“El día del Señor”, 1era.Tesalonicenses 5:1-5, Psr. Mariano Merino.

 

El “día del Señor” es un período de tiempo en el cual Dios revela su santidad ejecutando juicio sobre pecado. La Biblia dice que cuando Cristo regrese por su pueblo, ejecutará su juicio sobre todos los que le rechazaron. Por 2da. Tesalonicenses 2:1-2, sabemos que unos falsos maestros enseñaron en la iglesia que el día del Señor ya había llegado. En 1era. Tesalonicenses 5:1, vemos que existían dudas en cuanto al tiempo de su venida. ¿Cuándo será su venida? En 1era. Tesalonicenses 5:4, la duda radicaba en cuanto a si la iglesia sufriría o no la ira de aquél día. ¿La iglesia sufrirá la ira asociada a este día? “El día del Señor será inesperado y terrible para los incrédulos (1era. Tesalonicenses 5:1-3); pero para los creyentes, es un evento esperado y gozoso (1era. Tesalonicenses 5:4-5) ¡La profecía no fue dada para poner fechas, sino para formar el carácter!

I.-Será un día inesperado y terrible para los hijos de las tinieblas.

1era. Tesalonicenses 5:1-3: “Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba”. La expresión “Pero acerca de” introduce un nuevo tema. Pablo pasa del aspecto gozoso de la venida de Cristo por su pueblo (1era. Tesalonicenses 4:13-18), al lado doloroso del día de la ira del Señor sobre todos los incrédulos (1era. Tesalonicenses 5:1-11). La segunda venida de Cristo, por un lado, será un gozo tremendo para su pueblo (1era. Tesalonicenses 4:17 “Y así estaremos siempre con el Señor”); pero por el otro, traerá los juicios de Dios sobre los incrédulos (1era. Tesalonicenses 5:3: “destrucción repentina”). La expresión “Los tiempos y las ocasiones” indica que los tesalonicenses tenían curiosidad por saber la fecha específica en la cual los terribles acontecimientos que rodean al “día del Señor”, comenzarían a sucederse. Pablo responde: “No tenéis necesidad hermanos de que os escriba”. Pablo ya les había enseñado que este día será un evento inesperado “como ladrón en la noche”, e inevitable “como los dolores a la mujer encinta”. El punto es que la profecía no nos fue dada para que pongamos fechas; sino para formar el carácter de Cristo.

Ejemplo: Cuando los discípulos preguntaron “¿Restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”, Jesús les respondió: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola voluntad” (Hechos 1:6). Saber “cuándo” será el día del Señor, puede producir indiferencia espiritual si se demora. O puede producir pánico y abandono de responsabilidades, si está cerca. Las respuestas de los seguidores de los profetas que pusieron fechas cercanas: dejaron sus familias, empleos, estudios y construyeron comunidades aisladas, dedicadas a esperar al Señor, o al fin del mundo.

El énfasis bíblico no es el de establecer fechas, buscar señales, sino el de estar espiritualmente preparados para recibir al Señor. El Señor decidió no revelar el “cuándo”; para que su pueblo viva anhelando su venida. De hecho, esta es la enseñanza común en la parábola de las diez vírgenes, los talentos y la higuera estéril.

A.-) Será inesperado (como un ladrón en la noche).

1era. Tesalonicenses 5:1-2: “No tenéis necesidad de que os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá a sí como ladrón en la noche…” ¿Qué es el día del Señor? Describe aquel aspecto del retorno de Cristo en el cual Dios derramará sus juicios sobre los impíos. Tres veces, en Isaías 34:8, 61:2 y 63:4, a este cruento evento se le llama: “El día de la venganza”. La expresión “El día del Señor” se menciona unas 19 veces en el Antiguo Testamento, y cuatro en el Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento, la expresión “Día del Señor” se usa para describir algún juicio histórico de Dios, como un desastre natural, o una derrota en batalla, que se convertía en un anticipo tipológico, del Día del Señor escatológico.

Ejemplo: Joel 1:15, 2:1, anticipa un “día del Señor histórico”. Una plaga de langostas que devastaría las cosechas. En Joel 3:1-14 se retrata el “Día del Señor escatológico” en el cual él derramaría sus juicios sobre el mundo.

En Abdías 1-14 se describe el “día histórico del Señor” en el cual la nación de Edom sería destruida; pero en los versículos 15-21, se describe el “Día escatológico del Señor” en el cual, Dios derramaría su juicio sobre toda nación.

