“¿Preparado para su venida?”, 1era. Tesalonicenses 5:6-11, Psr. Mariano Merino.

El profeta Joel predijo una invasión de langostas como juicio por el pecado de Israel, a la cual llamó “El día del Señor”. El “día del Señor” es un período en el cual Dios revela su santidad, ejecutando juicio sobre pecado. La Biblia dice que cuando Cristo regrese por su pueblo, ejecutará su juicio sobre todos los que le rechazaron. Por eso, tal como hemos visto, “El día del Señor”, por un lado, será inesperado y destructivo para los incrédulos (1era. Tesalonicenses 5:1-3); pero por el otro, que será un evento anhelado y gozoso, para todos los creyentes (1era. Tesalonicenses 5:4-5). Sobre esta base, Pablo nos exhorta (1era. Tesalonicenses 5:6-8: debemos prepararnos para su venida), nos da esperanza (1era. Tesalonicenses 5:9-10: no fuimos puestos para ira sino para alcanzar salvación) y nos llama a la mutua edificación (1era. Tesalonicenses 5:11: debemos edificarnos unos a otros).

I.-La exhortación: debemos prepararnos para su venida (1era. Tesalonicenses 5:6-8).

Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios” (1era. Tesalonicenses 5:6).

La conjunción traducida “Por tanto”, y el pronombre “Los demás” conecta nuestro párrafo de hoy con el anterior. ¿Quiénes son “los demás”? Son los incrédulos, los hijos de la noche y de las tinieblas, (1era. Tesalonicenses 5:5) los que serán sorprendidos y dañados por el día del Señor, como si fuera un ladrón que viene a robarles durante la noche. ¡No durmamos como si aún fuéramos hijos de la noche! ¡Velemos, seamos sobrios, porque ya somos del día!

El versículo 5 no dice “No estéis” sino “No estáis”. El verbo “Estáis” está en modo indicativo, no imperativo. Es una afirmación, no una obligación. ¡Pablo afirma que ya no estamos en tinieblas! ¡Hubo un cambio de condición! “Porque en otro tiempo érais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor” (Efesios 5:8). Quien pone su fe en Cristo es librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.

El verbo traducido “No durmamos” (katheudo), se usa en sentido literal para describir “el sueño natural”, y en un sentido figurado para describir “la muerte” como el sueño del cuerpo, o la actitud de “indiferencia espiritual”. Descartamos que sea una referencia a la muerte, porque de esta forma el mandato sería absurdo. Equivaldría a decir: “No se mueran como los demás”. Descartamos la idea del sueño biológico, porque la orden carecería de sentido. Equivaldría a decir: “No duerman como lo hacen todos”, lo cual sería algo perjudicial para la salud.

El sentido natural nos lleva a concluir que esta es una exhortación a no ser indiferentes en el plano espiritual. Esto se refuerza por el contraste siguiente: “No sean indiferentes al día del Señor; sino estén bien preparados”. El verbo traducido “Velemos” (gregoreo) significa: “Vigilemos, estemos despiertos, permanezcamos alertas”. El verbo traducido “Seamos sobrios” (nepho), significa: “Abstenerse de vino”, ý de allí, “Una mente sana y juiciosa”. Pablo nos exhorta a no permanecer indiferentes o distraídos; sino estar preparados para la venida de Señor.

Una de las razones para ser vigilantes es la incertidumbre acerca del día y de la hora del regreso de Cristo. En Mateo 24:3 los discípulos preguntaron a Jesús: “¿Cuándo serán estas cosas?”. En Mateo 24:42, Jesús les respondió: Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor”. En Apocalipsis 16:15 “He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza”. La idea: si el santo, santo, santo, Señor Jesucristo, puede venir en cualquier momento del día, entonces debes estar preparado para recibirlo en forma digna de su santidad. ¡Eso hacen los hijos del día y de la luz!

