“Agradando a Dios y amando a los hermanos”, Psr. Mariano Merino, 1era. Tesalonicenses 4:9-12.

La Iglesia del siglo I se caracterizó por el amor fraternal. Aún el escéptico Luciano de Samosata, a principios del siglo II escribió: “Es increíble ver el fervor con que la gente de esa religión (cristianos) se ayudan unos a otros en sus necesidades; no retienen nada para sí mismos; su primer legislador (Jesucristo) les ha hecho creer que todos ellos son hermanos”. Lamentablemente, los cristianos no siempre conseguimos esta reputación. Aunque sabemos que, según 1era. Corintios 13:1-3, sin amor, mis capacidades, conocimientos y donaciones, no son nada, y no sirven para nada, tenemos la fama de ser personas hipócritas, desunidas, y peor, indiferentes.

Por eso, Pablo nos recuerda que con la mira de agradar a Dios, nosotros debemos amar a los hermanos. La Iglesia fue elegida, salvada y redimida para agradar a Dios, andando en santidad (1era. Tesalonicenses 4:3-8) y en amor (1era. Tesalonicenses 4:9-10). Para agradar a Dios, debemos crecer en el amor por nuestra iglesia (v. 9) y por las iglesias hermanas (v.10).

I.-Debemos amar a los hermanos de nuestra iglesia.

1era. Tesalonicenses 4: 9): Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros”.

Con la conjunción adversativa “pero”, Pablo pasa del tema de la castidad (1era. Tesalonicenses 4:3-8) al de la caridad (1era. Tesalonicenses 4:9-10). De las cosas de las que nos debemos “apartar” (1era. Tesalonicenses 4:3); a aquellas en las que debemos “abundar” (1era. Tesalonicenses 4:10).

Debemos apartarnos del pecado sexual (1era. Tesalonicenses 4:3-8); pero debemos abundar en la práctica del amor fraternal (1era. Tesalonicenses 4:9-10).

Interesante: Para el Señor, la inmoralidad es lo opuesto de la caridad. La inmoralidad usa a las personas para satisfacer sus propios deseos; pero el amor muere a sus propios deseos, para bendecir a las personas. La inmoralidad considera al otro como un objeto para utilizar y descartar; el amor, como un ser al cual servir. La inmoralidad se sirve del otro; el amor sirve al otro; la inmoralidad destruye (reputación, familia) y el amor, edifica.

La frase “amor fraternal” es traducción de la palabra “filadelfia”, que significa: “amor a los hermanos”. El término “filadelfia” siempre se usa en el Nuevo Testamento, para describir el afecto que debe reinar entre creyentes. El amor a los hermanos es un mandamiento. En Romanos 12:10: “Amaos los unos a los otros con amor fraternal”. Si no amamos, pecamos. Pecado no es sólo robar, mentir o fornicar; sino también dejar de amar a los santos.

Lutero: “Si el gran mandamiento es amar a Dios; el gran pecado es dejar de hacerlo”. Agrego: ¡Si el segundo gran mandamiento es amar al prójimo como a uno mismo, el segundo gran pecado, es dejar de hacerlo! Muchos dicen: “Yo voy a la iglesia sólo por el Señor” ¡También debes ir a la iglesia para amar a tus hermanos!

La frase “No tenéis necesidad de que os escriba” implica que los hermanos de Tesalónica ya eran amorosos. La frase “como habéis aprendido de Dios” es traducción de la palabra “teodidaktos” (enseñados por Dios). ¡Enseñados por Dios! ¡Muchas personas son autodidactas; pero todos los creyentes somos “teo didactas”! Hay cosas que deben ser aprendidas en el aula de un seminario; pero otras deben ser aprendidas en oración.

¿Saben?, una de las señales distintivas, y de los frutos visibles de la fe salvadora, es el amor a los hermanos.

En 1era. Juan 3:14: “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos”. En 1era. Juan 4:8 leemos: “El que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor”. Y en 4:20: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso”. Estos versos son muy claros. En la mente de Juan, la persona que dice ser cristiana, pero no ama a sus hermanos, está muerto, es mentiroso, y no conoce a Dios. ¡Los hijos de Dios aman a los hijos de Dios! ¡Somos salvos por la fe y para amar a los hermanos! (1era. Pedro 1:22: “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro”). Nuestra alma fue purificada de los pecados, para poder amar sin hipocresía o fingimiento. ¡El pecado es como un chaleco de fuerza que nos inmoviliza a la hora de morir a la vida autocentrada, para poder servir a los otros! ¡Pero el poder del evangelio nos ha liberado para amar!

