"Testigos de su resurrección", 1era. Corintios 15:1-11, Psr. Mariano Merino.

  

Sí Cristo no resucitó, vana es la fe que predicamos; somos testigos de Dios mentirosos; aún estamos en nuestros pecados; los santos fallecidos no están en gloria sino en la inexistencia, y somos dignos de lástima. Los hermanos sí creían que Jesús resucitó (1era. Corintios 15:1, 11), pero dudaban que los muertos pudieran resucitar (1era. Corintios 15:12), Pablo argumenta en favor de la resurrección de Cristo para convencerlos que ésta garantiza la de todos ellos. La pasada resurrección corporal de Cristo, garantiza la futura resurrección corporal de los cristianos (1era. Corintios 15:20). Pablo presenta tres evidencias que inducen la idea de que Jesús fue resucitado:

I.-El testimonio de la Iglesia (1era. Corintios 15:1-2).

II.-El testimonio de las Escrituras (1era. Corintios 15:3-4).

III.-El testimonio de testigos oculares (1era. Corintios 15:5-11).

I.-El testimonio de la Iglesia (1era. Corintios 15:1-2).

1era. Corintios 15:1: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibísteis, en el cual también perseveráis”. Pablo no quiere enseñarles algo nuevo, sino recordarles el viejo mensaje que tiempo atrás, en su visita misionera a la ciudad, les hubo predicado, en el cual creyeron, y por el cual fueron salvos. Ese evangelio dice que Cristo resucitó: ¡es el Evangelio de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo!

1era. Corintios 15:2: “Por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano”. ¡La evidencia más concreta de que una persona es un creyente, es que continúa creyendo!

Juan 3:16: “De tal manera amó Dios al mundo… para que todo aquél que en El cree no se pierda”. El verso no enseña que los creyentes pueden perder la salvación; sino que nos advierte contra una fe falsa. Una persona que profesa ser salva y por un tiempo retiene la sana doctrina para luego rechazarla, comprueba que su fe nunca fue verdadera. Nadie puede perder una salvación que nunca tuvo, aunque la haya profesado. El Señor habló acerca de la presencia de creyentes falsos en su reino. Dijo que los lobos se iban a disfrazar de ovejas; que la cizaña crecería junto al trigo; y que los falsos discípulos, tarde o temprano volverían atrás.

Ejemplo: en la parábola del sembrador, este sale a sembrar la semilla de la Palabra de Dios, la cual cae en cuatro terrenos diferentes, los cuales representan cuatro reacciones diferentes ante la predicación de la Palabra de Dios. La que cae en pedregales representa al hombre que “oye la Palabra y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí misma, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la Palabra tropieza” (Mateo 13:20-21). La falsa fe falsa es de corta duración, porque tropieza en la aflicción.

Pero la semilla que da fruto, describe al hombre que “retiene la palabra oída y da fruto con perseverancia” (Lucas 8:15). La fe que es de “corta duración”, es una fe falsa o muerta, pero la fe que viene de Dios, persevera.

La permanencia de la Iglesia de Cristo a lo largo de 2.000 años, es evidencia de la resurrección de Cristo. La Iglesia es un hecho histórico irrefutable. La explicación para su existencia, es la resurrección de Cristo. El historiador Kenneth Latourette dijo: “Si no fuera por la profunda creencia de ellos en que el crucificado había resucitado de entre los muertos y que lo habían visto y habían hablado con El, la muerte de Jesús, y aún el mismo Jesús, probablemente, habrían sido olvidados”. Jesús dijo una y otra vez que resucitaría de los muertos. Pero si El no lo hizo, hubiera sido un mentiroso, un impostor. Sus discípulos le hubieran olvidado. En sus primeros años de vida, la Iglesia sufrió persecución, tortura y muerte. ¿Por causa de un engañador?

El día domingo es evidencia fuerte de la resurrección. El abogado inglés Norman Anderson dijo: “El día de descanso y adoración de los judíos era el sábado. Los primeros cristianos eran de trasfondo judío, y habrían estado fanáticamente adheridos al sábado. Por lo tanto tiene que haber sucedido algo muy impresionante para que cambiaran el hábito. ¡El cambio fue debido a la resurrección!”. León Morris dijo: “Ellos eran judíos, y los judíos tienen tenacidad en aferrarse a sus costumbres religiosas. Sin embargo, estos hombres guardaron el día del Señor, el domingo, como un recordatorio semanal de la resurrección de Jesús, en lugar del sábado”.

II.-El testimonio de las Escrituras (1era. Corintios 15:3-4).