La ilustración: “Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan”. Pablo utiliza una ilustración de la experiencia humana. La gente de la noche hace cosas típicas de la noche. En el plano natural, la gente duerme y se embriaga de noche. En el plano espiritual, la indiferencia acerca de las cosas espirituales en general y respecto del día del Señor en particular, caracteriza a los hijos de la noche. ¡La gente del mundo no vive en santidad, esperando la venida del Señor! ¡Porque no cree en El ni le aman! Una de las evidencias de salvación, es el paciente deseo de ver al Señor. En 1era. Tesalonicenses 1:9-10: “La gente cuenta cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo”. ¡No seamos indiferentes a la venida del Señor! ¡Esa es la actitud que caracteriza a los hijos de las tinieblas!

1era. Tesalonicenses 5:8: “Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y amor, y con la esperanza de salvación como yelmo”. En contraste con los hijos de las tinieblas que no se preparan para la venida de Cristo, sino que duermen y se embriagan, “nosotros, que somos del día”, deberíamos estar con la mente preparada para recibir al Señor. Pablo afirma que ya somos hijos de luz e hijos del día. El énfasis: los hijos de luz y del día, debemos esperar al Señor en sobriedad. En verso 6 leemos: “Velemos y seamos sobrios”; y en el verso 8: “Seamos sobrios”. La pregunta que surge es: ¿podremos llegar a hacerlo?

La primera razón por la que podremos permanecer despiertos hasta la venida del Señor, es porque Dios nos ha dado la coraza y el yelmo adecuado. La “fe” en las promesas, los principios y las profecías de las Escrituras; el “amor” por Dios y la gente que produce el Espíritu Santo; y la “esperanza” de salvación, nos ayudarán a perseverar. La “coraza” protegía el pecho, los hombros y la espalda del centinela. Era una especie de chaleco anti-balas. Para poder permanecer firme en batalla, el cristiano se pone la coraza de la “fe”; es decir, de aquella dulce confianza en la Palabra de Dios; y del “amor”, es decir, de aquella deleitosa rendición del egoísmo al Señor.

A.-Una forma de prepararnos para su venida: es “confiando” en las promesas y profecías de las Escrituras. Hay tres perspectivas acerca de la historia:

1.-La cíclica: un ciclo sin fin de vida y muerte.

2.-La lineal: una serie de causas y efectos (en estas perspectivas, la historia no tiene diseño, ni meta a la cual se dirige).

3.-La bíblica: la historia tiene un diseño y una meta específica; “el Reino eterno de Cristo con sus redimidos”.

Saber cómo termina la historia, produce un sentido de paz y confianza en la mano de la soberanía divina.

B.-Otra forma de prepararnos para su venida es creciendo en el amor que nos impulsa a morir al Yo, para vivir para Dios. El apóstol Juan escribió: “Nosotros le amamos a él porque él nos amó primero” (1era. Juan 4:9). El amor de Cristo nos constriñe (como el líquido de una jeringa, nos empuja o presiona en una dirección; ¿cuál dirección? para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquél que murió y resucitó por ellos).”

C.-Otra manera de prepararnos para su venida es la meditación constante en las verdades del Evangelio. Porque para poder permanecer firme en batalla, el cristiano usa el “yelmo” de la “esperanza de salvación”. El “yelmo” proveía una cierta protección para la cabeza del centinela. Era una especie de “casco de soldado”.

II.-La esperanza: No fuimos puestos para ira sino para salvación (1era. Tesalonicenses 5:9-10).

Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo”. En verso 9, con la conjunción “porque”, Pablo introduce la segunda razón que nos asegura el perseverar firmes hasta el final: ¡porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio del Señor Jesucristo! Este futuro “día del Señor” tiene dos aspectos claramente definidos en este pasaje: ira (castigo) o salvación. Para los hijos de luz y del día, significa la consumación de su salvación; para los hijos de la noche, de la ira.