Ejemplo: ¿Notaron como por naturaleza, los animales aprenden a hacer lo necesario para preservar sus vidas? Los peces no toman clases de natación pero aprenden a nadar por naturaleza. Las aves no toman clases de vuelo, pero aprenden a volar por naturaleza. Es la naturaleza del ser la que determina la acción. Los peces nadan y las aves vuelan, porque esa es su naturaleza. De la misma manera, el creyente ama porque tiene una nueva naturaleza de parte de Dios que le impulsa a hacerlo. No precisa una maestría.

El pronombre “unos a otros” (allellon), incluye a todos los hermanos. ¡Aprendemos a amar a todos! Dios suele reunir en su familia a personas que, según los criterios del mundo, tendrían que estar enfrentadas. Personas de diferentes etnias, estratos sociales, con diversos gustos y opiniones, y con diferentes niveles de educación y condicionantes culturales. Entre los discípulos de Cristo estaban Simón llamado el zelote, y Mateo el recaudador de impuestos. Uno había luchado contra los romanos, y el otro se había enriquecido colaborando con ellos. “El único lugar del imperio donde dueños y esclavos están juntos es en la Iglesia”.

Para una iglesia local que anhela perfeccionar el amor de Dios, no existen hermanos insignificantes. No debemos hacer diferencias. Debemos amar y servir a los hermanos ricos y a los pobres; adultos y a los jóvenes; a los lindos y a los feos; a los introvertidos y a los extrovertidos; a los estudiosos y a los prácticos.

Pablo usa dos palabras para describir nuestro deber: a.-Fildalfia (amor fraternal), y b.-Agape (amor sacrificial).

a.-El amor implica afecto fraternal. Busca tus mejores amigos en la iglesia. ¡Los mejores amigos para tus hijos! ¡Ora por matrimonios amigos! ¡Júntense a almorzar, matear, cantar alabanzas, compartir, cenar, jugar fútbol! Sabiendo que somos hermanos amados, Pablo nos desafía a ser más afectuosos, calurosos, cordiales, cariñosos los unos con los otros. ¡En nuestros cultos deben abundar los abrazos, las sonrisas y los saludos!

b.-El amor implica sacrificio. Es morir a la vida autocentrada en el poder del Espíritu Santo. Salgamos de nuestra zona de confort. De la vida autocentrada de comodidad y esparcimiento. Dispongámonos en el poder del Espíritu Santo, para visitar al enfermo, orar por el necesitado, enseñar a los discípulos, amonestar a los descarriados, escuchar al afligido, alentar al desanimado, ofrendar al necesitado, aconsejar al confundido, saludar al tímido; integrar al que nos visita; discipular al recién convertido; aconsejar al confundido; animar al deprimido; ¡morir al “Yo”!.

II.-Aprender a amar a los hermanos de otras iglesias.

1era. Tesalonicenses 4:10: “...y también lo hacéis así con todos los hermanos que están por toda Macedonia. Pero os rogamos, hermanos, que abundéis en ello más y más”.

Ellos tenían el hábito de amar no sólo a los hermanos de su iglesia, sino a los de otras iglesias hermanas. La frase “y también lo hacéis” significa: “expresan con actos las enseñanzas”. ¡Llevan la teoría a la práctica! ¡Estos hermanos no solo habían aprendido de Dios cómo amar a los demás (v. 9) sino que lo hacían (v. 10)! Muchos son los que estudian y aprenden toda la teoría del amor; pero pocos son los que lo practican. “Macedonia” -para los tiempos en los que Pablo escribió esta carta- era una provincia romana, compuesta por seis colonias, entre las cuales, estaban las famosas Filipos, Berea y su capital, Tesalónica. Seguramente los hermanos de Filipos y Berea, recibieron hospedaje, ofrendas, consejos de los hermanos tesalonicenses; se lo comunicaron a Pablo; y éste les animó por esta carta, a abundar en ello más y más. ¡Estos hermanos compartieron la Palabra del evangelio (1era. Tesalonicenses 1:7-9) y la práctica del amor (1era. Tesalonicenses 4:10) por todas partes!Qué precioso es ver a una iglesia local que equilibra las misiones al mundo, con el amor a los hermanos!

