“Seguros en el Señor”, Carta de Judas vs. 1-2, Psr. Mariano Merino.

Pocos años antes de la redacción de esta carta, Pablo escribió: “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1era. Timoteo 4:1).

 Cuando Judas escribió su carta, la apostasía profetizada por Pablo ya se había infiltrado en muchas iglesias.

La apostasía es el lento proceso mediante el cual las personas se apartan de la fe que alguna vez profesaron.

La apostasía es muy, muy dañina porque es un mal que se da dentro del seno de la iglesia. (Vs. 4,12).

Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño” (Hechos 20:29). ¡Están en la iglesia vestidos de ovejas perdonadas, pero en realidad son lobos rapaces!

Como ellos no son de Cristo, no desean vivir para Cristo y dividen las iglesias. ¡No se puede pastorear lobos!

Judas Iscariote (no el autor de la carta) era uno de los doce discípulos, caminó tres años con Jesús, y ¡hasta hizo viajes misioneros! ¡Pero no era del Señor!

El propósito de la carta de Judas:

I.-Exhortarnos a defender la Verdad (v. 3).

II.-Darnos herramientas para que podamos descubrir a los mentirosos. Judas describe a estos hombres para que sepamos reconocerlos (vs.4, 8, 10, 11, 12, 14, 16, 19).

En tiempos de apostasía, la iglesia precisa siervos en su conducción y aferrarse a la seguridad en Cristo.

 

I.Siervos en la congregación.

Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Jacobo…” (v. 1).

Tradicionalmente, el escritor de esta epístola fue Judas, el medio hermano de Cristo mencionado en Mateo 13:55 y Marcos 6:3; y el hermano de Jacobo (Judas 1; Hechos 15:13).

Sabemos por 1era. Corintios 15:7 que Jacobo se convirtió en cristiano después de la resurrección de Jesús. Podemos asumir que con Judas pasó lo mismo. Lo cierto es que los hermanos de Jesús, ya convertidos, llegaron a ser parte del grupo de oración que esperaba la venida del Espíritu Santo (Hechos 1:14). Años más tarde, vemos que llegaron a ser líderes reconocidos en las iglesias del primer siglo (1era. Corintios 9:5). ¡Se los asocia con los doce apóstoles!

A pesar del target que tenía entre las iglesia, Judas prefiere identificarse como un “esclavo del Señor Jesucristo” (v. 1).

Judas no quiso identificarse como el “hermano del Señor” (amigo del jefe) sino como un “esclavo” del Señor.

¡Ser cristiano es ser un esclavo feliz de Cristo! En el Nuevo Testamento, la palabra “doulos”, aparece ciento veinticuatro veces en el texto griego.

El padre de la iglesia, Ignacio, quien murió en el año 110 AC, en su carta a los Filipenses escribió: “Amarren su túnica suelta y sirvan como esclavos de Dios, en temor reverente y verdad”.

Agustín, el “doctor de la gracia” (años 354-430) en uno de sus sermones preguntó: “¿No merece tu Señor tenerte como su esclavo confiable?”.

Spurgeon: “Los santos antiguos se deleitaban en contarse como propiedad absoluta de Cristo, comprados por él, propiedad absoluta de él, enteramente a su disposición.”

Alexander Maclaren: “Para los hermanos, la sumisión absoluta e incondicional, es el secreto de todo lo que hace la vida cristiana gloriosa, grande y feliz”.

Pero en las iglesias de hoy, no se habla mucho acerca de esto. Se habla del éxito, la salud, la prosperidad y la búsqueda de la felicidad. En lugar de enseñar el evangelio Bíblico que llama a los pecadores a someterse a Cristo, el mensaje contemporáneo dice que Jesús está presente para cumplir los deseos de las personas.

El problema es que los cristianos de hoy van a la iglesia en dos autos: “Autogratificación” y “Autorealización”.

Al siervo no le Importa la posición, sino el privilegio de servir. “y hermano de Jacobo…” (Judas v. 1).

Jacobo, estaba al frente de la iglesia en Jerusalén y era un siervo más respetado y reconocido que Judas.

¡Pero Judas se contenta en ser el segundo, “el hermano de Jacobo”! Igual que Andrés, quien fue conocido como el hermano de Simón Pedro. ¡Judas y Andrés estaban al lado de hombres más reconocidos que ellos!

Ojo: Mientras que los apóstatas rechazan la autoridad (Judas v. 8), cuestionan el liderazgo establecido (Judas v. 16) y causan divisiones peleando por poder (Judas v. 19), el siervo del Señor se contenta con tener un lugar de servicio en su viña.

