“Dios hará justicia”, Carta de Judas vs. 5-7, Psr. Mariano Merino.

La apostasía es el lento proceso mediante el cual, las personas se apartan de la fe que alguna vez profesaron. La particularidad de la apostasía -y que la hace tan peligrosa-, es que se da dentro del seno de la iglesia (Judas vs. 4, 12). El propósito de la carta de Judas: exhortarnos a defender la verdad (Judas v. 3); darnos herramientas para que podamos descubrir a los mentirosos. Judas describe a esos hombres para que sepamos reconocerlos. (Judas vs. 4, 8, 10, 11, 12, 14, 16, 19).

Antes de comenzar a describirlos, Judas recurre a tres ejemplos de la historia bíblica para aseverar que -tarde o temprano- ellos serán condenados.

I.-Los israelitas (Judas v. 5);

II.-Los ángeles (Judas v. 6);

III.-Sodoma y Gomorra. (Judas v. 7).

En el verso 4 de la carta de Judas acaba de decir que estos son “hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de Dios, y que niegan la soberanía de Dios y el señorío de Jesucristo”. Uno se pregunta: ¿Y Dios no hace nada?

I.-Recuerden a los israelitas en el desierto (Judas v. 5: Incredulidad).

Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron” (Judas v. 5).

La expresión traducida: “Más quiero recordaros, ya que una vez habéis sabido…”, confirma que los lectores originales de esta carta conocían la historia completa de estos eventos. Esa es la razón por la cual Judas, no abunda en detalles, sino que sólo menciona lo sucedido.

Judas les recuerda el final que tuvieron los Israelitas que fueron milagrosamente rescatados de la esclavitud en Egipto, y deambularon cuarenta años en el desierto, bajo el cuidado y la provisión de Dios, pero que no creyeron. Sin dar muchos detalles, Judas quiere que sus lectores recuerden dos cosas:

A.-) Dios libró milagrosamente a todos los Israelitas de la esclavitud en Egipto.

B.-) Pero destruyó a los que no creyeron (los que apostataron).

En Deuteronomio 4:34, leemos que Dios hubo librado a su pueblo de la esclavitud “con mano poderosa y brazo extendido”. Como respuesta, El sólo esperaba confianza, amor y obediencia. Pero a los pocos días, ellos comenzaron a quejarse; primero por la comida, luego por la escasez de agua, finalmente, por sus líderes Aarón y Moisés.

Una vez llegados al monte de Sinaí, ante la ausencia prolongada de Moisés, los israelitas hicieron un becerro de oro para adorarle. Cuando llegaron a las puertas de Canaán, la tierra prometida, la rechazaron abiertamente, temiendo el poderío de sus habitantes, desconfiando del Dios que les hubo guiado hasta allí. No creyeron que el mismo Dios que envió sus plagas a Egipto, que dividió el Mar Rojo en dos, que los había alimentado con pan del cielo, y había saciado su sed con agua proveniente de una roca, podía darles la tierra.

Ahora nuestro texto dice que el Señor, después de sacarlos de Egipto, “destruyó a los que no creyeron” (Judas v. 5).

En Números 14:22-23, Dios dijo: “Todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, no verán la tierra a la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá”. Ellos vieron su poder y provisión, pero no creyeron su palabra.

Ejemplo: El escritor de la carta a los Hebreos, también pone a estos israelitas como ejemplos del juicio de Dios sobre aquellos que rechazan lo que saben que es verdad; sobre los que perciben su poder y amor pero rechazan su palabra.

¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Vemos, pues, que no pudieron entrar a causa de su incredulidad.” (Hebreos 3:17-19).

Judas quiere que recordemos que todas las personas mayores de veinte años que no creyeron, murieron en el desierto. Según Números 14:45-46, la suma total de los hombres mayores de veinte años era de 603.550. Si dividimos este total por el número de días que pudo demorar un viaje de treinta y ocho años por el desierto, llegamos a la sobrecogedora cifra de casi 53 muertes por día.

Años más tarde, Moisés les diría a sus hijos: “Y los días que anduvimos de Cades-barnea hasta cuando pasamos el arroyo de Zered fueron treinta y ocho años; hasta que se acabó toda la generación de los hombres de guerra de en medio del campamento, como Jehová les había jurado” (Deuteronomio 2:14). El punto de Judas es mostrar que Dios, en su paciencia, finalmente hizo justicia.

