“Un ministerio agridulce”, 1era. Tesalonicenses 2.13-16, Psr. Mariano Merino.

 ¿Oyeron la frase: “Una de cal y otra de arena”? Se usa para indicar que algo incluye aspectos positivos y negativos, de forma alternada. Parece que el viaje misionero de Pablo incluyó “una de cal y otra de arena”. Recordando su paso por Tesalónica, Pablo se alegra por aquellos hermanos que recibieron la Palabra con gozo; pero se duele por aquellos que la rechazaron con dureza. Él siente un gran deleite por la firmeza de los creyentes, pero un gran dolor por la dureza de los incrédulos. El ministerio es una de cal y otra de arena! El ministerio es agridulce. Algunas personas reciben la Palabra; pero muchas, la rechazan. Algunos nos darán las gracias, pero otros nos harán la guerra. ¡Algunos pocos te amarán y otros te odiarán!

I.-Hay personas que nos alegran el corazón (1era. Tesalonicenses 2.13-14).

Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios…”. Los misioneros elevan a Dios dos motivos de acción de gracias:

1.-) Porque recibieron la Palabra (1era. Tesalonicenses 2.13): “De que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes”. ¡La Palabra predicada, seguía actuando en ellos!

A.-) Para que actúe en nosotros, la Palabra de Dios debe ser recibida. El verbo traducido “Recibisteis” (PARALABONTES), significa “recibir de otro”, o “aprender de alguien” (ver 1era. Tesalonicenses 4.1). Esta es una referencia a la recepción del mensaje que los misioneros predicaron, cuando visitaron la ciudad. Pablo da gracias porque los Tesalonicenses no sólo oyeron la Palabra de Dios, sino que la aprendieron.

La frase: “Recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros” nos explica cómo funcionan las cosas. Estas palabras son de procedencia divina; pero la responsabilidad de predicarlas y compartirlas es humana. En otras palabras: el mensaje es de procedencia divina; pero a Dios le ha placido usar mensajeros humanos. ¡Yo debo evangelizar; pero sólo Dios puede salvar! Por eso, no debemos manipular emociones, ni forzar decisiones, ni usar trucos para causar sensaciones; sino compartir el mensaje con la esperanza de que Dios le dé vida a esos corazones. ¡Podemos decir que la salvación es divina, pero la evangelización es humana!

B.-) La Palabra de Dios debe ser aceptada. La versión Reina-Valera 1960 repite la palabra “Recibisteis”, pero Pablo usa otro término griego (EDEXASTHE), que significa “aceptar, o dar la bienvenida”. Esta es una referencia a la aceptación del mensaje del evangelio que predicaron, cuando visitaron la ciudad. Los Tesalonicenses no sólo aprendieron la Palabra, sino que además la aceptaron y apropiaron. ¡Ellos no sólo prestaron atención al mensaje, sino que por obra del Espíritu Santo, lo creyeron de todo corazón! En Hechos 17.4, Lucas nos cuenta que en Tesalónica, en respuesta al evangelio, “…algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas…” ¡Primero la oyeron y la entendieron, luego la aceptaron y creyeron!

Ejemplo: En reiteradas ocasiones Jesús dijo: “El que tenga oídos para oír, oiga” (Mateo 13.9).

C.-) Para que actúe en nosotros, la Palabra de Dios debe ser apreciada. La expresión “La recibisteis no como palabra de hombres”, nos muestra la verdadera valoración del evangelio. Pablo siempre enfatizó la verdad de que el mensaje que predicaba, no era palabra de hombres, sino de Dios. A los Gálatas les escribió: “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí, ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” (Gálatas 1.11-12). La Biblia es la Palabra inspirada de Dios. La Palabra traducida “Inspirada” (THEOPNEUSTOS), significa “Respirada, exhalada, soplada por Dios”. La Palabra nace en el corazón de Dios, y luego la sopla en la mente de los escritores, para darnos vida por ella. Cuando uno acepta la Biblia como Palabra de Dios, la aprecia de todo corazón. Uno prioriza lo que aprecia.