¡Mientras que los apóstatas hablan cosas infladas (v. 16), los siervos del Señor sólo quieren glorificar a Cristo!

¡A Judas no le interesaba ser importante! T. Evans dijo: “El orgullo es como la barba; lo cortas pero vuelve a crecer”.

Pablo: “No un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo”.

Agustín: “Fue el orgullo el que convirtió a los ángeles en demonios; es la humildad la que convierte a los hombres en ángeles”.

Agustin: “La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no es saludable”.

Ejemplo: Jesús acababa de anunciar que iba a ser crucificado en Jerusalén; pero los discípulos le preguntaron: “¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Jesús respondió: Cualquiera que se humilla como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos” (Mateo 18:1-5). ¿Quién es el mayor? El que se humilla como un niño.

¡Los niños no son venerados, ni aplaudidos, ni reconocidos por sus logros; no les importa ser importantes!

 

II.Seguridad en Cristo.

Judas describe a sus lectores usando cuatro palabras que reflejan las bendiciones que tienen en Cristo.

Los creyentes somos:

A.-Llamados.

B.-Santificados en Dios Padre.

C.-Guardados en Jesucristo.

D.-Bendecidos.

Judas comienza (Judas vs. 1-2) y culmina (Judas vs.24) su carta, haciendo afirmaciones sobre la seguridad del creyente.

El tema de la apostasía puede generar miedo e inseguridad, pero las bendiciones de Dios nos llenan de paz.

 

A.-Llamados.

La expresión se enfoca en el pasado. Se trata del llamado electivo, eterno y eficaz de Dios para salvación. Hay un llamado general que puede ser rechazado: “Muchos llamados, pocos escogidos” (Mateo 22:14).

Se trata del llamado especial e interno de Dios mediante el cual despierta la voluntad humana e imparte vida espiritual que permite a los pecadores que una vez estuvieron muertos, arrepentirse y creer en Jesucristo”.

La Biblia identifica a los cristianos como “Los llamados” “…para los judíos ciertamente tropezadero, para los gentiles locura, más para los llamados, así judíos como gentiles, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios”

(1era. Corintios 1:23). Este verso divide la humanidad en tres grupos: judíos, gentiles y llamados. ¡El creyente es llamado!

En Apocalipsis 17:14: “él es Señor de señores y Rey de reyes, y los que están con él son llamados y elegidos y fieles”.

¡Si eres cristiano, es porque has oído la verdad del evangelio, y has respondido al llamado de Dios por el Espíritu Santo!

Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros (…) de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación mediante la santificación por el Espíritu y la fe en verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo” (2da.Tesalonicenses 2:13-14).

¡Si Dios nos ha llamado para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo, sin duda alguna, nos llevará allí!

¡Somos salvos, no por nuestros méritos, sino por su llamado soberano que nos lleva a la gloria!

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo…Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó y a los que justificó, a éstos también glorificó” (Romanos 8:29-30).

El llamado es parte de esta cadena salvífica de cinco eslabones. La salvación de un alma es un proyecto de eternidad a eternidad. Parte de la decisión soberana de crearnos y conocernos, hasta la de llevarnos a compartir la gloria celestial con El. Para comunicar certeza, Pablo usó el tiempo pasado en los verbos. ¡Para Dios, todo esto ya ha sucedido! ¡El llamado nos lleva hasta la gloria!

En Romanos 1:6, Pablo les recuerda a sus hermanos romanos, que ellos fueron “llamados a ser de Jesucristo”.

En 1era. Corintios 1:9, Pablo escribió: “Fiel es Dios por el cual fuimos llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo”.

¡El creyente no sólo está “en Cristo”, en virtud de lo cual se halla libre de la culpa de su pecado; sino que, además está “en comunión con Cristo”, en virtud de lo cual tiene el gozo de compartir la vida eterna con El!

B.-Somos Santificados / Amados.

La frase “santificados en Dios Padre”, se enfoca en el presente.

El verbo traducido “santificados” (hagios), en el contexto bíblico significa “apartado para el uso de Dios”.

Se trata de un participio pasivo perfecto, y significa que Dios nos apartó para él en un momento en el pasado; y esa condición continúa en el presente. Dios nos llamó, y nos apartó para que fuésemos de El, para siempre.

Un cristiano es un pecador perdido al cual el Padre apartó del resto, para amarlo y utilizarlo por la eternidad.

Ya somos santificados. Es un hecho. No se trata de méritos personales, sino de Cristo y su obra en la cruz.

Somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez y para siempre” (Hebreos 10:10).