Ellos sabían que el día del Señor sería tan inesperado, repentino e inoportuno, como un ladrón en la noche. Pero obviaron el detalle de que la metáfora implica la no revelación del tiempo de su venida, porque ningún ladrón en su sano juicio, anunciaría con anticipación, la hora durante la noche en la que planea robar la casa. ¡El ladrón toma al dueño de casa por sorpresa; por lo tanto es absurdo intentar definir cuándo será este día! La metáfora del ladrón nunca se usa para ilustrar el aspecto gozoso de su venida, de nuestra reunión con él. Porque un ladrón que roba, no es un suceso que se espera o genera alegría, sino una calamidad inesperada.

B.-)Doloroso y repentino (dolores de parto)

1era. Tesalonicenses 5:3: “Que cuando digan 'Paz y seguridad', entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán”. Aunque no se ha revelado el “tiempo de su venida”; sí se han revelado algunas “señales” que la anteceden. Sabemos por Mateo 24:3 que los discípulos hicieron dos preguntas a Jesús: Primero, ¿cuándo serán estas cosas? (Respuesta: “Del día y de la hora, nadie sabe” Mateo 24:36), y segundo, ¿qué señal habrá de tu venida? (Respuesta: Mateo 24:4-35). El Señor habló de apostasía en Mateo 24:5, como Pablo en 2da. Tesalonicenses 2:2 dijo “No vendrá sin que antes venga la apostasía”. Cristo habló del surgimiento del anticristo profanando el templo en Mateo 25:15, como lo hizo Pablo en 2da. Tesalonicenses 2:3-4: “Y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios, haciéndose pasar por Dios”. El Señor habló de guerras, hambres, pestes, señales dramáticas en los cielos como “principios de dolores”. La metáfora de los “dolores a la mujer encinta” es muy apropiada. Nos enseña que así como “los dolores de parto” de una mujer, le advierten que el tiempo del nacimiento está cerca; así también, el incremento de las señales (apostasía, el anticristo, las guerras, el hambre, pestes, etc.) indican que el Día del Señor está cerca. Pablo añade: “Cuando digan: Paz y seguridad, vendrá sobre ellos, destrucción repentina”. A pesar de las señales y dolores de parto, parece que a la mayoría de las personas, el día del Señor les tomará por sorpresa. La única explicación para una respuesta así, es que las personas serán engañadas por los falsos profetas.

En Mateo 24:5: “Vendrán muchos en mi nombre diciendo; Yo soy el Cristo (Soy el ungido) y a muchos engañarán”. En Mateo 24:24: “Y harán grandes señales, de tal manera que engañarán, si fuere posible aún a los escogidos”. Quizás, los apóstatas harán creer a las personas que la “Paz y la seguridad” están a la vuelta de la esquina. Los profetas del Antiguo Testamento tuvieron que soportar falsos profetas que se mofaban de las advertencias del juicio divino. Jeremías advirtió: “Si no se arrepienten irán en cautiverio”. Pero los falsos profetas decían: “Paz, paz”. ¡El mismo Jeremías vivió para ver la devastación de su pueblo!

La gente estará comiendo y bebiendo, comprando y vendiendo, edificando y plantando, casándose y dándose en casamiento, pero serán sorprendidas por las olas de la ira. Crece dramatismo: “Entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta”. La palabra traducida “Destrucción” no significa “aniquilación o extinción”. No es la destrucción del ser, sino del bien.

Ejemplo: la mujer encinta se siente bien, come con la familia; pero llegan las contracciones y arruinan su bienestar. Se usa en 2da. Tesalonicenses 1:9 para describir la ruina del ser en el infierno, lejos de la presencia de Dios y de su gloria. Cuando el Señor venga, destruirá el bienestar de los incrédulos por toda la eternidad, arrojándolos al infierno. Noten la reacción de la gente al ver venir al Cordero resucitado: Y los reyes de la tierra, y los grandes, los comandantes, los ricos, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros y escondednos de la presencia del que está sentado en el trono y de la ira del Cordero, porque ha llegado el gran día de la ira de ellos, ¿y quién podrá sostenerse?” (Apocalipsis 6:15-17). El retorno de Cristo traerá gozo al creyente; ira al incrédulo.

