“Pureza sexual para gloria de Dios”, Psr. Mariano Merino, 1° Tesalonicenses 4:1-8.

 

En este pasaje veremos con claridad que al Dios de la Biblia, sí le importa lo que hacemos con nuestros cuerpos. ¡La cultura en Tesalónica era más depravada aún que la nuestra! Ellos no tenían una tradición cristiana que pudiese refrenar las manifestaciones groseras de inmoralidad, y al parecer, tampoco tenían leyes civiles para reprimirlas. De hecho, en la religión oficial de la ciudad, se practicaba la prostitución ritual y las orgías cúlticas. Por eso, para los tesalonicenses, el pecado sexual era usual y tolerable. No se veía como algo malo o pecaminoso. ¡La fornicación era parte de la religión, la política, la vida familiar, civil y laboral! Sin duda, muchos de los convertidos en Tesalónica tendrían la tendencia a volver a sus prácticas inmorales antiguas!

I.-Los creyentes debemos agradar al Señor (1° Tesalonicenses 4:1-2).

La palabra “hermanos” (adelfos) significa “del mismo vientre” y nos enseña que el estilo de vida, el andar exigido en los capítulos 4 y 5 son exclusivamente para creyentes nacidos de nuevo, para los hijos de Dios. ¡El estilo de vida dedicado a agradar a Dios más que a sus deseos sexuales es locura para el que se pierde! Las reglas de la vida cristiana sin estar basadas en una relación de amor con Dios y la iglesia, sólo producirán rebeldía, religiosidad externa, hipocresía o frustración. ¡Pero las reglas de Dios, cuando caen en un corazón que se deleita en Dios, producen santificación y gozo!

La palabra traducida “agradar” (aresko), refiere a “ser agradable, ser aceptable”, todos los días, en todo lugar; todo lo que hacemos, decimos, pensamos, y cantamos, todos los cristianos, debe estar dedicado a complacer a Dios.

La frase “así abundéis más y más” nos muestra que la vida dedicada a agradar a Dios es un proceso, y no un logro consumado. Nunca podremos llegar al nivel máximo de complacencia divina en esta vida terrenal.

Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús” (1° Tesolonicenses 4:2). En su breve visita a la ciudad, Pablo ya había hablado con los hermanos acerca de la pureza sexual. No era un tema nuevo o extraño para ellos.

Noten que Pablo está hablando con la autoridad del Señor del universo, del Santo Salvador de ellos! ¡El énfasis en la santidad de vida, no proviene de iglesias legalistas o líderes santurrones, sino del mismo Señor! ¡Los deseos sexuales pecaminosos no respetan el conocimiento bíblico o teológico de sus poseedores!

¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan? ¿Andará el hombre sobre brasas sin que sus pies se quemen? Así es el que se llega a la mujer de su prójimo; no quedará impune ninguno que la tocare” (Proverbios 6:27-29). El deseo sexual es irracional. ¿Caminarías sobre brasas? ¿Abrazarías una llamarada de fuego? ¡No! ¿Por qué no? ¡Porque nos dolería mucho! ¡Nos lastimaría! ¡Hasta podríamos morir en el intento!

¡Con el deseo sexual pecaminoso, es igual! Aunque sabemos que puede destruir nuestras vidas y la de nuestras familias; aunque conocemos el hecho de que puede eliminarnos de nuestro ministerio y a pesar de que somos concientes de que puede afectar la pureza y arruinarnos la salud, la carne aún pide satisfacerlo!

II.-Debemos apartarnos del pecado sexual (1° Tesalonicenses 4:3-8).

La conjunción “pues” conecta este mandato con la exhortación previa de agradar a Dios en la vida cotidiana.

Si quieres agradar a Dios, deberás apartarte de la fornicación. No se puede, fornicar y adorar a la vez.

Santificación” (hagiasmos), significa “apartado para el uso de Dios”. Lo griegos la usaban para describir un hombre que estaba “consagrado” al servicio de sus dioses. En su uso práctico, la santificación implica dos ideas: separación “del” pecado; “para” el uso de Dios. ¡El Espíritu Santo quita los obstáculos en nuestra relación con él!