La “ira” de Dios es judicial. Es la indignación de un Juez que al ver quebrantada la ley, decide administrar justicia. Por tanto, nunca será injusta, cruel o irreflexiva. ¡Dios en su ira, le da y dará al hombre lo que merece! Por eso, en Romanos 2:5, Pablo aclara que el “Día de la ira” es el “Día de la revelación del justo juicio de Dios”. En el cual, según verso 6, “Dios pagará a cada uno conforme a sus obras”. Piensa en un juez impartiendo justicia. La ira de Dios incluye tanto el veredicto de “culpable”, como la condenación en el infierno resultante de éste.

Ejemplo: Un juez que condena a cadena perpetua a un asesino, no es un hombre cruel sino uno que hace justicia. No es crueldad sino equidad. Si los ladrones no van presos decimos: “No hay Justicia”. Pero si Dios condena a los que hemos quebrantado sus leyes una y otra vez decimos: “¿Cómo puede un Dios de amor condenar?”. ¡En el día del juicio final, Dios condenará al infierno al pecador! ¡No será un Dios cruel, sino un Dios justo!

El verbo “(No nos) Ha puesto” (tithemi), “poner en un lugar específico”. Idea: Dios no nos puso en el lugar dónde pronto derramará su ira; sino dentro de la esfera de los que alcanzarán definitivamente la salvación. Para una mano soberana y omnipotente, el “poner en un lugar” tiene la idea de “destinar para un cierto fin”.

¿Por qué estamos seguros de que permaneceremos sobrios hasta la venida de Cristo? Porque Dios nos destinó por un lado, para huir de la ira venidera; y por el otro, para alcanzar la salvación por medio de su Hijo.

1era. Tesalonicenses 5:10: “Quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con El”. El pronombre “Quien” tiene su antecedente más cercano en el verso 9, y señala al mismo Señor Jesucristo. Esto implica que el “Señor” soberano; el “Jesús” encarnado; el “Cristo” de las profecías del Antiguo Testamento, fue crucificado. ¡Qué maravilla! ¡El soberano encarnado, y anunciado en el Antiguo Testamento, fue crucificado por nosotros! Cristo vivió treinta y tres años demostrando tener justicia perfecta. Decidió “morir” en lugar de los injustos, sufriendo el castigo que nuestros pecados merecían. Se hizo maldición. Sufrió la ira del Padre. Fue tratado como si fuera el culpable de todas nuestras maldades. Dios castigó los pecados de su pueblo, en su cuerpo, sobre la cruz. ¡Pero la frase “vivamos juntamente con El” implica que aunque Cristo murió, ahora vive por siempre jamás!

Porque vindicando su justicia, Dios le resucitó de entre los muertos como el mismo Jesús lo hubo anticipado y como lo confirma la tumba vacía. De ese modo el justo, murió por los injustos, y ofrece dar su justicia a todo pecador que se vuelva de su pecado, confíe en la obra de Cristo, y decida vivir y si es necesario, morir por El.

A todo ser humano le espera uno de dos destinos. En Juan 3:36: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre El”. ¡Cristo hace la diferencia! La expresión “Ya sea que velemos o que durmamos, vivamos juntamente con él”, significa que Cristo murió y resucitó por nosotros, para que sea que estemos muertos o vivos al momento de su regreso, vivamos con El.

Contexto: En 1era. Tesalonicenses 4:13-18 vimos que los hermanos ya fallecidos, serán reunidos con los que estemos vivos al momento de la venida del Señor. ¡Así que, todos los redimidos, vivos o muertos, viviremos juntamente con El! Cristo vivió y resucitó por nosotros, para que sea que estemos muertos o vivos en su regreso, vivamos con El. He aquí la médula del pasaje: ¡el retorno de Cristo, nos lleva a experimentar una intimidad eterna con El! La salvación no se trata sólo de ser librados de la ira venidera, sino de tener con Cristo una relación duradera. ¡El Evangelio nos Lleva a Dios! En 1era. Pedro 3:18: “El justo (Murió) por los injustos para llevarnos a Dios”.