Según las Escrituras, es un hecho incontrovertible que Dios “destruyó” a los que antes había “salvado”. La clara implicación del texto de Judas, es que Dios hará lo mismo otra vez, y siempre que los que profesan ser creyentes demuestren ser incrédulos. Ellos salieron de Egipto siendo aparentemente “salvados”, pero ante las pruebas del desierto, la mayoría de los israelitas demostraron que -lejos de tener fe-, eran duros e incrédulos.

Los apóstatas también profesan haber conocer a Dios y haber sido librados, pero con sus hechos lo niegan.

La apostasía es el lento proceso mediante el cual las personas se apartan de la fe que alguna vez profesaron. Tomando el lenguaje de la parábola del sembrador: son personas que oyen la Palabra, la reciben con gozo, “creen” por poco tiempo, pero luego, sea por la acción del diablo, la persecución, o los afanes, se apartan.

Ellos han recibido la palabra escrita pero no la palabra viva; la semilla, pero no el fruto. La luz pero no la vida. Los apóstatas parecen ovejas pero son lobos; trigo, pero son cizaña; buenos árboles, pero dan malos frutos.

Aplicación: El juicio hacia Israel es un recordatorio vívido de lo que sucede a todos aquellos que después de oír lo que Dios espera, y de ser testigos de lo que él puede hacer, por miedo, o por dinero u orgullo, rehúsan creer.

Jesús dijo: “No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21). Muchos profesan conocer y amar al Señor, pero con sus hechos lo niegan.

II.-Recuerden a los ángeles que pecaron (Judas v. 6: Insubordinación).

Segundo ejemplo de la historia: “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día” (Judas v. 6).

El Antiguo Testamento nos muestra que la apostasía no sólo se dió en el seno del pueblo del pacto, sino entre los ángeles. El hecho de que los ángeles mencionados -y su pecado particular-, no estén específicamente detallados, nos indica que Judas asumió que los receptores de su carta estaban muy familiarizados con los hechos referidos.

Se han ofrecido tres opiniones principales para explicar la identidad y el pecado de estos ángeles mencionados:

A.-Unos afirman que la referencia de Judas es a un episodio desconocido por sus lectores. Pero esto no se ajusta al contexto. Como vimos en verso 5, Judas motiva a sus lectores a recordar cosas que ya conocían.

B.-Otros dicen que Judas se refirió a la caída original de Satanás y sus demonios. Es posible. Pero esta postura no puede explicar la mención de que estos seres están encerrados en prisiones eternas, porque sabemos por 1era. Pedro 5:8 que “el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar”; además en Efesios 6:12 se nos manda a poner la armadura de Dios, “porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. Según las Escrituras, Satanás y sus demonios no están encerrados en prisiones de oscuridad, sino que están luchando contra los santos, buscando a quien devorar.

El verbo traducido como “los ha guardado” (tereo) -en el tiempo perfecto- implica que en el pasado Dios decidió guardarlos en estas prisiones oscuras, y que hasta el momento, siguen confinados allí a la espera del juicio.

C.-Otros afirman que Judas se refirió a algún pecado inusual, cometido por un grupo específico de ángeles. Este pecado (del cual los lectores de Judas estaban al tanto por las Escrituras del Antiguo Testamento) fue tan serio, que Dios decidió encadenar a los demonios que lo cometieron, para evitar que volvieran a repetirlo.

En su segunda carta, Pedro también menciona a estos ángeles: Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio” (2da. Pedro 2:4). Pedro dice que ellos “pecaron”. Pero Judas describe dos aspectos específicos que caracterizaron su pecado: “No guardaron su dignidad”,es decir, no se mantuvieron dentro del límite de autoridad que Dios les había impuesto. Ellos “abandonaron su propia morada”, esto es el cielo. Junto con Satanás se rebelaron contra el Señor; y cuando Dios los expulsó del cielo, algunos de ellos cometieron algún tipo de mal.

Sabemos que, de alguna manera, Dios tuvo a bien conceder a los ángeles posiciones de poder y honor. Porque el Nuevo Testamento los identifica como: “principados, poderes, potestades, autoridades, gobernadores y señoríos” (Romanos 8:38; Efesios 1:21; 3:10; 6:12; Colosenses 2:10, 15). Sin embargo, algunos de ellos, en vez de ejercer su autoridad para la gloria de Dios, y bajo la dirección de la voluntad divina, se rebelaron contra El.

Algunos dicen que, para descender a la tierra y fornicar con las mujeres y dar a luz una generación perversa.

Esta postura es discutible porque -en Mateo 22:30- Jesús da a entender que los ángeles no pueden reproducirse.