La meta de la santificación es nuestra relación con Dios; el medio es el poder del Espíritu Santo alejándonos del pecado. Fuimos creados y salvados para conocer a Dios y disfrutar de El por siempre; el pecado obstaculiza este gozo.

La santificación progresiva es fruto de la salvación. En Romanos 6:22: “Más ahora, que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación y como fin la vida eterna”.

A.-)Por tanto, debemos aprender a huir del pecado sexual.

La palabra traducida “fornicación” (porneia), se usa para describir todo tipo de relación sexual pecaminosa.

Se utiliza en la Biblia para describir la práctica sexual tanto previa como fuera del matrimonio heterosexual.

¡La pureza sexual exigida por Dios es tan estricta que va más allá de los actos físicos de inmoralidad! En Efesios 5:3 leemos: “Pero fornicación (acto) y toda inmundicia (pensamientos) ni aún se nombre entre vosotros”.

Dios diseñó el sexo para ser disfrutado en el matrimonio. A Adán y Eva les dijo: “Fructificaos y llenad la tierra”.

El Señor bendice la relación sexual dentro del matrimonio. En Hebreos 13:4: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y los adúlteros los juzgará Dios”. ¿Cuál es tu situación sexual?

a.-Sexo en tu matrimonio.

b.-Antes del matrimonio (soltería o concubinato)

c.-Fuera de tu matrimonio.

La palabra traducida “apartéis” (apejomai), significa “mantenerse alejado de”. ¡Implica abstinencia completa!

En 1era. Corintios 6:18 leemos: “Huid de la fornicación…”. Dato curioso: en ocasiones se exhorta al creyente a estar “firme y resistir al diablo” (Santiago 4:7). Pero aquí se le exhorta a huir, apartarse abiertamente del pecado sexual.

Parece que las pasiones sexuales pecaminosas son más peligrosas para nuestra vida espiritual que el diablo.

Para no ser esclavizado hay que huir de aquello que lo esclaviza. El adicto debe huir de las compañías que le proveen o le incitan a consumir droga. El alcohólico debe huir de los bares. El jugador empedernido del bingo. ¡El cristiano que quiere agradar a Dios, debe huir de la tentación sexual y evitar de esta manera su caída!

B.-)Debemos aprender a señorear en el poder del Espíritu Santo a nuestros cuerpos (1° Tesalonicenses 4:4).

La palabra traducida “esposa” (skeuos) se usa para describir vasos o utensilios de diversos tipos.

En el Nuevo Testamento asume dos significados:

1.-La esposa que uno adquiere.

2.-El cuerpo humano que uno posee.

1.-Si traducimos la palabra como “esposa”, la exhortación de este verso pierde su fuerza para los hermanos solteros en particular y las hermanas en general. Pero aquí el contexto deja en claro que Pablo llama a todos los hermanos a agradar a Dios alejándose de la fornicación! ¡Sean hombres o mujeres, solteros o casados!

2.-Creo que la mejor opción es: “Que cada uno de vosotros sepa tener su propio cuerpo en santidad y honor”.

La expresión “Sepa (oida) tener” implica que cada creyente debe aprender cómo ganar su propio cuerpo. La idea de la expresión es la de que debemos a ser “señores” y no “siervos” de nuestros propios cuerpos.

¡Los creyentes debemos aprender a disciplinar nuestros cuerpos! En 1era. Corintios 9:27 dice: “Golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado”. ¡Debemos aprender a ser señores -y no siervos-, de nuestros deseos corporales pecaminosos! Sin disciplina seremos derrotados.

La palabra traducida “honor” (time), describe una cotización alta, el alto precio que se le asigna a algo.

¡Deben mostrar respeto por sus cuerpos porque son templos del Espíritu Santo e instrumentos del servicio al Señor! En Romanos 6 Pablo nos da una noticia fantástica: hemos muerto al poder del pecado. Ya no somos esclavos. Ahora podemos decir “no” a los deseos corporales pecaminosos y utilizar nuestros cuerpos para el Señor.

La palabra traducida “santidad” (hagios), significa “separación, consagración, dedicación completa a Dios”. El cuerpo del creyente debe ser consagrado a la adoración y al servicio del Señor y no al pecado sexual.