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fué sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1era. Corintios 15:3-4).

La expresión traducida “las Escrituras” es una referencia a los escritos sagrados hebreos del Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento predijo claramente la muerte, la sepultura, y la resurrección de Jesucristo de Nazaret. Por ejemplo: a los dos discípulos de Emaús que estaban confundidos con los eventos ocurridos en Jerusalén, Jesús les dijo: “¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas (crucifixión), y que entrara en su gloria (resurrección)? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lucas 24:25-27).

Una y otra vez, en forma literal o en figuras de lenguaje, de manera directa o tipológica, en todo el Antiguo Testamento se predijo la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Pablo repite dos veces la frase “conforme a las Escrituras”, para enfatizar que esto no era algo nuevo, y que no era una contradicción con las antiguas creencias judías.

Las profecías cumplidas son un testimonio confiable de la veracidad de la muerte y resurrección de Cristo:

1.-) El Antiguo Testamento predijo la muerte de Cristo. Profecía: Salmos 22:16 “Horadaron mis manos y mis pies”. Cumplimiento: Lucas 23:33: “Cuando llegaron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron allí”. Profecía: Zacarías 12:10: “Mirarán al que traspasaron”. El cumplimento: “Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y salió al instante agua y sangre” (Juan 19:34). El moriría clavado a un madero y sería atravesado con una lanza.

2.-) El Antiguo Testamento predijo la sepultura de Cristo. Profecía: Isaías 53:9: “Se dispuso con los impíos su sepultura, y con los ricos estuvo en su muerte”. Cumplimiento: Mateo 27:57-60: “Vino un hombre rico de Arimatea llamado José… y pidió el cuerpo de Jesús… José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo puso en un sepulcro nuevo” ¡Su cuerpo sin vida sería sepultado entre los ricos, aunque la intención sería sepultarlo con impíos!

3.-) El Antiguo Testamento predijo la resurrección de Cristo. Profecía: Salmos 16:10: Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción”. Pedro aplica este Salmo a la resurrección de Cristo: “viéndolo antes (David) habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción”.

Isaías 53:10: “Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada”. El mismo Mesías, el siervo que pondría su vida por el pecado de su pueblo, volvería a vivir por largos días.

4.-) El Antiguo Testamento predijo que Jesús, el Dios de la gloria humanado, sería menospreciado por muchas de sus criaturas. En el Salmo 22.6-8: “Mas yo soy gusano y no hombre; oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen; estiran la boca, menean la cabeza diciendo: Se encomendó a Dios, líbrele El”. Al describir los sucedido más tarde en el calvario, Mateo dice: “Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza”; “También los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y fariseos y los ancianos, decían: Confió en Dios, líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios” (Mateo 27:39-44).

5.-) El Antiguo Testimonio predijo el punto exacto del nacimiento del Mesías. En Miqueas 5:2 leemos: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel”. ¡Asombroso! De los cinco continentes habitados, la profecía señaló a Asia. De todos los países de Asia, señaló a Israel. De todas las provincias de Israel, apuntó a Judá. De todas las ciudades de Judá, señaló a Belén. De todas las familias de Belén, apuntó a los descendientes de David. De todos sus descendientes, señaló a una joven virgen, María. Además, ¿Por qué nació en tiempos de Herodes y no en 1950? Porque las profecías de Daniel 9:27 anunciaban que después de la muerte del Mesías el templo sería destruido. Esto sucedió en el año 70 d.C.

Algunos han sugerido la idea de que al conocer las profecías de antemano, El armó su vida en base a ellas. La respuesta lógica a esta falacia, es que muchas de estas profecías estaban fuera de su control. ¿Cómo podría controlar la forma de su ejecución, el lugar insólito de su sepultura, el desprecio puntual de la gente? ¿Cómo podría controlar el lugar tan inesperado como menospreciado de su nacimiento? ¡Él es Cristo del Antiguo Testamento!

Otros especulan diciendo que las profecías se escribieron después y no antes, que sucedieran los hechos. Alguien observó la vida y muerte de Jesús; luego escribió su historia, en forma de viejas profecías cumplidas. La respuesta a esta falacia es que hay un documento histórico que la destruye: la Septuaginta, o “LXX”. Es la traducción griega del Antiguo Testamento hebreo, realizada por 70 eruditos. Esta versión data del año 250 a.C. Así que, entre el tiempo del nacimiento de Jesús y la profecías escritas en la LXX, existen al menos 250 años de diferencia. El testimonio del Antiguo Testamento es concluyente: Cristo murió, fue sepultado y resucitó conforme a las Escrituras. ¡Amén!