Aplicación: ¿Cómo apropiarnos de la Palabra? ¡Meditando en ella! La meditación es la digestión de los pensamientos. Si no digieres los alimentos, te debilitas y enfermas. Si no meditas en las Escrituras, también. A menudo escuchamos el sermón sólo para cumplir. Luego nos subimos al auto y lo primero que hacemos es sintonizar una radio, o un programa o participar de una charla que borra de la mente, la Palabra predicada. Toma nota de los mensajes que escuchas. Lleva esas notas contigo. Habla de ellas con tu familia o amigos. Escucha sermones por internet. Haz una lectura Bíblica cada mañana. Escribe tus descubrimientos. Medita. ¡Meditar en la Palabra será tu mayor deleite! “Bienaventurado el varón… sino que en la ley de Jehová está su delicia y en su ley medita de noche y de día” (Salmo 1.1-2).

Principio: Cuando aprendemos, aceptamos y apreciamos la Palabra de Dios, ella actúa en nosotros. El verbo traducido “Actúa” (ENERGEUO), significa “actuar o trabajar con eficacia”. Implica una acción contínua. Aún cuando los apóstoles estaban lejos de la iglesia, la Palabra de Dios continuaba obrando en sus vidas. En Marcos 4:26-28 Jesús afirmó la misma verdad: “Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla

en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día; y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo”. Nuestro Dios es Espíritu (Juan 4.24). No tiene brazos, ni herramientas. Todo lo hace por el poder de su Palabra.

Ejemplo: Dios dijo: “Sea la luz; y fue la luz”. Así pasó en mi alma: “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en Cristo” (2da. Corintios 4.6). El poder de la Palabra de Dios es invencible; siempre cumple el propósito por el cual la envía. En Isaías 55.11: “La Palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”. Si es aprendida, aceptada y apreciada, la Palabra es suficiente para suplir toda necesidad espiritual del alma.

.-Poder para salvar: “El de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” (Santiago 1.18). Si alguien va a salvarse de la paga y poder del pecado, es por creer la Palabra.

.-Poder para santificar: “Santifícalos en tu verdad, tú Palabra es verdad” (Juan 17.17). La santificación se da cuando las verdades puras de Dios reemplazan las mentiras pecaminosas de las mentes de los hombres.

.-Aconsejar: “Pues tus testimonios son mis delicias y mis consejeros” (Salmos 119.24). ¡La Palabra aclara la mente! ¡Aporta claridad en la confusión; luz en la oscuridad; convicción en la duda y conocimiento en la ignorancia!

.-Alegrar:Abatida hasta el polvo está mi alma; vivifícame según tu palabra” (Salmos 119.25). El salmista se sentía morir por dentro. Oró para que Dios le diera vida a su alma. ¡Sabía que lo haría a través de su Palabra!

2.-) Resistieron la persecución con gozo (1era. Tesalonicenses 2.14).

Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea; pues habéis padecido…” La fe en el Señor no trajo mayor tranquilidad, sino mayor tribulación, a los santos de Tesalónica. Cuando los cristianos sufrimos por causa de la fe, somos tentados a pensar que la bendición de Dios nos ha abandonado. Interesante: la frase “Vinisteis a ser imitadores de las iglesias en Judea”, está construida en la voz pasiva. Es decir, que ellos participaban de los sufrimientos de las iglesias en Judea pero no los buscaban. No tenían el “complejo de mártir”. No buscaban llamar la atención ni ser héroes de la cristiandad a través del martirio. Ellos, al igual que el Señor, los misioneros y las iglesias de Judea, fueron víctimas pasivas de la persecución.Pablo conocía muy bien el tema de los sufrimientos de las iglesias de Judea, porque antes de su conversión, a Cristo, él mismo había liderado la persecución y los ataques violentos en contra de los cristianos (Hechos 8.3). Luego Herodes Antipas mostró hostilidad contra la iglesia, ejecutando a Jacobo y encarcelando a Pedro (Hechos 12.1-5). Finalmente, los judíos incrédulos tomaron la posta de la oposición al evangelio, alzando las multitudes contra sus paisanos cristianos en las ciudades. Cuando los hermanos de Tesalónica recibieron el evangelio, también sufrieron la persecución de sus vecinos. En Hechos 17.5-7: “Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad…” Como en el caso de las iglesias de Judea, fueron sus vecinos judíos incrédulos, quienes se opusieron también a la iglesia de Cristo en Tesalónica. Los misioneros dejaron la ciudad. Pero los recién convertidos se quedaron en ella enfrentando la oposición. ¿Qué sucedería con ellos? ¿Cómo reaccionarían los neófitos a la persecución? En 1era. Tesalonicenses 1.6 leemos la respuesta: Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la Palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo”. ¡La persecución era apreciada como una medalla de honor, que los identificaba con el ejército de Jesucristo!

II.-Hay personas que nos afligen el alma (1era. Tesalonicenses 2.15-16).

Los judíos religiosos e incrédulos, presentan un triste contraste con la actitud de los hermanos de Tesalónica. Las palabras que siguen no provienen de un antisemita, sino de un judío que llora por la salvación de Israel.

1.-Mataron al “Señor Jesús”. Pedro, en su 1er sermón dijo a los judíos: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificásteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2.36). Aunque los romanos lo ejecutaron, los judíos lo entregaron gritando a Pilato: “¡Crucifícale, danos a Barrabás!”. Este es el hecho histórico: “Los judíos mataron a Jesús”. La interpretación teológica se da en Hechos 4.27-28: “Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera”. ¡Jesús no murió por decisión de Herodes, Pilato o Judas; sino por la de Dios! Desde una perspectiva “histórica” los judíos mataron a Jesús; pero desde una perspectiva “teológica”, Cristo murió por el consejo y la mano de Dios. ¡Fue Dios el Padre, el que había planeado el sacrificio de Dios Hijo! ¡En aquella cruz, Dios Padre expuso públicamente al vituperio, el escarnio y el menosprecio, a su amado Hijo! ¡En la cruz, El fue tratado con ira, juicio y maldición, como si fuera el culpable de los pecados de su pueblo! Cristo vivió 33 años demostrando tener perfecta justicia; murió soportando el castigo de nuestras injusticias; pero al tercer día Dios le resucitó de entre los muertos vindicando su justicia; y hoy, sentado a la diestra de Dios, con todo el peso de su omnipotencia, llama a todos los hombres, en todo lugar, que se vuelvan de su pecado y confíen en El; a ellos, les concede su justicia. ¡Te ruego que vengas a Cristo y serás salvo de su ira!

2.-Mataron “Profetas”. Jesús dijo a los judíos: “He aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad” (Mateo 23.34). ¡El odio y rechazo que los religiosos sintieron hacia Jesús, pronto se extendería hacia sus siervos!

3.-Expulsaron a los misioneros. “y a nosotros nos expulsaron”. El rechazo que los judíos religiosos sintieron contra Jesús y los profetas, se extendió hacia Pablo y su equipo, cuando los “expulsaron” de esta ciudad. Jesús: “Los perseguiréis de ciudad en ciudad” ¡Los judíos persiguieron a Pablo en Tesalónica, Berea, Corinto!

4.-La frase “No agradan a Dios” es como una cachetada al orgullo religioso. ¡Aún Pablo, antes de conocer a Cristo, perseguía a los cristianos pensando que de esta manera, estaba agradando a Dios! En Hechos 26.9-10 dijo: Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret; cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto”. ¡Noten el peligro del celo religioso sin la Palabra!