En un contexto similar de advertencia contra la inmoralidad leemos: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios y que no sois vuestros? (1era. Corintios 6:19). ¿Entendemos que nuestro cuerpo físico es el mismo lugar en el cual el Espíritu Santo del Dios Santo ha decidido habitar? ¡Todo lo que hacemos con nuestro cuerpo lo hacemos delante del Espíritu Santo de Dios!

C.-)No debemos actuar como el mundo incrédulo.

No en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios” (1° Tesalonicenses 4:5). Las palabras “pasión” y “concupiscencia” enfatizan que una de las particularidades de las pasiones sexuales es que parecen ser incontrolables. ¡Por eso es que uno de su vida por ellas! Sabemos que arruinan nuestro deleite en Dios. ¡Pero ante la tentación, parecemos ateos!

La frase “como los gentiles que no conocen a Dios” nos enseña que el desenfreno sexual es característico de una sociedad que vive a espaldas de Dios. ¡La ausencia de Dios es el caldo de cultivo para el pecado sexual!

Pablo describe este proceso en Efesios 4:19: “habiendo llegado a ser insensibles, se entregaron a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas”. La falta de sensibilidad a Dios engendra la sensualidad.

En Romanos 1 vemos que el hombre, al no dar gloria ni gracias a Dios, ha sido entregado a pasiones vergonzosas.

D.-)No debemos hacer tropezar a los hermanos.

Que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano” (1° Tesalonicenses 4:6). La palabra traducida “agravie” (juperbaino), significa “pasar por encima, transgredir, pasar los límites”. ¡Qué nadie se atreva a cruzar los límites de la pureza, aprovechándose de otro hermano para satisfacer sus deseos sexuales! La palabra “ninguno” es enfática e inclusiva. ¡Nadie se atreva porque todos pueden hacerlo!

1.-¿Por qué? Porque Dios castiga el pecado. “Porque el Señor es vengador de todo esto” (1° Tesalonicenses 4:6.b).

La palabra traducida “vengador” (ekdikio), significa “fuera de la ley”; por eso, con el tiempo, se usó para describir a una persona que hacía justicia por mano propia. El creyente inmoral puede tapar su pecado.

La iglesia puede tolerar el pecado. ¡Pero el Señor, el dueño, el soberano, hará justicia con su propia mano!

Nosotros racionalizamos el pecado y pensamos: “No pasa nada”; “Fulano cayó en pecado y nada pasó”.

Israel en el desierto dijo “No pasa nada” y se entregó a fornicar con las mujeres moabitas. Pablo nos dice que en un solo día, murieron 23.000 personas (1era. Corintios 10:8). En el versículo 11 agrega: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para nosotros. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”.

El principio eterno: El pecado sexual puede traer consecuencias impredecibles. “Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; corrompe su alma el que tal hace” (Proverbios 6:32). El versículo 32 dice que una de las consecuencias del adulterio es la corrupción del alma. La palabra hebrea es muy fuerte. Significa: “pudrir, depravar”. El que juega con la inmoralidad corre el riesgo de pervertir su alma.

La inmoralidad mental, es el gran ladrón de gozo y de consagración al ministerio de los jóvenes creyentes. Los versículos 34-35 implican que otra de las consecuencias del adulterio, es la venganza del familiar ofendido. La parte ofendida (el cónyuge o el padre ofendido) no querrá perdonar “aunque multipliques los dones”. ¿Cuántos abortos, divorcios, crímenes pasionales serán el producto directo del adulterio y la fornicación?

Principio eterno: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7). No te dejes engañar con la mentalidad de que “todos lo hacen y no pasa nada”. La semilla, para llegar a dar fruto, precisa un proceso. Lleva tiempo. ¡No mires el largo proceso sino el fruto! Al principio, parece que se puede sembrar inmoralidad y no cosechar consecuencias. Pero la semilla está en proceso. Pronto dará fruto. Si no te arrepientes, todo saldrá a la luz, arruinando iglesias, familias en el camino.

2.-Porque contradice nuestro llamado. “Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación” (1° Tesalonicenses 4:7). El llamado eficaz a la salvación por medio del evangelio, es un llamado a la santificación.