El amor debe extenderse hacia las iglesias hermanas. Para ello:

a.-Precisamos ser más hospedadores: Colosenses 4:15: “Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Ninfas, y a la Iglesia que está en su casa…” No fue sino hasta que cesó la persecución y la fe cristiana recibió aprobación oficial del gobierno, que los primeros edificios destinados a albergar la iglesia comenzaron a construirse. ¿Dónde se reunían los santos? Durante siglos, Dios ha usado los corazones y las casas de sus hijos para esparcir su Palabra. ¿Dispuestos? ¡Sólo Dios sabe lo que puede pasar cuando abrimos las puertas de nuestros hogares para hospedar a los hermanos que nos traen la Palabra del Señor!

b.-Desarrollar una mentalidad de reino, y no de quinta. En Colosenses 4:16: “Cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, haced también que se lea en la iglesia de los laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros”. Pablo tenía una mente de reino, no de quintita. La mentalidad de quinta: “Sólo me preocupa mi iglesia”. De Reino: “Me importa todo cristiano de Su Iglesia”. Noten que Pablo fomentaba la comunión entre iglesias. Aquí les manda a intercambiar literatura inspirada. Cuando levantó la ofrenda en Macedonia para las iglesias empobrecidas en Jerusalén, estaba tratando de unir a las iglesias gentiles entre sí, y además con las iglesias judías. ¡Buscaba proyectos en común que unan a las iglesias! Dios desea formar una nueva generación de iglesias que se unan por la supremacía de Dios, para hacer un impacto mayor con el evangelio de su Hijo. Las iglesias locales deben unirse en pro de la causa de la gloria de Dios en el evangelio. Debemos orar para que Dios nos conceda ver a las iglesias bíblicas unidas para enviar y sostener misioneros, fundar nuevas iglesias, refundar aquellas que vuelven a la Palabra, hacer viajes misioneros de corto plazo, conferencias para pastores, intercambiar recursos, capacitar a los siervos, fomentar el romance juvenil, etc.

Recuerda: El egoísmo es el antónimo del cristianismo. Dios nos salvó para amar. ¡Amemos a los redimidos!

III.-Debemos progresar en el amor.

1era. Tesalonicenses 4:10b: “Os rogamos, hermanos, que abundéis en ello más y más”. A pesar de ser tan ejemplar, el amor de los tesalonicenses no era perfecto, sino perfectible. La carencia de amor fraternal no era la situación de los tesalonicenses. Ellos ya habían dado claras pruebas de la calidad de su amor (ver 1era. Tesalonicenses 1:3 y 3:6). Y así demostraban la autenticidad de la obra de gracia en sus vidas. La frase “más y más” traduce la palabra “malon”, que significa “mucho”, “muchísimo”. ¡Así como la vida orientada agradar a Dios es un proceso (1era. Tesalonicenses 4.1), también lo es el arte de amar a los hermanos! Pablo quería que esta iglesia amorosa, creciera en amor, porque siempre hay lugar para mostrar más amor. El agape siempre encuentra nuevas y mayores posibilidades de expresión, a través de un servicio humilde.

Noten que Pablo no les dice que incorporen algo nuevo, sino que hagan crecer aquello que ya tienen. El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. Por tanto, la Iglesia nunca dejará de temer amor. Pero el problema es que por nuestro pecado la iglesia puede carecer de manifestaciones obedientes de amor. Alguien podría pensar: “Esto es muy lindo, emotivo, pero yo no tengo esa clase de amor. ¿Dónde se vende?”

Cuando andamos en obediencia al Señor, su Espíritu nos llena de amor (Gálatas 5:22: “Más el fruto del Espíritu Santo es amor, gozo, paz…”). Con ese fruto sobrenatural producido por el Espíritu Santo, amamos a Dios (1era. Juan 4:19), amamos a los hermanos y aún a nuestros enemigos. (Mateo 5:44). ¡Mi naturaleza caída es autocentrada! No nací con amor. ¡Pero Dios es amor! Si andamos en comunión con El, seremos empoderados amar a los hermanos de esta iglesia, de otras iglesias locales, a los incrédulos, y a los enemigos.

Cierre y reflexión final.