¡Dios nos apartó del resto de la humanidad para que seamos su pueblo y para que hagamos sólo su voluntad!

El propósito real de tu vida excede a tus planes, metas, sueños, felicidad, realización personal o hacer dinero.

¡El propósito de Dios para tu vida, es Dios mismo! Tu vida será plena sólo cuando vivas en comunión con El, con su iglesia, y estés ocupado en su servicio. ¡Fuiste salvado para agradar a Dios, y para servir a los demás!

Agustín de Hip: “Nos hiciste Señor para ti; y nuestro corazón está inquieto hasta que halle su descanso en ti”.

¡Ya somos santos! ¡Ahora debemos vivir en santidad, apartados del pecado, para poder servir a Cristo!

C.-Somos guardados.

La frase “guardados en Jesucristo” expresa la más positiva seguridad acerca del futuro. ¡Porque implica que el Señor Jesucristo, preservará y mantendrá seguros a los creyentes por toda la eternidad! Un cristiano es un pecador perdido al que Cristo le dió vida, y se deleita en preservarla.

El verbo traducido “guardados” (tereo) significa “velar, vigilar, proteger”. Idea: “Vigilar algo que es valioso”

El cuadro es el de un vigilador que pasa la noche en vela, cuidando una joya de mucho valor en un museo.

¡Se usa en Hechos 12 para describir a Pedro en la cárcel, siendo custodiado severamente por los guardias!

¡La palabra se usa en 1era. Pedro 1:4 para decirnos que nuestra herencia está guardada en los cielos para nosotros!

La frase “en Jesucristo” debe traducirse “por Jesucristo” ¡Él es quien nos guarda; y en su poder estamos seguros!

¡Jesucristo en persona, es el que vigila, y se ocupa de que nadie, le quite la joya de la salvación a sus hijos!

El verbo es un participio pasivo perfecto, y significa que Jesucristo comenzó a vigilar y preservar nuestra salvación en algún momento en el pasado (cuando nos llamó), y que esa condición continúa en el presente.

¡Nuestra salvación ya está guardada por Cristo; y en consecuencia, ya no tenemos que ganarla nosotros!

Pedro asevera nos que: “somos guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” (1era. Pedro 1:5) ¡Hasta alcanzar la salvación!

¡Si tenemos dudas de nuestra salvación, en realidad dudamos del poder de aquel que la está guardando!

Porque por Juan 10:27-28, sabemos que Jesús dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen. Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.” ¿Habrá sitio más seguro?

En Hebreos 7:25 leemos: “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.” Somos guardados, porque Cristo intercede siempre por nosotros”.

D.-Somos bendecidos.

Misericordia y paz y amor os sean multiplicados” (vs. 2). Estamos seguros y tranquilos no sólo por lo que somos en Cristo, sino por las bendiciones que Él derrama sobre nosotros.

La oración es para que los creyentes, a pesar de la apostasía, puedan deleitarse en las dádivas de Dios.

El verbo “sean multiplicados” (plethyno), en voz pasiva; implica que somos receptores de sus bendiciones.

1.-Dios derrama su misericordia en nosotros: Si algo podría quitar nuestra salvación es nuestro pecado. ¡Pero cada vez que pecamos, Dios multiplica su misericordia en nosotros! ¡Efesios 2:4 dice que Dios es rico en misericordia! Eso significa que su cuenta de misericordia nunca quedará en rojo: ¡Siempre tendrá misericordia!

Según Romanos 9:23, ¡Dios salvó a los creyentes para ser receptores de su misericordia y reflectores de su gloria!: “...y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que El preparó de antemano para Gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros”. Somos vasos de misericordia.

Ejemplo: Hay diversos recipientes diseñados para ser llenados con diversas bebidas o infusiones. ¡El chop para la cerveza; el pocillo para el café; la taza para el té; y el creyente para la misericordia de Dios! ¡El creyente es un vaso lleno de misericordia! Así como un pocillo es símbolo de un café. ¡Un creyente lo es de la misericordia!

Por eso, a través de Hebreos 4:6, Dios nos anima a acercarnos a él para recibirla: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”.

El texto dice “acércate confiadamente” (sin temor a hablar, sin temor al rechazo) ¡Qué hermoso versículo!

El tiempo presente del verbo sugiere continuidad. El contexto habla de hermanos que cedían bajo presión.

Cada vez que peques, o cedas a la presión de este mundo apóstata o te sientas caer, Dios dirá: ¡Corre a mi presencia a recibir abundantes dosis de misericordia para limpiarte, y de gracia para capacitarte para resistir!

