“El plan divino de redención”, Lucas 2:1-20, Psr. Sergio Suárez.

I.-EL ESCENARIO DEL NACIMIENTO.

Augusto César, gobernaba; pero Dios quien detentaba su soberanía -conforme a su voluntad-, para cumplir su Palabra en su providencia, según sus planes. El usó el edicto del César para que María y José viajaran los 130 kilómetros de Nazaret a Belén y así cumplir su Palabra.

Dice Miqueas 5:2: Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”.

Roma realizaba un censo cada catorce años con propósitos tanto militares como de impuestos, y cada varón judío tenía que volver a la ciudad de sus padres para inscribir su nombre, oficio, propiedad y familia.

Cristo no nació porque era el mejor tiempo, sino porque Dios preparó el tiempo para que fuera el mejor. El nacimiento se produce, pues, con toda normalidad, como el de cualquier otro hombre (Lucas 2:7).

Lucas dice que María dió a luz a su primogénito, no su único hijo.

La enseñanza de la iglesia católica es que Jesús fue el único hijo de María, y que ella permaneció perpetuamente virgen hasta su muerte.

Pero la Palabra de Dios revela que María dio a luz a otros hijos. Por ejemplo en Mateo 12:46-47 dice: Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar. Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar”.

En Juan 2:12 dice: Después de esto descendieron a Capernaum, El, su madre, sus hermanos y sus discípulos; y estuvieron allí no muchos días”.

A Jesus lo trataron como a otros bebés, él no fue vestido con ropas de la realeza, sino de pañales como los otros bebés.

María y José llegaron a Belén -lugar pequeño-, en un momento en que el censo había hecho acudir allí a un número elevado de personas que habían llenado el mesón (Lucas 2:7). La llegada del matrimonio sorprendió al mesonero, que habilitó el mejor lugar posible para aquella pareja. El lugar disponible único que había era donde se albergaban los animales de los viajeros.

No había lugar para ellos en el mesón” (Lucas 2:7). Hay que advertir cuidadosamente un hecho aquí que, con frecuencia, se pasa completamente por alto. En la providencia de Dios, el nacimiento de Cristo contó con toda la publicidad con la que probablemente podía contar un nacimiento. Tuvo lugar en un mesón, y un mesón repleto de extranjeros de todas partes. Por tanto, el fraude habría sido imposible. El acontecimiento fue evidente para muchos testigos y no se podía negar. El Hijo de Dios se había encarnado verdaderamente, y literal y ciertamente había nacido de una mujer, como cualquiera de nosotros. Si el nacimiento hubiera tenido lugar tranquilamente en Nazaret o en una casa privada de Belén, con toda probabilidad a los treinta años todo se habría negado.

Es paradójico que el nacimiento más extraordinario de la historia sucediera bajo las circunstancias más incomprensibles y humildes que se puedan imaginar: nació en un lugar maloliente, en un lugar sucio rodeados de animales ruidosos.

Como dice Lucas 9:58, el Hijo del Hombre no tiene donde recostar su cabeza.

Juan 1:10 dice: En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció”.

¿Por qué estos contrastes? La respuesta la da 2 Corintios 8:9: “Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que, aunque era rico, por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por su pobreza fueseis enriquecidos”.

Debiéramos sentirnos tan profundamente impresionados por el amor que Dios nos reveló aquí, que pudiéramos sentir lo mismo que el poeta Johann Heermann sintió cuando escribió:

Por mí, querido Jesús, fue tu encarnación,

tu mortal dolor y la ofrenda de tu vida;

tu muerte de angustia y tu amarga pasión,

todo, por mi salvación”.

II.-El anuncio del nacimiento.

En estos versículos leemos cómo se anunció el nacimiento del Señor Jesús, por primera vez a los hijos de los hombres. El nacimiento del hijo de un rey suele ser ocasión de diversión y regocijo popular. El anuncio del nacimiento del Príncipe de Paz se hizo en privado, a media noche y sin pompa ni ostentación humanas.