Tito 2:11-12: La misma gracia que nos ha salvado (pasado), es la que nos enseña (presente) a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, para que podamos vivir en este siglo sobria, justa y piadosamente.

Pedro insta: “Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes tenías estando en vuestra ignorancia (de Dios) sino, como aquél que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1era. Pedro 1:14-15).

En Efesios 1, Pablo nos recuerda que fuimos escogidos, adoptados, perdonados, redimidos, “para alabanza de la gloria de su gracia” y que todo lo hizo “a fin de que seamos para alabanza de su gloria” ¡Dios te salvó para glorificar su gracia! ¡Dios te salvó para su propia gloria, y para que busques y encuentres tu mayor gozo en El! ¡Pero el pecado sexual corrompe este precioso llamado! ¡Nos aleja de Dios, y nos lleva a usar a las personas!

Dios nos ha dado su Espíritu para poder hacerlo (1° Tesalonicenses 4:8).

¡Debemos entender que quien desprecia esta santa manera de vivir, no desestima a la Iglesia Bautista o al pastor, a los diáconos, o a los líderes de jóvenes, sino al Santo Dios quien nos ha llamado a vivir en santidad!

Un joven dijo: “Todo el mundo me dice lo que tengo que hacer pero ¿quién me dará el poder para hacerlo?”

Para evitar pensar erróneamente que Dios nos exige algo que no podemos cumplir, Pablo cierra su llamado a la santidad recordándonos que Dios nos ha dado “su Espíritu Santo”. Aunque vivamos en una atmósfera inmoral, el Espíritu de Dios tiene el poder suficiente para ayudarnos a controlar nuestras pasiones. En Gálatas 5:16: “Andad en el Espíritu y no satisfaceréis los deseos de la carne”. El énfasis está en andar en el Espíritu más que en no satisfacer la carne. ¿Por qué? ¡Porque el poder para vencer la carne se desata a través de la obediencia al camino que traza el Espíritu Santo, mediante la aplicación de la Palabra de Dios! ¡La exhortación es apartarse del pecado sexual, pero la capacitación para hacerlo viene del Espíritu Santo! La llenura del Espíritu Santo, que es el producto de la obediencia a la Palabra y la comunión con Dios, es el remedio divino para el problema del pecado del hombre. ¿Se puede vivir en pureza? ¡Vive en el Espíritu!

Siempre escuché que la tentación más grande es el orgullo, el dinero y el sexo. Pero la tentación más grande es dejar de buscar a Dios y andar en el Espíritu. Porque así somos vulnerables a las demás.

Pero si has caído

A.-¡No ocultes tu pecado! En la hipocresía hay angustia y aflicción de espíritu. David, intentando tapar su adulterio confiesa: “Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día”.

B.-¡Confiesa! ¡En Dios hay gracia para los quebrantados de corazón! David, luego de confesar su pecado a Dios concluyó: “Bienaventurado aquel cuya trasgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado” “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tu oh Dios”.

C.-Pide ayuda. “Exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado” (Hebreos 3:13). ¡Es mejor ser exhortados que estar endurecidos!

D.-Agradar a Dios es la meta. Todo lo que hacemos, decimos, pensamos, debe ser para complacer a Dios.

Tenemos en Cristo, un sumo sacerdote que fue tentado y que es poderoso para socorrernos en la tentación. Él vivió 33 años comprobando tener una justicia perfecta. Decidió morir en lugar de los injustos, sufriendo el castigo que nuestros pecados merecían. Se hizo maldición. Sufrió la ira del Padre. Fue tratado como si fuera el culpable de todas nuestras maldades. ¡Porque Dios castigó mis pecados, en su cuerpo, sobre el madero! ¡Pero vindicando su justicia, Dios le resucitó al tercer día como Jesús lo anticipó y como lo afirma aún la tumba vacía! De ese modo el justo, murió por los injustos, y ofrece dar su justicia a todo pecador que se vuelva de sus pecados, confíe en la obra de Cristo, y decida vivir y si es necesario, morir por él. “Cristo tiene el poder de emblanquecerte más que la nieve. ¿Preguntas cómo? Puede perdonar porque ha sido castigado por tu culpa”.

 

 

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