5.-No sólo desagradan a Dios, sino que “se oponen a todos los hombres” que no sean de su misma raza. La hostilidad de un judío contra los demás miembros de la humanidad fue un tema recurrente en los escritos antiguos. Ejemplo: Tácito (historiador romano) decía que ellos eran leales unos a otros, pero que tenían odio y hostilidad hacia cualquier otro pueblo. En realidad, la hostilidad se debía a un prejuicio religioso. El siguiente día de reposo se juntó casi toda la ciudad para oír la Palabra de Dios. Pero viendo los judíos la muchedumbre, se llenaron de celos y rebatían lo que Pablo decía contradiciendo y blasfemando” (Hechos 13.44). ¡Se llenaron de celos al ver que la gente dejaba la religión heredada para abrazar una relación con Jesucristo!

6.-La frase “Impidiéndonos hablar a los gentiles para que éstos se salven”, nos muestra que la hostilidad no sólo se debía a un prejuicio religioso, sino también racial. Un judío aborrecía a los samaritanos y gentiles. Nada les causaba tanto odio como el hecho de pensar que Dios podía amar y salvar a los perros gentiles. Ejemplo: Pablo estaba en Jerusalén diciéndole al pueblo judío que antes de Cristo, fue un perseguidor de la iglesia. Todos oían con atención, hasta que afirmó que el Señor le dijo: “Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles”. “Y le oyeron hasta esta palabra; entonces alzaron la voz, diciendo: Quita de la tierra a tal hombre, porque no conviene que viva” (Hechos 22.21-22). ¡Cuando oyeron que el Señor lo enviaba a los gentiles, lo quisieron matar! Pablo no especifica cual ha sido la demostración de la ira, pero creo que es una referencia a lo que se enseña en Romanos 11.25: “Que ha acontecido a Israel, endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles”. La palabra traducida “Endurecimiento” (POROSIS), que significa: “Piedra, dureza, petrificado”. ¡Israel está petrificado de corazón! ¡Su corazón es de piedra! No siente nada por Jesús. No reacciona, no tiene vida. Son como estatuas en relación con su Mesías. Pero: “En parte”. ¡No todos están así! Pablo es la prueba vívida de esta realidad alentadora. Hay muchos judíos convertidos, los hubo y habrá. Además, vemos que éste, no será un endurecimiento eterno sino temporal. El endurecimiento espiritual de la nación de Israel -que comenzó con el rechazo de su Mesías-, durará hasta que se hayan salvado todos los gentiles que Dios haya elegido. Porque según Romanos 11.26-27, llegará el día en el cual: “Todo Israel será salvo; como esta escrito: Vendrá de Sión el Libertador”. ¡La mayor muestra de ira, es cuando Dios nos endurece y nos entrega a la dureza de nuestro corazón! Jesús dijo: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo (ser rico, sano, lindo y talentoso) y perder su alma?”.

CIERRE Y REFLEXIÓN FINAL: “Una de cal y otra de arena”. “En el ministerio, habrán personas que nos alegrarán el corazón, y otras que nos afligirán el alma”. El ministerio es agridulce. Algunas personas reciben la Palabra, pero muchas la rechazan. ¡Los misioneros decidieron vivir para agradar, no a los hombres, sino al Dios que conoce sus corazones! Así hablamos, no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones” (1era. Tesalonicenses 2.4b). Jesús afirmó: “Ay de vosotros cuando todos los hombres hablen bien de vosotros. Porque así hacían sus padres con los falsos profetas” (Lucas 6.26). ¡Si todos los hombres hablan bien de ti, es porque eres un falso! ¡Porque para poder agradar a todos los hombres, tarde o temprano, tendrás que desagradar a tu Dios! Tarde o temprano, tendremos que elegir: ¿Seremos siervos de Cristo, o de las opiniones de los demás? ¿Viviré para obtener el favor de Cristo, o la aprobación de los demás? ¿Su recompensa, o la de los demás? ¡Asegúrate que el rechazo que sientes es por causa de la Palabra y no de tu pecado!

 

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