III.-La evidencia de los testigos oculares (1era. Corintios 15:5-11).

El testimonio de testigos oculares sinceros, ha sido considerado como una de las formas más confiables de evidencia en un tribunal de justicia. Así, Pablo apela al testimonio de los testigos oculares de la resurrección.

1.-) Testigo: Pedro. “...y que apareció a Cefas , y después a los doce” (1era. Corintios 15:5). No se nos da la hora o la ocasión exacta de este suceso. Sólo sabemos que fue un poco después de su aparición a María, y poco antes de su aparición a los discípulos de Emaús, y a los doce restantes. (Lucas 24.34). Pedro negó al Señor tres veces. Pero unos 50 días después lo vemos predicando al pueblo estas palabras: “El Dios de nuestros padres ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregásteis y negásteis delante de Pilato cuando éste había resuelto ponerle en libertad. Mas vosotros negásteis al Santo y al Justo” (Hechos 3:14).

¡Pedro negó al Señor tres veces; pero ahora lo vemos acusando al pueblo de haber negado a Jesús dos veces!

2.-) Testigos: los doce: “Y después a los doce” (1era. Corintios 15:5.b) Aunque Judas había muerto y aún no había sido reemplazado, Pablo usa el título “los doce”, porque era el modo que usó la gente para identificar los apóstoles de Jesús. Según Juan 20:19, en la mañana de la resurrección, Jesús se les apareció y les dijo: “Paz a vosotros”.

3.-) La aparición a 500 discípulos a la vez: “Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen” (1era. Corintios 15:6). La calidad de los testigos está representada por los apóstoles, todos los cuales eran conocidos por nombre, y a los cuales podían buscar y preguntar con rapidez. Pero la cantidad de los testigos, la podemos ver en estos 500 hermanos que vieron al Cristo vivo, a la vez. La cantidad de los testigos es importante. Porque la ley judía decía que por boca de dos o tres testigos, se podría asumir la veracidad de un hecho. ¡Aquí son 500 los testigos que afirman la veracidad de este hecho! No sabemos quiénes eran o en qué lugar se les apareció el Señor; pero sí sabemos que eran conocidos de los hermanos, estaban vivos al momento de escribirse esta carta, y se les podía preguntar sobre los hechos.

4.-) La aparición a Jacobo: “Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles” (1era. Corintios 15:7). Creemos que este “Jacobo” era el medio hermano de Jesús, el autor de la carta de Santiago, y un líder clave de la iglesia en Jerusalén. Según Juan 7:5, Jacobo no creía que Jesús, su hermano mayor, fuera el Mesías. Pero el escéptico de ayer, ahora es un testigo valiente de su resurrección y un futuro mártir de Jesucristo.

5.-) La aparición a Pablo: “y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí” (1era. Corintios 15:8). Pablo no perteneció al grupo original de “los doce”. Tampoco estuvo entre “los 500” que habían visto al Señor.

De hecho, cuando Jesús se le apareció vivo, Pablo era un incrédulo violento y lleno de odio a los cristianos. “Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios” (1era. Corintios 15:9). Sin embargo, El fue “el último de todos” los discípulos en ver al Señor resucitado. ¡Pablo nunca dejó de maravillarse por la gracia que Dios tuvo para con El! “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1era. Corintios 15:10). ¡Pablo pasó de ser el perseguidor, a ser el predicador de la Iglesia! El cambio radical en Pablo el perseguidor y en Jacobo el escéptico, son evidencia confiable de la resurrección. Porque, ¿quién daría su vida por una causa en la que no cree? ¿Por un testimonio del cual no está seguro? ¿Por un mensaje mentiroso? ¿Por una resurrección que no experimentó? ¿Por un Cristo muerto y derrotado?