La Iglesia fue elegida, salvada y redimida para agradar a Dios, andando en santidad (1era. Tesalonicenses 4:3-8) y en amor (1era. Tesalonicenses 4:9-10). Para agradar a Dios, debemos crecer en el amor por nuestra iglesia (1era. Tesalonicenses 4:9) y por las iglesias hermanas (1era. Tesalonicenses 4:10). ¡Cuando le damos la gloria a Dios, Dios nos concede su gozo! ¡Fuimos salvados para glorificar y amar! Hay cosas que deben ser aprendidas en el aula de un seminario; pero otras deben ser aprendidas en oración.

A.-) Aprendemos por medio de la exhortación de su Palabra. Dios nos revela su voluntad mediante la Palabra.

En Levítico 19:18 leemos: “Amarás a tú prójimo como a ti mismo; Yo soy el Señor”. ¿Somos obedientes a su voz?

B.-) Aprendemos por medio de la obra interna del Espíritu Santo. Aunque tengamos las instrucciones de la Palabra, si Dios mismo no nos transforma por el poder de su Espíritu, seguiremos siendo incapaces de amar adecuadamente. Nuestra carne es autocentrada y egoísta. En Gálatas 5:22 leemos: “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz…” ¡Su Espíritu nos empodera para amar! La instrucción intuitiva del Espíritu Santo se manifiesta en nosotros, no tanto por un conocimiento teórico de preceptos éticos, sino por la práctica poderosa de una vivencia conforme a la de Cristo (Gálatas 5:22–23).

C.-) Aprendemos por medio del evangelio. Dios nos enseña a amar por medio de su propio ejemplo. Romanos 5:8: “Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”;

1.-El pecado del hombre. Nosotros somos injustos. Quebrantamos su ley. Merecemos muerte y condenación.

Dios es justo. Nosotros injustos. Por tanto, debe condenarnos al infierno. Eso no es crueldad, sino justicia.

Si los delincuentes no van presos nos quejamos y pedimos justicia ¿Dios no hará justica con los pecadores?

2.-El sacrificio de Cristo. Pero Dios castiga a su Hijo sobre la cruz, para no tener que castigar a su pueblo. Él vivió 33 años comprobando tener una justicia perfecta. Decidió morir en lugar de los injustos, sufriendo el castigo que nuestros pecados merecían. Se hizo maldición. Sufrió la ira del Padre. Fue tratado como si fuera el culpable de todas nuestras maldades. ¡Porque Dios castigó mis pecados, en su cuerpo, sobre el madero! ¡Pero vindicando su justicia, Dios le resucitó al tercer día como Jesús lo anticipó y como lo afirma aún la tumba vacía! De ese modo el justo, murió por los injustos, pero resucitó para dar su justicia a todo pecador que se vuelva de sus pecados, confíe en la obra de Cristo, y decida vivir y si es necesario, morir por El ¡Ven a Cristo! Él dijo: “El que a mí viene (deja su camino de pecado y decide seguirlo) no le echo fuera” ¡Eso es amor!

3.-El amor de Dios. Dios ama. ¿Cómo lo sabes? Sacrifica a su Hijo en lugar de los pecadores rebeldes. En 1era. Juan 4:10: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó a nosotros, y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados”. Escucha la consistencia del amor: Sin necesitarlo El, y sin merecerlo nosotros, Dios decide sacrificar a su Hijo en lugar de los pecadores.

¿Entiendes? El mismo Dios que debería condenarnos, es el que decide condenar a su Hijos en nuestro lugar.

El Dios al que no amábamos, es el que nos amó y lo demostró sacrificando a su Hijo amado en nuestro lugar. El mismo Dios que debería alejarnos a patadas de su presencia, es el que nos atrae con cuerdas de amor hacia sus brazos. SI nosotros amamos a Dios hoy, es porque El nos amó y sacrificó a su Hijo en el pasado.

Por eso, oye: “Amados, si Dios así nos amó, también nosotros debemos amarnos unos a otros” (1era. Juan 4:11). Examínate a ti mismo. El amor no se exige, sino que se entrega. ¿Amas, pues, a tus hermanos en Cristo? Si no, sométete a la enseñanza de Dios. Presta atención a sus mandamientos. Medita en su ejemplo; piensa en el evangelio; no te resistas a la obra de su Espíritu, sino entrégate para que él te llene del amor de Cristo. Hazlo para gloria de Dios. ¡Para que El sea supremo sobre tú comodidad, esparcimiento y vida autocentrada! ¡El amor servicial a los hermanos, muestra que Dios es más precioso para ti, que tú propia vida y comodidad!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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