2.-Dios derrama su paz en nosotros. La palabra traducida “paz” significa “ligar, unir”. La paz es el bienestar resultante de las buenas relaciones. Ejemplo: Vemos una familia unida y decimos: “En esta casa hay Paz”.

Los creyentes tenemos paz con Dios, desde el momento en que fuimos salvados por la fe en Cristo.

Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).

Esto significa que al ser declarados justos por los méritos de Cristo, la gran enemistad con Dios ha cesado.

Esa se ha denominado la paz judicial. En Romanos 8:1: “ninguna condenación hay para los que están en Cristo”.

Pero la Biblia habla acerca de la paz relacional. Esta es el producto de la comunión íntima con Dios.

En 2da. Tesalonicenses 3.16: “Y que el mismo Señor de paz siempre os conceda paz en todas las circunstancias. El Señor sea con todos vosotros.” Y en Romanos15:13: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer”.

Es fruto sobrenatural del Espíritu Santo. Gálatas 5:22: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia”.

Si la paz de Dios es el resultado de una buena relación con El, entonces cuando la perdemos, es porque pecamos, o en este contexto, porque somos confundidos y divididos, por los apóstatas que están dentro de la iglesia.

¿Has perdido la paz? ¡Debes buscar al Dios de paz en oración! “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7).

La vida rodeada de apostasía genera estrés, pero el santo lo descarga de rodillas. ¿Vives a solas con Dios?

La paz de Dios es poderosa para proteger nuestra mente y corazón de los ataques de la ansiedad y el temor.

3.-Dios derrama su amor en nosotros. Una de las verdades más impresionantes es que Dios nos ama.

Dios nos amó antes de que naciéramos: “...según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo” (Efesios 1:4-5) ¡Nos amó y nos predestinó para poder adoptarnos en su familia!

Luego demostró ese amor en el calvario: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8) ¡La cruz evidencia el amor de Dios por los pecadores!

Ahora que somos salvos, nosotros nos sorprendemos de su amor. “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios” (1era. Juan 3:1) ¡El amor de Dios por sus hijos los creyentes, es tan grande que Juan no halla palabras para poder describirlo!

¡Dios amó tanto a este pecador rebelde, que cuando creí, me salvó y me transformó en su hijo adoptivo!

En su oración previa a la cruz, Jesús elevó al Padre estas palabras: “Les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.” (Juan 17:26).

Los creyentes no hicimos nada para ganarnos el amor de Dios; en realidad hicimos todo para provocar su ira. ¡Pero el Padre ama a los pecadores redimidos con el mismo amor eterno y perfecto que tiene por su Hijo!

El amor de Dios nunca se acaba. Pablo, sorprendido de esta verdad escribió en Romanos 8:38-39: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús”.

¿Dudas del amor de Dios? ¿Crees que a causa de tus fallas El ya no te soporta?

¿Sabes por qué Dios te ama tanto? ¡No es por tu ministerio, ni por tus capacidades, ni por tu obediencia, ni por que haces el devocional cada día! ¡Te ama porque cuando creíste, te hizo uno con Cristo!

¡Si estás en Cristo entonces estás en el centro del amor, la aceptación, gracia, el favor y la bendición de Dios!

¡Nada puede separarnos del amor de Dios! ¡Estamos seguros en El, aún en medio de tanta apostasía!

Cierre y llamado final: ¿Cómo llegamos a Cristo?

En medio de la apostasía recuerda: ¡Estás seguro en Cristo! Somos llamados, santificados, guardados y muy bendecidos por Dios. Nuestra respuesta debería ser una vida de santidad, gratitud y amor obediente.

Cuando un israelita empobrecía y ya le era imposible pagar sus deudas, tenía la opción de venderse a su hermano para servirle como esclavo por seis años. Al séptimo año, debía despedirlo e indemnizarlo. Pero en Deuteronomio 15:16 dice: “Si él te dijere: No te dejaré; porque te ama a ti y a tú casa, y porque le va bien contigo; tomarás una lesna y horadarás su oreja y será tu siervo para siempre”. ¡Un Siervo por Amor!

Hemos sido esclavos del pecado por años. Nuestra deuda con la justicia de Dios se ha tornado impagable. ¡Pero Cristo la canceló por nosotros a precio de sangre! ¡Nos ha comprado y liberado de tamaña esclavitud!

A pesar de la lucha con el pecado en el interior, y la apostasía exterior, deberíamos decir: “No te dejaré; porque te amo; porque amo a tu iglesia; porque me va bien contigo; eres mi deleite, mi paz, eres digno”.

 

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