¡Imaginen aquellos que vivieron en proselitismo Ateo, convenciendo a los jóvenes de la no existencia de Dios! ¡Imaginen a aquellos que se burlaban de la persona del Señor! ¡De su pueblo, de su palabra, de sus proezas!

¡Imaginen a esos ricos y poderosos que confiaron en sus riquezas, y menospreciaron el evangelio de Cristo! ¡Imaginen aquellos que estuvieron domingo tras domingo en una iglesia escuchando y rechazando el Evangelio! ¡Imaginen el dolor de aquellos que estaban en la iglesia de Cristo pero que no amaron al Cristo de la Iglesia! ¡Imaginen la consternación de aquellos que por miedo al “qué dirán” prefirieron aparentar ser convertidos! ¿Habrá otra oportunidad para alguno de ellos? ¿Alguna excepción? No. Pablo responde: “Y no escaparán”.

¡El triste resultado de la apatía de los incrédulos al Evangelio de Cristo, es que no podrán escapar del juicio! ¡Aquellos que rechazaron con indiferencia la primera venida de Cristo; sufrirán su indignación en la segunda! ¡En la primera venida, Cristo vino como un cordero inmolado; en la segunda, como el cordero de Dios airado!

II.-Será un día anhelado y gozoso para los hijos de luz (1era. Tesalonicenses 5:4-5).

Pablo responde a la segunda pregunta: Los redimidos del Cordero, ¿seremos dañados por la ira del Señor? ¡Los redimidos por misericordia, son personas de la luz; y no experimentarán la oscuridad del Día del Señor! “Más vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquél día los sorprenda como ladrón” (1era. Tesalonicenses 5:4). La expresión “Mas vosotros” en verso cuatro, establece un contraste con el pronombre “Ellos” usado en el verso tres, para describir a los incrédulos que no escaparán de los juicios asociados con el “Día del Señor”. La palabra traducida “Hermanos” refuerza la idea de que los redimidos no experimentarán la ira del día del Señor. “No estáis en tinieblas”. El versículo no dice: “No estéis”, sino “No estáis”. El verbo “Estáis” está en modo Indicativo, no imperativo. Es una afirmación, no una obligación. ¡Pablo afirma que los redimidos “no están” en tinieblas! Los redimidos son hijos de luz y del día; es un hecho.; los incrédulos son hijos de la noche y de las tinieblas.

El texto enseña que el día del Señor sorprenderá a las personas que están en tinieblas, no a los hijos de luz. “Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas” (1era. Tesalonicenses 5:5). En el sentido intelectual, la luz representa la verdad; pero en el aspecto moral, la santidad. Un ejemplo del sentido moral lo hallamos en 1era. Juan 1:5: “Dios es luz, y no hay ninguna tinieblas en El”. Un ejemplo del sentido intelectual: “Lámpara es a mis pies tú Palabra y lumbrera a mi camino” (Salmos 119:105).

En el sentido intelectual, las tinieblas representan el engaño; y en el aspecto moral, el pecado. Un ejemplo del sentido intelectual lo hallamos en 2da. Corintios 4.4: “El dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo”. Un ejemplo del sentido moral: “Desechemos pues, las obras de las tinieblas y vistámonos las armas de la luz” (Romanos 13:12).

Por tanto, andar en luz significa vivir en santidad y verdad; andar en tinieblas, vivir en pecado e ignorancia. ¡Los creyentes ya no estamos perdidos en las tinieblas de la ignorancia de Dios, y de la esclavitud al pecado! Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). En Mateo 5:14: “Vosotros sois la luz del mundo”.

¡Gracias a nuestra unión con Cristo -la luz del mundo-, sus discípulos hemos llegado a ser luz al mundo! ¡Los creyentes ya no estamos en la oscuridad intelectual, porque se nos ha revelado la verdad del Evangelio! En 2da. Corintios 4:6: “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”. ¡Glorioso! ¡El mismo Dios que en medio de las tinieblas del abismo dijo “Sea la luz” y esta fue hecha; es el que dijo “Sea la luz del Evangelio” en medio de las tinieblas del corazón de este pobre pecador! ¡Los creyentes ya no estamos en la oscuridad moral, porque se nos ha librado de la esclavitud del pecado y ahora podemos practicar la justicia! Por Juan 3:21 sabemos que Jesús dijo: Pero el que practica la verdad viene a la luz, para que sus acciones sean manifestadas que han sido hechas en Dios”. Es sólo por la luz de la santidad de Dios, que un pecador puede practicar la verdad; y sus propias obras evidencian la luz de Dios. Es por esta obra de gracia soberana en los corazones, que los creyentes no tienen que temer que el “Día del Señor” les sorprenda como ladrón. El “Día del Señor”, según Joel 2:2, será un “Día de oscuridad y tinieblas”. Está destinado a las personas de la noche; los hijos de luz no deben temer este día, porque no es para ellos.