Por eso, muchos estudiosos creen que en vez de tratarse de inmoralidad sexual, se trató de arrogancia.

Los ángeles que mostraron su arrogancia, al querer ocupar una dignidad que no les correspondía, acabaron en prisiones eternas. Se rebelaron contra su posición de siervos de Dios, y terminaron siendo sus prisioneros.

Judas no nos da más detalles. Sólo se centra en el castigo que sufrieron por su apostasía. Estos ángeles residían en el esplendor celestial, pero a causa de su rebelión, Dios les mandó a vivir en las tinieblas; hubo un tiempo en el que ejercieron autoridad, pero ahora sólo son prisioneros encadenados a la espera de su juicio.

Aplicación: el punto central es que la apostasía se dio en estos seres angelicales, quienes a pesar de ministrar con autoridad en la misma presencia de Dios, decidieron rebelarse, salir de su autoridad, y abandonar su gloria.

Ellos le dieron la espalda a Dios en cuanto a la autoridad, y la función que El les había asignado, llegando así a apostatar. ¡Conocían a Dios, experimentaban su presencia, sin embargo le dejaron para seguir su pecado! Los apóstatas son como los ángeles caídos que no quieren someterse a las autoridades designadas por Dios.

En el verso 4 de Judas, vimos que ellos “convierten en libertinaje la gracia de Dios y niegan la soberanía y el señorío de Cristo”. En la práctica, esto lo hacen al predicar otros evangelios y al mostrar abierta rebeldía a su Palabra.

En Judas v. 8 leemos que: “rechazan la autoridad”. Y en el verso 11 que: “perecieron en la contradicción de Coré”. El pecado de Coré, por el cual murió junto a todos sus seguidores, es que rechazó la autoridad de Moisés; la autoridad que Dios puso sobre su vida, la de su familia y la del pueblo de Dios. En Judas v.19: “causan divisiones”.

Resumen: los apóstatas profesan conocer a Dios; tienen autoridad entre su pueblo; pero no la usan para glorificar a Dios y alimentar a su pueblo, sino para edificar sus propios reinos y egos, manipulando a las personas para sacar provecho de ellas. Los apóstatas parecen humildes, pero son soberbios; ellos edifican su propio reino.

III.-Recuerden a las ciudades de Sodoma y Gomorra (Judas v. 7: Inmoralidad).

Como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.” (Judas v. 7).

En principio, no parece que la gente de Sodoma y Gomorra fueran candidatos a la apostasía, pero hay evidencias de que esta gente llegó a conocer la verdad de Dios. La destrucción de estas ciudades se produjo 450 años después del diluvio, y unos 100 años después de la muerte de Noé (Génesis 9:28). Esto significa que al menos uno de los hijos de Noé estaba vivo. La gente de Sodoma y Gomorra, y de las ciudades vecinas habrán escuchado la historia reciente acerca de Noé, el pecado del mundo, el juicio del diluvio, y la salvación divinamente provista por medio del arca. Sin embargo, la gente de estas ciudades la habrá menospreciado.

La historia de las perversiones sexuales de Sodoma y Gomorra está registrada en Génesis 19. Dos ángeles, en forma humana, fueron a Sodoma a visitar a Lot para decirle que Dios había decidido destruir aquellas cinco ciudades (Sodoma, Gomorra, Adma, Zeboin y Zoar). Al verles, Lot insistió para que se hospedasen en su casa y ellos accedieron. Cuando llegó la noche, la casa se vio rodeada de los hombres de Sodoma, quienes exigieron a Lot que les presentase a sus dos invitados para tener relaciones sexuales con ellos. Lot quiso convencerlos sin éxito, de que no hicieran tamaña maldad. Cuando los hombres de Sodoma decidieron romper la puerta de la casa de Lot, los ángeles le metieron en la casa, cerraron la puerta tras él, e hirieron a los hombres de Sodoma con ceguera. Luego anunciaron el juicio que Dios había decretado sobre la ciudad.

Moisés nos cuenta que a pesar de la ceguera, los hombres de Sodoma insistían en tener relaciones homosexuales con los dos ángeles. Dios, airado, hizo desaparecer estas ciudades de sobre la faz de la tierra.

Las personas de Sodoma y Gomorra “fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno” (Judas v. 7).

En el Antiguo Testamento, vemos unos veintitrés pasajes que aluden a la perversión y a la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra. Son un recuerdo vívido del juicio de Dios sobre las almas impenitentes e inmorales de los apóstatas.