Señalemos quiénes eran aquellos a quienes llegaron las noticias de que había nacido Cristo. Eran pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. A pastores, no a los sacerdotes y gobernantes; a pastores, no a los escribas y fariseos. Parece ser que Dios, quien sabe todo, incluyendo el corazón humano, encontró en aquellos hombres, pobres y humildes, un corazón dispuesto a creer.

Los pastores eran por cierto de una clase despreciada. Eran mirados en menos y se les excluía de la compañía de aquellos. Los pastores estaban al final de la escalera. También las ovejas requerían un cuidado los siete días de la semana; entones los pastores no podían cumplir plenamente con las regulaciones humanas del día de reposo desarrolladas por los fariseos. Sin embargo, esto no quiere decir que ser pastor era una ocupación ilícita (ejemplos: Moises, David, etc.).

La elección de Dios de los pastores para recibir el anuncio del nacimiento es de acuerdo a Isaías 61, que dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para proclamar buenas nuevas a los pobres, para dar libertad a los oprimidos, para proclamar el año de la buena voluntad del Señor”. Después de leer este pasaje en la sinagoga de Nazaret, Jesús dijo en Lucas 4:21: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”.

El ministerio del Mesías no sería para los arrogantes o orgullosos. Lucas 5:32 dice: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento”.

Ni para los líderes religiosos: “¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos?” (Juan 7:48).

El versículo 9 dice: “...he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor” (Lucas 2:9).

La gloria del Señor: la presentación manifestada de la naturaleza majestuosa e infinita de Dios, la idea es esplendor.

Cuando habla de resplandor la idea es “resplandecer, brillar alrededor”. Esta palabra la hallamos en Hechos 26:13: “...cuando a mediodía, oh rey, yendo por el camino, vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo”.

¡Por supuesto que los pastores tuvieron miedo! ¿Desde cuándo un ser celestial se comunicaba con los pastores? O, ¿cuándo habían visto “la gloria de Dios” los hombres sencillos del campo? (Lucas 2:9). Sin lugar a duda, ellos reconocieron que el acontecimiento era de procedencia sobrenatural. Su fe sencilla los convenció de inmediato que venía de su Dios, y su reacción está de acuerdo con la de un hombre pecador que recibe una comunicación divina por primera vez.

Los pastores no debían temer, porque el ángel había venido para dar nuevas de gran gozo. El mensaje no era de juicio. En 1° Juan 4:14 dice: Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo”.

El término “buenas nuevas” Lucas lo utiliza frecuentemente.

Lucas 1:19 dice: “Respondiente el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas”.

Lucas 3:18 dice: Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba las buenas nuevas al pueblo”.

Lucas 7:22 dice: Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio...”.

La buena nueva del evangelio es que Dios envió al Salvador para redimir a los pecadores. Esta noticia produce gran gozo. Este gozo está reservado para aquellos cuyos pecados han sido perdonados por medio de la fe en Jesucristo.

Para todo el pueblo”, esto es, “todos” sin distinción de nacionalidad, edad, riqueza, fama, posición social, sexo, educación, etc. Aún los pastores están incluidos; todo el pueblo de Dios está incluido.

 

III.-La descripción del anuncio.

El ángel les ofreció detalles de las buenas nuevas. Ese mismo día, en el cumplimiento del tiempo como dice Gálatas 4:4: Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley”. La descripción de Jesus como salvador es adecuada, porque el nació para salvar. Lucas 19:10 dice: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”.

Como si dijese: “El Salvador ha nacido en este día; y esto es de gran gozo”.

Isaías 7:14 dice: “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”.

Ha nacido en el lugar en que estaba profetizado que nacería, en la ciudad de David.

Isaías 9:6 dice: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”.

Nótese “la” señal, no “una” señal, como se traduce a veces erróneamente el texto. Nótese también que la señal es ésta, que el niño envuelto en pañales está acostado en un pesebre (un comedero). Podría bien haber habido otros recién nacidos en Belén, envueltos en pañales, pero este era el único niño envuelto en pañales que estaba acostado en un pesebre. La señal era, por lo tanto, definida y útil.

