timoteo 4:5: “Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio”. La frase que Pablo menciona aquí, se explica en 2 Timoteo 4:2:“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”.

 

Por otra parte, la imposición de las manos era una práctica común en los tiempos apostólicos. En la Palabra de Dios encontramos:“a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos.” (Hechos 6:6); y “Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.” (Hechos 13:3). Sin embargo, hoy en día ningún creyente tiene la misma autoridad, ni los mismos privilegios que los apóstoles, sino que cuando imponemos las manos sobre las personas que son encomendadas al ministerio, lo hacemos simbólicamente y no pensando en impartir algún don espiritual.

Pablo amonesta a Timoteo, pero también a nosotros, a usar de manera constante nuestros dones para que Cristo obre completamente su voluntad en nosotros, y a través de nosotros. Cualquiera sea nuestro don, debemos ejercerlo para la extensión de su reino, la edificación de su Iglesia y para su gloria.

La única manera por la cual Timoteo podría permanecer fiel era utilizando los recursos del Señor (v. 7): “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”

Lo que Pablo quiere comunicar al principio del texto es que Dios ya le ha provisto todos los recursos para la obra. La Biblia habla del temor como un temor reverencial y adecuado a nuestro Señor. Por el contrario, cuando Pablo utiliza la palabra cobardía, la idea es “timidez”, “cobarde” o “que se avergüenza”, dado por un carácter débil y egoísta.

El apóstol le dice a su hijo amado en la fe que Dios nos dio un Espíritu de poder, es decir, una gran “fuerza” o “energía”; de allí obtenemos el término “dinamita”. Por ejemplo, Efesios 1:19-20 dice: y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales”. Este mismo poder es para que nosotros seamos eficaces en el servicio y Pablo ora para que los creyentes en Éfeso sean conscientes de ese poder. Por medio de Cristo, tenemos el poder sobrenatural de Dios. Cuando nuestra confianza está totalmente en él, y el anhelo de nuestro corazón es agradarle, Él está siempre dispuesto. En Efesios 3:20 leemos: Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros”; y Hechos 1:8 dice: “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

Pablo también le recuerda a Timoteo que Dios nos dio el recurso del amor divino. Como dice Romanos 5:5: “y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”. Este amor incondicional es un amor constante, que no cesa; es el amor de Cristo, tal cual como leemos en Juan 15:12: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado.”

Pablo anima a Timoteo diciéndole que Dios nos dio el poder y  su amor. Nuestras vidas espirituales deben estar moldeadas por este amor maravilloso, el cual es “ágape”, es decir, desinteresado y que desea y actúa buscando el bien del otro.

El dominio propio al que hace referencia el texto, tiene el significado de una “mente segura y sana”, pero en este contexto podríamos hablar de una mente con las prioridades apropiadas, una mente disciplinada y controlada, es decir, Pablo pretendía que su hijo en la fe, Timoteo, tuviera una actitud serena y sobria frente a los engaños y la malicia de los disidentes.

II. Permanece fiel al Evangelio de Cristo

Ya que Dios nos dio un espíritu de poder, amor y dominio propio, no te avergüences. Esto mismo se nombra en el v. 12:  “Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día”; y: “Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis cadenas” (v. 16). En otras palabras, Timoteo, no te avergüences de predicar de Cristo, y que no te avergüence tener un amigo en prisión por causa de Cristo. Quizás, el miedo a sufrir la oposición de los enemigos del evangelio podría hacer que Timoteo sintiera vergüenza y se abstuviera de hacer el ministerio completo, o tal vez no quería entrar en conflicto. Es así como Pablo anima a su discípulo diciéndole que debe participar de las aflicciones como una experiencia normal para el creyente.

El apóstol Pedro en su primera carta dice (cap. 2, v. 20): “Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Más si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios”; y agrega (en cap. 3, v. 17): “Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.”

El evangelio moderno dice que “Dios siempre te dará una vida de prosperidad, una vida rebosante de salud, y si sos un “buen creyente”, vas a tener una vida tranquila”, pero recordemos que Pablo estaba enfermo en un calabozo lleno de gente y a punto de ser ejecutado; sin embargo, este hombre de Dios estaba totalmente pleno en Él y dispuesto a morir por el evangelio, y a pesar de su situación le dice a su hijo: “no te avergüences”.

Dios usa el sufrimiento para dar testimonio de la constancia de nuestra fe, y para instruirnos. El sufrimiento fortalece nuestro carácter y nuestra fe, y lleva a los creyentes hacia la madurez espiritual. En 1 Pedro 4 :12-13 leemos:  Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría”.

Es imposible sentir miedo o vergüenza cuando nos damos cuenta de lo que Dios nos ha dado. Por eso, tanto Timoteo como cada creyente deben servir con fidelidad y valor, aun cuando hay peligro y sufrimiento.