La frase “Hijo de” es una expresión idiomática hebrea que describe la influencia dominante en una persona. Ejemplo: Jesús describió a Jacobo y a Juan como “hijos del trueno” por sus personalidades influenciadas por la ira. En el Antiguo Testamento se usa la expresión “hijos de Belial” para describir hombres influenciados por su maldad (1era. Samuel 2:12). La expresión “Hijos de luz y del día” equivale a decir que los creyentes somos influenciados intelectualmente por la verdad de la Palabra de Dios, y espiritualmente por el poder del Espíritu Santo de Dios santificándonos. ¡La realidad es que los hijos de la luz y del día, no somos mejores que los hijos de la noche y de la oscuridad! Hubo un cambio de condición: “Porque en otro tiempo érais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor” (Efesios 5:8). Pablo establece un contraste entre lo que éramos sin Cristo; y lo que ahora somos por Cristo. La frase “En otro tiempo”, y el pasado del verbo “Erais”, indican una condición que ya no existe. ¡El versículo no dice que estábamos en tinieblas; o rodeados de tinieblas; sino que éramos tinieblas! No éramos simples víctimas del sistema rebelde e indiferente a Dios, sino que éramos parte activa del mismo. ¡No sólo estábamos en tinieblas y éramos tinieblas, sino que estábamos enamorados de las tinieblas! La luz vino al mundo y los hombres amaron mas las tinieblas que la luz porque sus obras eran malas” (Juan 3.19). Pero noten el gran contraste: “…mas ahora sois luz en el Señor” ¡Ahora somos luz en el Señor! ¡El texto no dice que ahora estamos en luz; o rodeados de luz; sino que ahora somos luz en el Señor! ¡Gracias a nuestra unión con Cristo, la luz del mundo, sus discípulos, hemos llegado a ser luz al mundo! ¡Si el día del Señor no nos va a sorprender ni dañar como ladrón en la noche, es por la pura gracia del Señor!

III.-Cierre y reflexión final.

¡La profecía no fue dada para poner fechas, sino para formar el carácter! Un sólo día del Señor; sólo dos posibles destinos frente a El: una reunión con Cristo y sus redimidos (1era. Tesalonicenses 4:17), y una destrucción repentina e inevitable como la de un ladrón que roba de noche o los dolores de parto (1era. Tesalonicenses 5:2-3). ¿Cómo pasa la gente de las tinieblas de la ignorancia de Dios y el pecado, a la luz de la verdad y la santidad? Al contar su conversión, Pablo le dijo al Rey Agripa, que Jesús lo había enviado a los gentiles con una misión: “Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban por la fe que es en mí (Cristo), perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26:18). ¡Para dejar la oscuridad del pecado, la incredulidad y la autoridad de Satanás, y pasar a vivir en la luz de la santidad, la fe, y el precioso cuidado de Dios, precisamos recibir por la fe en Cristo, el perdón de los pecados! Él vivió 33 años comprobando tener una justicia perfecta. Decidió morir en lugar de los injustos, sufriendo el castigo que nuestros pecados merecían. Se hizo maldición. Sufrió la ira del Padre. Fue tratado como si fuera el culpable de todas nuestras maldades. Dios castigó los pecados de su pueblo, en su cuerpo, sobre la cruz. ¡Pero vindicando su justicia, Dios le resucitó al tercer día como Jesús lo anticipó y como lo afirma aún la tumba vacía! De ese modo el justo, murió por los injustos, y ofrece dar su justicia a todo pecador que se vuelva de su camino de pecado, confíe en la obra de Cristo, y decida vivir y si es necesario, morir por él. ¿Qué harás? ¡Para huir del tsunami de la ira divina que se viene sobre el mundo, debes arrepentirte y confiar en Jesús! En Juan 3:36 se nos habla con claridad: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre El”. ¡Cree en Cristo! ¡Huirás de la ira venidera!

 

 

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