IV.-El propósito del nacimiento (Lucas 2:13-15).

El versículo Lucas 2:13 comienza diciendo “Y repentinamente...”. La idea es “inesperadamente, rápidamente, sin previo aviso, de pronto, de repente, súbitamente”, etc. En Hechos 9:3 -en la conversión de Pablo- dice el versículo: “Repentinamente le rodeó un resplandor de luz”.

No se revela cuantos millones de ángeles se aparecieron, pero el término “multitud” significa un grupo enorme. Estos ángeles estaban haciendo los que constantemente hacen los ángeles. Por ejemplo Apocalipsis 5:11-12 dice: “Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza”.

Apocalipsis 7:11-12 dice: “Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén”.

Los ángeles alababan a Dios, la idea de la palabra “alabar” es ensalzar la grandeza de una deidad. Estos ángeles, habiendo estado relacionados con Cristo en los cielos antes de su encarnación, sabían de su gloria, riquezas y majestad., Isaías 6:1-4 dice: En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. Los ángeles lo conocían como la segunda persona de la trinidad antes de su encarnación, ellos vieron su gloria inefable”.

También se habían dado cuenta de la caída del hombre, ellos entendieron que la caída del ser humano los había convertidos en pecadores, rebeldes contra Dios. Pero ellos sabían que Dios había provisto un camino de salvación para el hombre. Esto se da a entender claramente por el anuncio de Gabriel a José: “Llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. (Mateo 1:21).

La profunda preocupación de ellos por la salvación de los pecadores produce en ellos un profundo gozo. Lucas 15:10 dice: Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente”.

Habiéndose informado acerca del nacimiento del Salvador, un nacimiento en tales circunstancias y con un propósito tal de auto sacrificio, ¡estos ángeles nunca antes se habían visto tan emocionados! Así que no hay que maravillarse que de lo profundo de sus corazones gritan: “¡Gloria a Dios en las alturas!”. Ellos quieren que toda la creación alabe a Dios.

La segunda parte del versículo 14 de Lucas 2 dice “Paz”: la paz que hablaron los ángeles es la paz de Dios que resulta en salvación.

¿Por qué el ser humano necesita paz con Dios? Romanos 3: 11-20: “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan.Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos. Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”.

La palabra “paz” se nombra en Efesios 2:14-17: “Porque El es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca”.

Romanos 5:1 dice: Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

Por justificación queremos decir esa acción judicial de Dios en la cual, por cuenta de Cristo, a quien el pecador se une por fe, declara que el pecador ya no está expuesto al castigo de la ley, sino que está restaurado y vuelve a gozar del favor de Dios” (A. Strong, Sistematic Theology, P. 849).

La justicia divina exigía el cumplimiento de la sentencia por el pecado (Génesis 2:16-17), pero el amor de Dios, hecho misericordia y gracia, exigía la salvación del pecador. Tito 3:4-7 dice: Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que, justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna”.

Dios determinó hacerse responsable de la sentencia del pecado, para que el hombre recobrase la justicia. 2° Corintios 5:21 dice: Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.

Sólo quien fuese Dios-hombre, podía efectuar la reparación del pecado. Siendo hombre, podía ser representante del hombre. Siendo Dios, podía dar satisfacción a la altura de la ofensa. Los ángeles no se están gloriando en el hombre ni en sus méritos, sino en Dios y en su gracia. Sólo a través de la fe en Cristo Dios los pecadores son reconciliados.

Romanos 5:10 dice: Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida”.

Colosenses 1:20 dice: “...y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”.

Aplicación: La realidad de la navidad es que Cristo nació para morir, y a través de su muerte y resurrección dar vida eterna a todos que en arrepentimiento y fe crean en El. Para los creyentes es de enorme gratitud y gozo de saber que tenemos paz eterna por los méritos de Cristo.

 

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