La forma en la que Timoteo evitaría avergonzarse era recordando cada día el llamado santo del Señor. Es así que Pablo no estaba enseñándole a Timoteo verdades nuevas, sino recordándole que estas verdades del evangelio lo debían motivar hacia la fidelidad a su Señor y Salvador.

En la salvación, Dios es quien toma la iniciativa y también quien la lleva a cabo. Las nuevas buenas del evangelio salvan de la condenación eterna, tal como dice 1 Timoteo 1:15: Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero”. Nuestra condición sin Dios es desesperante, es una situación de condenación eterna. La Biblia enseña en Romanos cómo es la situación del hombre: “… No hay justo, ni aun uno; […] no hay quien busque a Dios. […] No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. […] No hay temor de Dios delante de sus ojos. Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:10b-18, 23). No obstante, también la palabra de Dios nos dice en Romanos 5:8: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. En los versículos siguientes a este pasaje (v. 9 y 10) leemos: Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida”. Esto es, el Señor no nos salvó de acuerdo a nuestras obras, sino conforme a su gracia; y tampoco nos llamó a vivir conforme a nuestras obras, sino a su propósito.

En resumen, Pablo le está diciendo a Timoteo: Mantente firme, aviva tu don, participa de los padecimientos por el evangelio de Cristo, porque ya formamos parte de los que han vencido la muerte por medio de Cristo.

Y para concluir lo que Pablo estaba expresando, le afirma a Timoteo lo siguiente: “Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.” (1 Timoteo 1:12).

Pablo no se avergüenza del Señor, porque estaba seguro en quién creyó, y esto con lleva la idea de conocer con certeza.

Pablo escribe en Romanos 8:35-39: ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”

Pablo paso por muchas dificultades en su vida: oposición, persecución, peligros de todo tipo; sin embargo, vio al Señor Soberano controlando absolutamente todo. Así lo leemos en 2 Timoteo 4: 14-18: “Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos. Guárdate tú también de él, pues en gran manera se ha opuesto a nuestras palabras. En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león. Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén”. Su confianza provenía de su entrega absoluta a Dios sin reservas. Como leemos en 2 corintios 5:9: Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables”.

III. Permanece fiel a la doctrina

Así como un artista tiene su boceto para guiarse, también Timoteo tenía un patrón para encaminarse. Pablo le dice en 2 Timoteo 3 :15-17: y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”

La sana doctrina lleva a una vida santa, y la ausencia de ella lleva a una vida no santa. La valentía en el ministerio nunca es posible sin convicciones bíblicas, por eso Pablo le afirma a Timoteo, y a nosotros, la importancia del estudio de la palabra de Dios. Esto no nos debe llevar a un conocimiento teológico carente de amor, porque estaríamos en graves problemas. Pablo escribe en Efesios 4:15: sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo”.

Ya finalizando, Pablo anima a Timoteo a permanecer firme mirando el ejemplo de Onesíforo. De Figelo y Hermógenes no conocemos nada, a excepción de su cobardía. Sin embargo, seguramente Timoteo los conocía y por eso Pablo los nombra. Onesíforo era de Éfeso, viajó a Roma y buscó a Pablo para confortarlo. El lenguaje del versículo 17 indica que no le fue fácil localizarlo, pero persistió hasta encontrarlo. Por tercera vez en el capítulo, el autor usa la palabra “avergonzarse” (v. 16). Onesíforo no se avergonzó de Pablo, el prisionero, sino que se identificó con él y se esforzó por socorrerlo. Cuando en el pasaje leemos “Me confortó” (v. 16) debemos entender su significado, es decir, “me refrescó”. El apoyo de Onesíforo levantó el ánimo de Pablo como si fuera “aire fresco” que entra en el calabozo donde pasaba sus días y sus noches. Onesíforo visitaba regularmente al apóstol, ya anciano, y ministraba sus necesidades sin miedo ni vergüenza. Un comentario sobre 2 Timoteo dice lo siguiente: “Pablo dedica estos tres versículos a describir el ministerio de este hombre de Dios. Timoteo y otros lectores de la carta verían el ejemplo de uno que mostró su lealtad al apóstol a pesar de las circunstancias adversas y las posibles críticas y peligros. Hemos de imitar el amor y valor de Onesíforo y no el cobarde abandono de Figelo y Hermógenes.” (Comentario extraído de Estudios Bı́blicos ELA: Toma la estafeta (2da Timoteo); Orth, S).

Concluimos con el pasaje que encontramos en 2 Corintios 4:7-18: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De manera que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida. Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos, sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros. Porque todas estas cosas padecemos por amor a vosotros, para que abundando la gracia por medio de muchos, la acción de gracias sobreabunde para gloria de Dios. Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.”

Querido lector, ¿estamos participando de las aflicciones por el Evangelio? ¿Estamos usando el don que Dios nos dio para su gloria?

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