La traducción literal del verbo “fueron puestas” es “exponer a la vista del público”. Sodoma y Gomorra nunca vuelven a figurar en la Biblia como ciudades con vida; sino que la memoria de su pecado y consecuente destrucción fue mantenida viva por Moisés, los profetas, Jesús, y los escritores del Nuevo Testamento. Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, se han convertido en ejemplos de la ira de Dios, contra la inmoralidad y la apostasía.

Los apóstatas suelen ser inmorales. Como son impíos en su corazón, también son libertinos en su conducta.

En Judas v. 19: “Estos son los que causan divisiones, los sensuales, que no tienen al Espíritu”. Ellos dividen el pueblo de Dios. Esto pasa porque al carecer del ministerio del Espíritu Santo, son controlados por sus pasiones.

Pedro escribió: “Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición” (2da. Pedro 2:14). ¡Sirven al dios sexo y al dinero!

La palabra traducida “libertinaje” describe a una persona que ha perdido todo sentido del honor, decencia y vergüenza. ¡No siempre se jacta de su pecado, sino que no tiene sensibilidad ante él, porque es un incrédulo!

Bajo la tiranía de sus pasiones carnales, y a pesar de sus buenas intenciones, son esclavos secretos del mal.

Pedro describió su impotencia: “Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción” (2da. Pedro 2:19).

La falsa espiritualidad de los apóstatas, no puede reprimir sus deseos pecaminosos. ¡Se les cae la careta!

¡Por más que se vistan de ovejas, los lobos siempre serán lobos! ¡Los árboles malos siempre darán frutos malos! ¡La cizaña, aunque parecida al trigo, siempre será cizaña! Judas ni se mete con las creencias de estos apóstatas (porque cambian todo el tiempo), sino que los desenmascara exhibiendo su conducta impía.

Cierre y reflexiones finales.

Así como Dios castigó la incredulidad de Israel, la soberbia de los ángeles, y la inmoralidad en Sodoma en el ayer, también condenará a los apóstatas incrédulos, soberbios e inmorales de hoy.

1.-Si el castigo de Dios para con Israel en el desierto, los ángeles que pecaron y para con Sodoma y Gomorra fue severo, ¿cuánto mayor será para la persona que conoce la verdad acerca de Jesucristo, pero rehúsa creer en El y arrepentirse, pisoteando la sangre que ha derramado?. En Hebreos 10:26-31 se nos advierte:Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” ¡Tremendo!

Dios ha de castigar la apostasía con mayor dureza que antes; porque la apostasía en nuestros días involucra el rechazo de su amado Hijo Jesucristo. Nada de lo que ocurrió en el Antiguo Testamento se puede comparar a la gravedad de rechazar al Hijo de Dios. “El que no amare al Señor Jesucristo sea anatema” (1era. Corintios 16:22). ¡Que sea maldito!

Si no perdonó a los Israelitas, a los ángeles, y a los sodomitas, ¿qué hará con los que rechazan a su Hijo?

Si conoces la verdad, la puedes decir de memoria, vives dentro de la comunidad del pueblo de Dios, pero aún no te has vuelto de tú pecado hacia Cristo por medio de la fe en su sangre, recuerda: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 3:15). De otro modo, ¿cómo escaparás si descuidas una salvación tan grande?

2.-Algunos casos Dios los juzga en la tierra (Israel en el desierto, y las ciudades de Sodoma y Gomorra) pero otros esperan el juicio final (los ángeles que pecaron). Sea en la tierra o en el cielo, pronto Dios hará justicia.

Parece que Dios juzga algunos casos en la tierra, y otros los reserva para el juicio final. No juzga todo en la tierra para que los hombres no menosprecien su juicio final; no deja todo para el juicio final porque quiere que los hombres tiemblen ante su justicia, se arrepientan de su pecado, y se vuelvan a él en fe, de todo corazón.

3.-¿Cuánto daño hacen estos hombres? Lastiman ovejas; ensucian el nombre de Dios; conducen a la gente al infierno; propagan la mentira; los falsos evangelios; defraudan a las personas prometiéndoles cosas que no saben si Dios las va a cumplir; calumnian a los creyentes, a los que predican la Palabra, por causa de ellos, el nombre de Dios es blasfemado entre las gentes; además suelen prosperar económicamente, suelen tener multitudes de seguidores, ministerios exitosos, suelen ser adorados como semidioses, se llenan de dinero… ¿Y tú no haces nada Señor? La respuesta divina a través de Judas es: “Así como castigué la Incredulidad de Israel, la soberbia de los ángeles, y la inmoralidad de Sodoma, también lo haré con los apóstatas de hoy”.

 

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