Todas las gracias del evangelio tiene el fin de llevarnos a Dios. ¡La vida eterna es disfrutar de la vida de Dios! Recibimos el perdón para que el pecado no nos mantenga alejados de Dios. Fuimos reconciliados para que la enemistad con Dios no nos impida deleitarnos en El. Fuimos justificados para que él pueda adoptarnos en su familia. Fuimos redimidos de la esclavitud al pecado para poder servir a Dios de corazón. ¿Para qué quieres el perdón? ¿La vida eterna? La respuesta es: “porque quiero a Dios; El es supremo; mi tesoro más grande”.

III.-El estímulo: debemos edificarnos los unos a los otros (1era. Tesalonicenses 5:11).

En verso 11 leemos: “Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis”. Pablo concluyó su explicación del “Día del Señor” animando a los hermanos a animarse y edificarse entre sí. El pasaje no tiene un propósito intelectual, sino pastoral. El énfasis del texto no es el de dar una cátedra de escatología, sino el de instarnos a alentarnos y edificarnos los unos a los otros con nuestra esperanza. ¡La profecía no fue dada para fomentar la curiosidad o poner fechas, sino para formar a Cristo en nosotros!

La conjunción traducida “Por lo cual” (dio), introduce una deducción o una conclusión al argumento anterior. Es como si Pablo dijese: Considerando que se nos ha dado la capacidad de esperar al Señor, y de que Cristo nos salva de la ira venidera, y nos promete vida eterna en comunión con El, ¡animaos y edificaos unos a otros!

El verbo traducido “Animaos” (parakaleo), significa “ser llamado al lado”. La idea: “Acercarse para ayudar”. Considerando la inminencia del regreso de Cristo, Dios nos manda a acercarnos para ayudar a los hermanos.

El verbo traducido “Edificaos” (oikodomeo), en su uso literal significa: “Edificar una casa o una gran familia”. En su uso metafórico, se utiliza en el sentido de “edificar el carácter, la piedad, la madurez de los creyentes”. A la luz de la inminencia del regreso de Cristo, Dios nos manda a acercarnos para edificarnos unos a otros.

¿Cómo no hacerlo? Peleando por las diferentes posturas escatológicas. ¡De este modo, afligiremos aún más al que está afligido; confundiremos aún más al confundido; desenfocaremos aún más al que está distraído! Tanto el amileniarismo, como el postmileniarismo, como el premileniarismo histórico o dispensacional creen: Cristo viene por segunda vez; resucita a los muertos; juzga las almas (infierno o cielo); y reina para siempre. Mejor que pelear por detalles, enfócate en el propósito por el cual Dios nos dio la escatología: ¡Edificación!

¡Cristo viene a juzgar a los hijos de la noche; y también a salvar de la ira y llevar a su gloria a los hijos del día!

Cierre y reflexión final.

Si esta vida fuera todo, ante las pérdidas, las injusticias, el dolor y la muerte ¿Qué consuelo podríamos dar? Pero si esta vida no lo es todo; si lo mejor está por venir; si la historia no es ciega, sino que todo termina con Dios y su Cristo reinando eternamente en plena y deleitosa comunión con sus redimidos, ¡sí hay consuelo!

Aunque parece que el mal triunfa sobre el bien; que los malvados prosperan y los justos padecen necesidad; que los apóstatas tienen más fruto que el hombre de la palabra; que la mentira es más sabia que la verdad; que la soberbia y la autosuficiencia son más eficaces que la dependencia y la humildad; que el pecado provee más deleite que la santidad; considerando que la iglesia apóstata tiene “éxito”, y la iglesia verdadera, persecución. Que la gente desea escuchar fábulas y no la Palabra de verdad; que los santos son, en el mejor de los casos cada vez más ridiculizados, y en el peor de los casos cada vez más odiados, uno se pregunta: ¿Vale la pena?

¡Sí! ¡Porque el final de la historia, nos muestra a nuestro Cristo reinando en comunión deleitosa con sus redimidos!

 

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