Pensemos en la importancia de la cercanía de los testigos con los hechos. El abogado y teólogo luterano, John Montgomery: “En el año 56 d.C., Pablo escribió que más de 500 personas habían visto al Jesús resucitado, y que la mayoría de ellos aún estaban vivos. Está más allá de los límites de la credibilidad el pensar que los primeros cristianos podrían haber fabricado una historia como esta, y luego la hubieran predicado entre aquellos que fácilmente podían haberla refutado, simplemente presentando el cuerpo sin vida de Jesús”. El profesor de ingeniería eléctrica Ambrose Fleming dijo: “Nadie podría publicar ahora una biografía de la reina Victoria, que murió hace 31 años, llena de anécdotas que no fuesen ciertas en absoluto; de inmediato surgiría la contradicción. Ciertamente esto no sería generalmente aceptado y considerado como verdadero”. De la misma manera, la resurrección no hubiera sido creíble, si las personas hubieran visto el cuerpo inerte. Ahora pensemos en la importancia testimonial que tiene la tumba vacía de Cristo. El teólogo Paul Althus dijo: “La proclamación de su resurrección no podría haberse mantenido en Jerusalén ni un solo día, ni tan siquiera una hora, si no se hubiese establecido como un hecho, para todos los implicados, que la tumba estaba vacía”. El profesor de filosofía y religión Winfried Corduan dijo: “Las autoridades judías se oponían fuertemente a esta enseñanza y estaban preparados para recorrer cualquier distancia con tal de suprimirla. El trabajo de ellos se habría facilitado si ellos hubieran podido llevar a los potenciales convertidos a una visita rápida a la tumba, y presentarles allí el cuerpo de Cristo. Aquello habría sido el fin del mensaje cristiano”. Pero la tumba está vacía.

Veamos dos teorías escépticas acerca de la resurrección:

1.-La “teoría del desmayo”: Cristo nunca murió realmente en la cruz, sino que simplemente se desmayó. Cuando fue puesto en la tumba de José de Arimatea, estaba vivo. La refutación: A.-El centurión, para certificar su muerte, atravesó su costado con una lanza (Juan 19:34); y B.-¿Cómo un hombre desmayado por las heridas infectadas provenientes de los azotes, los clavos y la cruz, podría remover la piedra de dos toneladas que tapaba la puerta de su tumba; pelear contra la custodia romana formada por cuatro soldados y vencerla, caminar por las calles de Jerusalén ensangrentado sin que nadie lo note? ¿Cómo pudo con los pies horadados por los clavos, caminar 11 kms. desde Jerusalén a Emaús? (Lucas 24:13). Nota: esta teoría no nace en el siglo I sino en el XV. Nadie que hubiera visto los hechos pensaría en ella. Por último, si Cristo no murió en aquella ocasión, ¿entonces cuando murió? y ¿bajo qué circunstancias?

2.-La “teoría del robo del cuerpo”. Sus discípulos se arreglaron para robar el cuerpo de Jesús y esconderlo. La refutación: ¿cómo hicieron un grupo de discípulos acobardados para atacar y vencer a la guardia romana?

Agustín: “Los soldados estaban dormidos o despiertos; si estaban despiertos, ¿por qué permitieron que se robaran el cuerpo? Pero si los soldados estaban dormidos, ¿cómo supieron que fueron los discípulos?”. Además, ¿podría dormirse una cuadrilla entera de soldados a la vez? ¡Hacerlo implicaba la misma muerte! Si las autoridades creyeron que fue un robo de parte de sus discípulos, ¿por qué no los arrestaron? ¿Por qué no fueron castigados por semejante delito? ¿Por qué no los obligaron a entregar el cuerpo, y tema terminado?

IV.-El testimonio del mensaje cristiano (1era. Corintios 15:11).

Porque o sea yo (Pablo) o sean ellos (los testigos), así predicamos, y así habéis creído” (1era. Corintios 15:11). Sea “yo” es decir, Pablo; o sean “ellos”, es decir, Pedro, los doce, los quinientos hermanos o Jacobo, todos predicamos el mismo mensaje; y todos los redimidos de todos los tiempos han creído en un mismo Evangelio. Sin excepción, la predicación de la Iglesia redimida, se centra en la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Cristo vivió 33 años demostrando tener justicia perfecta. Decidió “morir” en lugar de los injustos, sufriendo el castigo que nuestros pecados merecían. Se hizo maldición. Sufrió la ira del Padre. Fue tratado como si fuera el culpable de todas nuestras maldades. Dios castigó los pecados de su pueblo, en su cuerpo, sobre la cruz. Pero vindicando su justicia, Dios le resucitó de entre los muertos como el mismo Jesús lo hubo anticipado y como lo confirma la tumba vacía. De ese modo el justo, murió por los injustos, y ofrece dar su justicia a todo pecador que se vuelva de su pecado, confíe en la obra de Cristo, y decida vivir y si es necesario, morir por El. ¡Te ruego que te reconcilies con Dios por medio de Cristo! Jesús dijo: “El que a mi viene, no le echo fuera”.

 

Información de contacto

Alfredo Guido 3468, Carapachay
Argentina.
Tel.: +54 921988655 info@ibmcarapachay.org.ar

Redes Sociales

Contacto

Nombre y Apellido
Teléfono
Email
Ciudad
Consulta